3 abril, 2026

El Milenio

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3C y el nuevo relato de la construcción inclusiva y sustentable

La empresa cordobesa que lidera Lucas Recalde propone un paradigma de triple impacto: ambiental, social y económico. Con tecnología basada en plásticos posconsumo, busca ganar en precio y calidad frente a la construcción tradicional.

EMPRENDEDORES

Por: Agustín Varela y Octavio Lucci 4° IMVA; Paulina Migliori, Micaela Rautenberg y Malena Ramos 4° IENM.

Redacción: Alejandra Boldo.


3C Construcciones nació con la idea de que edificar no es sólo levantar casas, sino también construir comunidad y oportunidades. Así, su fundador, Lucas Recalde, junto con su equipo de trabajo, desarrollaron una técnica que utiliza botellas de plástico compactadas en fardos como materia prima para muros.

El resultado son viviendas de alta calidad, con gran capacidad de aislación y hasta un 30% más baratas que las construidas con técnicas tradicionales. Pero, además, el modelo integra organizaciones sociales, cooperativas y universidades para incluir a jóvenes y trabajadores marginados en el proceso productivo.

Por lo tanto, el foco de 3C está en Early Adopters, personas que participan del proyecto como un movimiento de pensamiento y acción, más allá de adquirir una casa. Por otro lado, mientras que uno de los desafíos de los proyectos de economía circular es que suelen ser más caros que las soluciones convencionales; en 3C buscan dar vuelta esa lógica. 

A su vez, entre los retos también se destacan los prejuicios. “Imaginate que tenés que hacerte una casa, como lo han hecho cientos de generaciones, y de pronto alguien te dice: “Ahora la vamos a construir con basura”. La primera reacción es de rechazo y desconfianza”, explica Recalde.

Y añade: “En la cultura, la casa siempre se asocia con solidez y con materiales tradicionales; pero ahora aparece un material que ellos conocían sólo como envoltorio”. En este marco, buscan reconstruir un relato, “explicando cómo eso, que suele descartarse puede transformarse en un hogar de calidad, seguro, accesible y con impacto positivo”en sus palabras-.

De esta manera, la empresa opera en Sierras Chicas, Mendoza y otros puntos de Argentina. Asimismo, lleva su metodología a Latinoamérica y el mundo, siempre con el objetivo de resolver problemas habitacionales locales. 

Igualmente, según Recalde, la prioridad es quedarse y actuar en el propio territorio. “Hay gente que no puede emigrar y tiene la problemática del hábitat aquí. No es patriotismo ni locura, es hacerse cargo de nuestras problemáticas locales”, reflexiona. 

La empresa cordobesa transforma plásticos posconsumo en casas eficientes e inclusivas.

El Milenio: ¿En qué consiste el modelo de construcción sustentable que propone  3C?

Lucas Recalde: Es un sistema sociotécnico, porque todas las tecnologías arman también un entramado social. Somos las personas que usamos las tecnologías y nos vinculamos, por eso se llama así. Se utilizan plásticos posconsumo, por lo general botellas. La clave está en cómo se obtienen esos residuos. En lugar de comprarlos a grandes intermediarios, 3C trabaja con organizaciones sociales de base en distintos barrios. Estas ONG convocan a recicladores locales, fijan un precio de compra y generan un circuito económico que, al mismo tiempo, mejora la limpieza del barrio y fortalece la organización comunitaria. 

EM: ¿Qué ventajas concretas ofrece frente a los métodos tradicionales?

LR: Tiene raíces en el pensamiento de Ernst Friedrich Schumacher, economista y filósofo alemán, quien planteó que la economía es, ante todo, una ciencia social: cómo nos comportamos los seres humanos. Schumacher distinguía entre tecnologías altas, que requieren grandes inversiones y créditos que al final benefician al capital prestamista sin transformar realmente al territorio; y tecnologías bajas, artesanales, con mínima inversión pero difícil de escalar. Entre ambas están las tecnologías intermedias, pensadas para ser accesibles, escalables y capaces de generar valor local. Nos inspiramos en ese concepto para diseñar nuestras máquinas: prensas manuales que producen un fardo cada cinco minutos, seguras, resistentes al robo y adaptadas a la realidad de los barrios donde trabajamos. Esto permite a la comunidad producir sus propios materiales sin depender de maquinaria costosa ni de capitales externos gigantes al tiempo que involucra a los vecinos, creando externalidades positivas: limpieza del barrio, inclusión laboral y apropiación de la tecnología.

EM: ¿Cómo se articula el sistema socioproductivo propuesto con actores como municipios, cooperativas, universidades y emprendedores?

LR: Todos los sistemas sociotécnicos se basan en cómo nos relacionamos con los distintos actores. La clave está en generar alianzas en las que cada vínculo cree valor social, político, ambiental y estético. En 3C buscamos que la relación con municipios, ONG, empresas y universidades sea transparente y de confianza. El sistema consiste en que cada uno se haga cargo de los problemas sociales y ambientales del territorio, trabajando de manera conjunta y generando resultados tangibles, como casas socialmente responsables y con impacto ambiental positivo.

La misión de la empresa es construir juntos un futuro sustentable al repensar las tecnologías. 

EM: ¿Qué impactos sociales y comunitarios lograron y con qué criterios los miden? 

LR: Antes medíamos el impacto social sólo con la cantidad de alianzas con organizaciones, pero no nos cerraba. Hoy usamos el Semáforo del Desarrollo Familiar, una herramienta que mide 50 indicadores en seis verticales. Cada persona lleva este tablero de comando a su casa y hace un autodiagnóstico familiar, identificando problemas económicos, sociales y de participación. Esto nos permite mapear lo que acontece de manera anónima y generar un banco de soluciones para las familias, que incluye no sólo quienes trabajan con 3C, sino también todas las organizaciones vinculadas, como el municipio de Villa Allende, donde ya se aplicaron 50 casos de familias vulnerables.


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