31 mayo, 2026

El Milenio

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Raly Barrionuevo y el disco que resignificó su obra

Tras seis años de trabajo, el vecino de Unquillo lanzó, de manera digital, Mujeres Caminantes. Se trata de un álbum colectivo que reúne a 19 voces femeninas de distintas partes del mundo versionando sus canciones. Además de dirigir y producir el proyecto, el artista también se encargó de la mezcla final, en un proceso íntegramente autogestionado.

CULTURA

  • Por: Samuel Mozzoni, Nazareno Bertero, Martina  Perotti  y Nicolás Reyna 6° IENM; Renata Alfei, Nazareth Teixidor y Agustín Fernández 6° IMVA.

En el arte, a veces las cosas no se planifican, sino que simplemente suceden. Y eso fue, en parte, lo que le ocurrió a Raly Barrionuevo con Mujeres Caminantes, publicado en abril de este año. 

“Todo comenzó como un juego”, recuerda. Así, de manera informal durante la pandemia, grabó un tema (Eva Luna) con una cantante brasileña amiga suya, Thamires Tannous, y le gustó el resultado.

Con la virtualidad como aliada, el compilado musical se gestó a fuego lento hasta reunir una diversidad de voces que van desde referentes locales como Mery Murúa y Rocío Taboas, hasta artistas internacionales como la neoyorquina Eleanor Kaufman y la española Amparo Sánchez.

Disponible en plataformas digitales, el álbum incluye una particularidad: en el canal de YouTube del músico, cada tema está acompañado por un video introductorio en el que él mismo presenta la canción y comparte el vínculo con la cantante invitada. “Es para contextualizar un poco de qué se trata -explica-, porque una cosa es escuchar la canción y otra es conocer el relato detrás”.

Raly cuenta que cada canción fue pensada como un espacio de libertad para las intérpretes, sin guías ni arreglos preestablecidos.

El Milenio: ¿Cómo nació Mujeres Caminantes? 

Raly Barrionuevo: Se fue dando, no es que dije: «Voy a hacer un disco así». En un momento tenía 7 temas, después 15. Ahí dije: “Bueno, acá hay algo”.  Me gustó la onda de escuchar mis canciones versionadas por voces femeninas. Cuando me di cuenta de que ya había varias, decidí seguir con esa línea. Algunas eran amigas que se ofrecían: “Che, me enteré que estás haciendo un disco, ¿a mí no me vas a invitar?”. Otras fueron encuentros más casuales. Incluso grabé con chicas que no se dedican profesionalmente a la música, como mi prima, que es psicóloga y canta hermoso.

EM: ¿De qué manera elegiste a las cantantes para cada tema? 

RB: Fue muy intuitivo, casi sin criterio. Pensaba: a esta persona le va a quedar bien tal canción. Algunas ya conocían mis temas. Maggie Cullen, por ejemplo, ya había grabado “Una huella”, y cuando vino a grabar de nuevo le cambié la canción. Otras simplemente las imaginé con un tema y les propuse. En el caso de Euge Quevedo, que es una de las artistas más famosas que tiene el disco, fue muy genuino. Nos cruzamos en Cosquín y me escribió porque le había gustado un tema, le conté lo del disco y le dije: “¿Querés grabarlo?”. También está Amparo Sánchez, que fue muy famosa en España en los 90 y hoy lleva un perfil más bajo. Pero la mayoría no son mujeres que estén dentro de la industria. No quería un disco “con famosas”. La única condición era que fueran mujeres, y que me gustara cómo cantaban. Algunas son docentes, otras son artistas independientes. 

EM: ¿Y el nombre de dónde viene?

RB: No sabía cómo ponerle, pero hay una chacarera de mi autoría que se llama “Mujer Caminante». Me pareció que entre todas las artistas encontré una mezcla, una definición general y que ese nombre en plural definía amorosamente a cada una, hasta políticamente hablando, porque de alguna u otra manera todas han caminado para llegar con la música. 

 Giselle, una ilustradora de Villa Giardino (@la_levina_ilustraciones) estuvo a cargo del arte visual del álbum.

EM: ¿Creés que el disco dialoga, de alguna manera, con este momento social marcado por femicidios recientes y luchas?

RB: No lo pensé en ese contexto. Lo saqué porque no veía la hora de terminarlo, pero hay cosas que suceden por otros motivos. Uno cree que maneja lo que hace, pero el universo conspira todo el tiempo. El disco tiene una potencia que quizá no fue buscada, pero está ahí. Muchas de las cantantes son feministas, pero no fue algo pensado como un disco para “vender el feminismo”. Es algo que nos atraviesa desde antes.

EM: ¿Quiénes más participaron en la producción?

RB: Yo toqué la mayoría de los instrumentos, aunque no soy multiinstrumentista. Toco un poco de todo: guitarra, percusión, piano… También invité a algunos amigos para colaboraciones puntuales. Por ejemplo, Fede Seimandi, César Elmo, el Colo Vasconcellos. También en algunas canciones incluí arreglos de viento de músicos de Nonpalidece. En “Niña Luna” hay congas tocadas por un compañero que estuvo muchos años conmigo. 

EM: ¿Cómo fue el trabajo de grabación? 

RB: Muchas vinieron a grabar a casa, pero otras grabaron desde lejos. Ahora es muy común grabar a distancia. Si tenés un micrófono más o menos bueno y sabés cómo ensamblar, parece que estamos en el mismo estudio. Eso me encanta. Es como armar un rompecabezas.


EM: ¿Qué fue lo que más disfrutaste del proceso y qué te resultó más desafiante?

RB: Hay una cosa que la disfruté y la padecí al mismo tiempo, que fue la mezcla, la ecualización del sonido. Primero se la pasé a un técnico, pero cuando me devolvió el trabajo, sentí que no era lo que yo quería. Es como cuando cocinás: cortás los ingredientes con tus propias manos, los metés en la olla y después le decís a alguien que lo condimente…y te devuelve un plato que no tiene nada que ver con lo que imaginabas. Eso mismo pasó. 

Probé con otro técnico, pero tampoco funcionó. Y como yo no tenía las herramientas para hacerlo por mi cuenta, me puse a conseguirlas e investigué cómo usar cada cosa. Aprendí un montón, todo de manera intuitiva. Finalmente, terminé mezclando el disco yo mismo. Es la primera vez que hago algo así. Pasé muchísimo tiempo en eso. Aunque fue un desafío, lo disfruté.


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