31 mayo, 2026

El Milenio

Noticias de Sierras Chicas

Cristian Lagger: De Mendiolaza a mar adentro 

Desde las profundidades del océano, el biólogo marino Cristian Lagger se dedica a la investigación y conservación de ecosistemas acuáticos. Mediante expediciones en la Antártida o a través de documentales premiados, apuesta por promover la divulgación para lograr la accesibilidad de la ciencia.

SOCIEDAD

  • Por: Brunella Lorenzatti  y Martina Morales 6° IMVA.

Mendocino de nacimiento, Cristian Lagger se mudó a Córdoba para estudiar Biología en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la UNC. Hoy, se desempeña como fotógrafo marino, buzo científico y explorador de National Geographic. 

Así, aunque actualmente reside en Mendiolaza, pasa gran parte del año lejos de casa, sumergido, en las aguas del Atlántico sur, la Antártida o algún rincón remoto de Latinoamérica. 

Además, forma parte del Laboratorio de Ecología Marina del Instituto de Diversidad y Ecología Animal (IDEA), dependiente del CONICET y la Universidad Nacional de Córdoba. Por otra parte,  a través de Fundación Por el Mar, trabaja en distintos puntos del país, como Tierra del Fuego, Santa Cruz y Río Negro.

A sus 41 años, recuerda que su vocación fue descubierta por accidente, cuando, en tercer año de la secundaria se llevó Biología. En tanto, mientras estudiaba para rendir, se topó con una pasión inesperada que lo impulsó a participar en las olimpiadas escolares de la disciplina, definiendo su futuro. 


El Milenio: ¿Cómo definirías el trabajo de un biólogo marino? 

Cristian Lagger: Además de los videos y fotografías en las redes, es mucho trabajo de computadora, de lectura y de escritura. Soy un biólogo marino que se dedica a la investigación, lo que implicó un camino bastante largo hasta poder dedicarme a eso. Hice un doctorado que son 5 o 6 años, aparte de la carrera. 

Después un postdoctorado que son dos años más. A lo largo de ese camino, uno tiene que realizar investigaciones y lo que se entrega son papers, artículos científicos, en los que se explican y sintetizan los objetivos y resultados de las investigaciones y posibles soluciones o estrategias de conservación, depende el caso.

EM: ¿De qué forma llegaste a la fotografía marina?

CL: Mucho lo aprendí de autodidacta y, luego de ingresar a National Geographic, profundicé mis conocimientos. Empecé a desarrollar todo lo que se conoce como storytelling, para narrar mi historia de trabajo de una forma poderosa, narrativa y visualmente atractiva, y que es lo puede verse en mis redes. Hoy estas ayudan muchísimo, se vuelve más fácil poder comunicar y divulgar tu trabajo, para que quienes no están relacionados con la investigación, sepan qué hacemos.


EM: ¿Cómo aporta la divulgación científica a la conservación del medioambiente?

CL: Ayuda porque genera masividad y permite acercarse a lo desconocido. Hay un documental que hicimos, que ha ganado premios internacionales, que se llama Pyrifera. Está en YouTube, es de libre acceso. Dura 3 minutos y cuenta una expedición científica en un Parque Nacional en la Patagonia, que se llama Monte León. Me gusta mucho el trabajo que hicimos porque nos muestra en la diaria de una expedición y uno enseguida dice: «Ah, mirá que bueno que está lo que hacen, lo que significa poder proteger un área marina». Hay que humanizar lo que hacemos, el científico es un trabajador de la ciencia. 

EM: ¿De qué depende el desarrollo de la investigación científica en nuestro país?

CL: Depende de las políticas públicas y del financiamiento estatal. Toda mi carrera -desde el jardín hasta el posgrado- fue en instituciones públicas financiadas por el Estado. Imagínense lo que se invierte para formar materia prima calificada del mejor nivel. Hoy, con la baja inversión, lo que ocurre es la fuga de cerebros: otros países aprovechan y contratan investigadores formados acá. Tenemos cinco premios Nobel salidos de la escuela pública. Para mí, el mensaje sigue siendo claro: hay que desarrollar una educación pública valiosa y criteriosa.

EM: ¿Tenés un equipo por detrás o trabajás solo?

CL: Siempre hay un equipo. Viene bien la expresión de El Eternauta: nadie se salva solo. Acá es lo mismo y las publicaciones de los artículos científicos siempre incluyen a más de un investigador. 

EM: ¿Cuál fue el lugar más especial que fuiste o qué es lo más raro que viste las investigaciones?

CL: Más raro, puedo decir que bucear en la Antártida. Es algo que no ha hecho mucha gente, que no es común y que me ha permitido conocer un lugar increíble. Se da un contraste muy fuerte entre lo que pasa en la superficie de la Antártida y lo que hay debajo del agua. Son ambientes muy biodiversos, con muchísimas texturas, formas, colores. En pocos metros cuadrados de profundidad, podemos encontrar más de treinta especies. La fotografía, la filmación, trabajar en conservación, me permitió poder crear mucho material para después mostrarlo.


EM: ¿Qué rol cumplís ahí en Fundación Por el Mar? 

CL: Es una fundación de conservación marina que nació hace tres años en Argentina, con un equipo interdisciplinario. Yo soy el director científico y lidero el grupo de Conservación y Ciencia. Esta tiene distintos departamentos -como comunicación, prensa y financiamiento- , y es clave aprender a vendernos, sobre todo a nivel internacional, para poder afrontar nuestros proyectos. Trabajamos en varias provincias, como Tierra del Fuego, Santa Cruz y Río Negro. También colaboramos con ministerios y secretarías de ambiente, e incluso de turismo. Que el sector privado se involucre en temas de conservación y ciencia es fundamental para sostener este tipo de iniciativas.

EM: ¿Qué desafíos implica desarrollar tu profesión en un lugar como Mendiolaza, tan alejado del mar?CL: A veces me cuesta explicar qué hace un biólogo marino en Mendiolaza, en la provincia más mediterránea de Argentina. Sin embargo, uno de los programas más comprometidos que tenemos con la Fundación es proteger los bosques de macroalgas gigantes (bosques de kelp). Cuando buceo en esos ambientes es imposible no hacer la analogía con un bosque terrestre, tan presente en Sierras Chicas. Son ecosistemas naturales complejos, que cada vez se investigan más, porque tienen que ver con la salud de la humanidad entera. Basta saber que uno de los pulmones del planeta son los océanos.


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