CULTURA
Por: Mia Bennasar y Francina Galli 4º IMVA – Francesca Margonari, Paulina Del Castillo y Mariana Machado 4° IENM.
“Un viaje al interior de la selva, pero también al interior de cada persona”, así define Melina Alzogaray su nuevo libro que combina la complejidad de quienes somos con el vínculo con la naturaleza. Publicado por Fruto de Dragón, editorial independiente de la región, la propuesta fusiona palabras con objetos, plantas, animales; como un archivo en movimiento, “un registro de los gestos de la selva».
De esta manera, Melina propone que en la experiencia entren también el juego y las vivencias, lo real y lo ficticio porque “el arte da libertad para imaginar y para inventar”. Por otro lado, como cultivadora de historias y vivencias, desarrolló un espacio que también es librería, vivero y refugio creativo donde florecen encuentros y acontecimientos. Se trata de “Fábrica de Plantas”, donde se desarrollan talleres de escritura, de dibujo botánico, encuentros de música, teatro y lectura.
“Se genera un espacio muy diverso. Creo que el arte y la cultura potencian la propuesta del vivero y su capacidad de comunicarle a los demás lo que queremos hacer. También propician un espacio de reflexión sobre la ecología y sobre el encuentro con las Sierras Chicas”, sostuvo.

El Milenio: ¿De qué manera relacionaste “Acuáticos» con tu obra anterior y qué evolución notaste?
Melina Alzogaray: «El pájaro detrás del pájaro», primer libro que publiqué, es una bitácora sobre un viaje al sudeste asiático que hice sola durante tres meses, y surgió de los mensajes que les escribí a mis amigas y a mi familia por WhatsApp. Les mandaba lo que iba haciendo y cuando regresé un par de de editoriales me propusieron que hiciéramos un libro con eso. Además, había hecho una bitácora de dibujos, de collage, saqué muchas fotos polaroid, y de todo eso surgió la publicación. Entonces fue un libro que hice sin saber que estaba haciendo uno y que le dio más frescura. Salió más silvestre, más salvaje.
Con “Acuáticos” fue más difícil porque lo hice sabiendo que iba a ser publicado. Nos fuimos de viaje a Misiones con Diego, un amigo dedicado a la biología, con ganas de hacer un libro que fuera más gráfico, que tuviera una estética de fanzine, de revista. Como amantes de las plantas y los animales, la idea fue ir a buscar otros seres que no son humanos como las piedras, los insectos, los hongos, los caracoles, los musgos. Hicimos una recopilación de todo eso a través de dibujos, un mariposario, un herbario, y trajimos muchas cosas que luego Laura Sanotti, que es la diseñadora, las digitalizó. Me gustaba la idea de trabajar con el archivo: de insectos, de la botánica, de las piezas de cerámica, de fotos de los muertos en el cementerio. Porque también me parece importante que cuando viajamos, en cada lugar te encontrás con un poco de humanidad, cuando vas por la ruta, cuando vas por la selva, cuando entrás a un cementerio.
EM: ¿Cómo describirías la conexión entre Melina Alzogaray, la autora, y los personajes del libro?
MA: En el libro hay dos personajes, la «Yatei», una abeja, y el «Peje», que es un árbol nativo de Córdoba. Somos nosotros dos que nos lanzamos de viaje y nos vamos encontrando con cosas, a veces atravesamos una laguna llena de cocodrilos, o nos encontramos con un guardaparques que nos lleva de paseo por la selva. Otras veces con creencias como los altares al Gauchito Gil. Entonces el libro juega con eso también, con tratar de registrar las cosas que vemos en el camino. Cuando uno viaja mira el mundo, la gente, cómo se expresa, en qué cosas cree, qué cosas siente.
Es un libro muy selvático, no solamente por estos seres no humanos que encontramos, sino por todas las emociones y pensamientos que nos habitan a todos y que se mezclan como una jungla.

EM: ¿Qué mensaje o sentimiento esperás que las personas experimenten al leer “Acuáticos”?
MA: Creo que tienen que asumir que somos complejos y que tenemos muchas capas como en la selva: una capa de herbáceas más bajitas, después los arbustos, los árboles, y luego las trepadoras que unen todos esos estratos. Entiendo que, cada humano con sus emociones y pensamientos, los vínculos con la familia y amigos, es un cúmulo de cosas que pasan y que se van mezclando, y que a veces nos asustan y otras veces nos divierten. Me gustaría que quien lea este libro pueda encontrarse en esa jungla, que pueda ver que a veces nos confundimos, nos contradecimos, y otras veces estamos de acuerdo, cada uno como individuo pero también como sociedad, como un ecosistema. Entonces, me parece que el libro intenta eso; que podamos reconocer esa diversidad que cada uno tiene dentro y que también somos con los demás.
EM: ¿Cómo te sentís como escritora en esta evolución personal?
MA: Para empezar mi papá y mi mamá me leían mucho cuando era chica, y eso me empezó a formar como escritora. También de niña siempre escribía cada vez que me pasaba algo, que sentía algo, era como una forma de entenderme, de verme, de conversar conmigo. Además tenía un tío que vivía en México con quien tenía una conversación epistolar muy agitada y él siempre me estimuló mucho a escribir. A su vez, siempre fui lectora, estudié historia, y creo que estuvo bueno porque entré en las letras más relajada que si hubiera estudiado esa carrera.
Viajé mucho, siempre escribí mucho mientras tanto. Estuve diez años recorriendo Europa, América, pasé por muchos lugares y siempre estuvo presente la escritura. Además, en esos años, estuve sosteniendo un proyecto de historia oral y arte, me dedicaba a recorrer el mundo y, al llegar a las comunidades, reconstruía sus historias a partir de lo que la gente me contaba, grabando sus experiencias, transcribiendo esas entrevistas y después, con la gente haciendo obras de teatro, instalaciones artísticas, libros, paisajes sonoros, documentales.
De todas formas, creo que es un juego, no sé si me considero una escritora. También creo que la escritura es una conversación entre la escritura y la lectura. Creo que uno puede leer muchas cosas, podés leer un paisaje, una muestra, escuchar un programa de radio. Es decir, leer no lo entiendo solo como leer palabras, sino que leer es poder hacer un paneo de algo y tener una lectura en el sentido amplio de las cosas, me parece que eso lo hacemos todo el tiempo, y está bueno asumirlo para animarse.

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