DEPORTES
- Por: Salvador Nazar y Gustavo Ferroni 4° IMVA – Genaro Rolfo y Morena Quiñonez 4° IENM.
Christian Barrea, kinesiólogo y fisioterapeuta egresado de la Universidad Nacional de Córdoba, encontró en el deporte su vocación desde la niñez. Su carrera, profundamente ligada al rugby, le permitió no sólo rehabilitar lesiones, sino también comprender las necesidades físicas y emocionales de los deportistas, desde aficionados hasta profesionales.
«Desde muy chico fui deportista, y eso me dio curiosidad por la kinesiología», comentó el Licenciado, quien decidió inclinarse por esta carrera al considerar que fusionaba su pasión por el deporte con su interés por el movimiento humano. Así, la elección fue el primer paso de un recorrido que lo llevó a formar parte del staff de los Pumas entre 2013 y 2018.
Además, remarcó que su experiencia como jugador de rugby, que incluyó formar parte de los seleccionados juveniles y mayores de Córdoba, así como por Los Pumitas, allanó su camino hacia el mundo de la kinesiología deportiva, donde hoy continúa a través de su labor en la UAR y como miembro de DOGOS XV. “El haber sido deportista te facilita muchas cosas. Además, cuando tenés claro el objetivo, podés imaginar lo que querés y trabajar para lograrlo”, reflexionó.
Hoy, también Barrea dirige un equipo de más de 30 profesionales en un sanatorio de Córdoba, mediante un modelo organizativo que define como horizontal. Al respecto, explicó: «No hay jefes, somos todos compañeros. Aunque haya alguien que deba asumir la responsabilidad final, cada integrante del equipo cumple un rol fundamental». Esta filosofía colaborativa se traslada también a su trabajo en el rugby, donde integró equipos técnicos multidisciplinarios en los que la comunicación y la confianza eran esenciales.
De esta manera, su enfoque se centra en tratar a los pacientes desde una perspectiva que el bienestar del deportista va más allá de lo físico. En tanto, sobre su experiencia en el alto rendimiento, remarcó la importancia de la recuperación tras los partidos. «El proceso de preparación para el próximo encuentro empieza apenas termina el anterior -señaló-. Trabajamos en la hidratación, la alimentación y el manejo de molestias físicas para reducir riesgos y optimizar el rendimiento.»
A su vez, destacó que el trabajo exige coherencia. «No podés decir que alguien no está listo para jugar y luego infiltrarlo para que lo haga. Nuestra responsabilidad principal es cuidar la salud del jugador”, valoró.
En este sentido, su mayor satisfacción no radica en los logros deportivos, como ser parte de equipos campeones o alcanzar el cuarto puesto en un mundial, sino en el impacto que su trabajo genera en las personas. Así, aseguró que “es emocionante ver a un paciente que llega en silla de ruedas y se va caminando”. “La salud está muy deshumanizada, pero nuestro vínculo con los pacientes es cercano y constante”, sostuvo.


“Nuestro rol es priorizar la salud del deportista y evaluar los riesgos. Debemos alentar a la salud y recuperaciones reales, no apurar procesos que puedan perjudicar”
El Milenio: ¿Cuál es su enfoque para preparar a un jugador para la intensidad de un partido de esta categoría, y cómo se equilibra la carga física con el riesgo de lesiones debido a las exigencias?
Christian Barrea: La preparación comienza apenas termina el partido anterior. Trabajamos muchísimo en la recuperación. En rugby, el deporte en el que más me he desempeñado, la intensidad del contacto físico ha aumentado considerablemente. Aunque los cuerpos están más preparados, también reciben más golpes. Por eso, la recuperación es clave.
Lo primero que hacemos es una “revista de sala”, donde chequeamos a los 23 jugadores que participaron, registrando cualquier molestia o dolor. En el hotel, repetimos este chequeo, administramos medicación si es necesaria y evaluamos la evolución en las primeras 24 a 48 horas, que son cruciales. Por ejemplo, pesamos a los jugadores antes y después del partido porque pueden perder entre 2 y 3,5 kilos. Esta pérdida debe recuperarse adecuadamente.
La ingesta en las primeras horas post-partido es fundamental: agua, bebidas deportivas como Gatorade, proteínas e hidratos de carbono. Acá trabajamos con la nutricionista, médicos y nosotros nos encargamos de las lesiones.
En cuanto al riesgo de lesiones, es inevitable. Por eso, hoy ya no hablamos de “prevención”, porque prevenir un accidente es casi imposible, como evitar que una maceta caiga de un balcón y te golpee. Sin embargo, podemos reducir el riesgo tomando medidas como mantener una buena hidratación, alimentación, descanso y entrenamiento.

EM: ¿Cuál es la lección más importante que aprendiste como kinesiólogo de equipos de alto rendimiento?
CB: Creo que las mayores satisfacciones están en el día a día. Aunque tuve la suerte de salir dos veces campeón del mundo con Los Pumitas como jugador, lo que más me llena en mi profesión como kinesiólogo es cuando veo a un paciente que llega con muletas o en silla de ruedas y, tras 10 días, se va caminando.
Durante la pandemia, la gente aplaudía a los médicos por su trabajo titánico, pero luego eso se olvidó. Sin embargo, nosotros seguimos con la misma vocación y responsabilidad. En cuanto a experiencias, tuve muchísimas y las guardo en mi «CPU». Lo que más me queda no es sólo lo profesional, sino lo humano. La profesión me abrió puertas y me permitió construir amistades que duran años, como con jugadores con los que aún tengo contacto.
Lo valioso de mi trabajo es que compartimos mucho tiempo con los pacientes, horas diarias durante meses, lo que crea un vínculo de amistad, honestidad y sinceridad que no se da en otras áreas de la salud.


EM: ¿Cuáles son los desafíos al integrar la kinesiología deportiva con otros aspectos del entrenamiento y el rendimiento en equipos de alto nivel?
CB: Me tocó ser parte de un staff con Daniel Hourcade, un tucumano que asumió el seleccionado cuando nadie quería y logró ordenarlo. Él era una persona muy generosa que permitía a cada profesional tener responsabilidad en su área.
Por ejemplo, si un jugador como Nico Sánchez o Agustín Creevy tenía una molestia muscular y yo determinaba que no debía entrenar y debía hacer un trabajo diferenciado, esa decisión se respetaba. Para construir esa confianza es fundamental el sentido común y la coherencia entre lo que uno dice y hace.
Siempre hay que recordar que los principales protagonistas son los jugadores, no nosotros. No hacemos magia para que vuelvan rápido. Nuestro rol es priorizar la salud del deportista y evaluar los riesgos si no está al 100%. Debemos alentar a la salud y recuperaciones reales, no apurar procesos que puedan perjudicar al jugador en el largo plazo.

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