26 septiembre, 2026

El Milenio

Noticias de Sierras Chicas

Criando Huertas Sierras Chicas, cultivando comunidad

De la mano del agrónomo Matías Giraudo, un grupo de vecinos y vecinas de las Sierras Chicas ha encontrado en la agricultura familiar una forma de promover la soberanía alimentaria. Con valores como la reciprocidad y la educación, este colectivo apunta también a la preservación autóctona y proyecta expandir su labor por todo el corredor.

SOCIEDAD

  • Por: Santino Rossetto y Agustín Varela 4° IMVA –  Mia Benito y Francisco Arrutti 4° IENM.

La historia de Criando Huertas Sierras Chicas comenzó en 2018 con un taller de huerta y agroecología dictado por Matías Giraudo en la Universidad Popular de Salsipuedes. Con 30 inscriptos, la iniciativa desbordó las expectativas y, al finalizar, los participantes mostraron un gran interés por continuar. 

Así, lo que inició como una actividad puntual, se transformó en una experiencia colectiva que reúne cada semana nuevos integrantes y aprendizajes. A su vez, la colaboración y el trabajo comunitario son las claves de su funcionamiento.

“Todos los jueves a la tarde, nos encontramos en una casa diferente a trabajar en lo que haga falta, ya sea para realizar tareas de mantenimiento o más bien para empezar una huerta desde cero”, comparte Matías Giraudo, Ingeniero agrónomo y trabajador de la Subsecretaría de Agricultura Familiar de la Provincia.

Por su parte, Mirtha Bertolioti, una de las huerteras más experimentadas del grupo, se unió en 2020 y a sus 73 años comparte la pasión por el cuidado de la tierra y la importancia de cultivar alimentos saludables. “Desde que estoy en el grupo, aprendí muchísimo y me siento útil. Tener una huerta es realmente gratificante”, expresa la vecina de Unquillo.

Más que una huerta


 “Lo que más valoramos es la generosidad de cada integrante. En tiempos difíciles, este espíritu colaborativo es admirable”, resalta Matías Giraudo. 

También conocidas como mingas o minka (en quechua), la dinámica de trabajo colectivo en Criando Huertas es sumamente valiosa y flexible. Las actividades se llevan a cabo de manera rotativa, permitiendo que todos participen, independientemente de sus habilidades o recursos.

Desde el cavado de la tierra hasta la preparación de bancales (zonas delimitadas por madera donde se cultiva) con técnicas agroecológicas, cada reunión deviene en un espacio de aprendizaje y compañerismo, donde cada uno y cada una aporta lo suyo.

«Tomamos mate, comemos cosas ricas, compartimos, y al final, el anfitrión suele ofrecer alguna comida como agradecimiento», relata Mirtha. Esta no es solo una actividad agrícola; es una celebración de la comunidad donde prevalece además, la reciprocidad. En esta línea, la entrevistada agrega: “Yo voy a trabajar a la casa de alguien y después, si lo deseo, tengo la posibilidad de que en otro momento ese grupo venga a la mía”.

Uno de los objetivos del grupo es fomentar la soberanía alimentaria, diversificando las especies cultivadas. Al respecto, Giraudo amplía: «Trabajamos con muchas variedades de tomates, lechugas y otras verduras que no siempre se encuentran en las verdulerías». De esta manera, también se promueve el intercambio de semillas, lo que enriquece la diversidad genética de las plantas cultivadas y contribuye a la preservación de variedades autóctonas.

“Con estas prácticas nos convertimos en guardianes de esas semillas para que se sigan multiplicando y sosteniendo la genética de nuestra región, a su vez que nos permite comer distintas verduras y de mejor calidad”, resalta el ingeniero agrónomo.


En este sentido, las ferias agroecológicas se han convertido en un escenario clave para mostrar su producción, además de difundir sus propuestas y aprendizajes. “Hemos estado en Villa Allende, Unquillo, Río Ceballos y también Salsipuedes. Allí ofrecen semillas, compost y plantines elaborados por nosotros”, cuenta Bertolioti quien destaca la importancia de difundir lo incorporado para que se replique.

Otros de los aspectos que caracteriza a Criando Huertas, es su apertura a nuevos miembros. La inscripción es sencilla: solo hay que unirse a un grupo de WhatsApp y participar de los encuentros. «No hay requisitos estrictos, sólo el deseo de aprender y colaborar», explica Bertolioti. El grupo también ha recibido participantes de fuera de la provincia, lo que refleja la expansión e interés por la agricultura familiar.

Retos y sostenibilidad



A pesar de su éxito, Criando Huertas enfrenta desafíos, tales como la falta de recursos y elementos de trabajo que muchas veces limitan las actividades. Sin embargo, cuentan los entrevistados, han logrado obtener kits de herramientas a través del Ministerio de Agroindustria de la provincia, algo que forma parte de la ‘herramienteca’ con la que cuenta el conjunto. 

En cuanto a la sostenibilidad económica del colectivo, se basa en el intercambio y en pequeñas ventas de semillas e insumos como media sombras anti granizo, lo que permite mantener un fondo común. Sobre esto, Giraudo señala: “El trabajo es voluntario y cada uno aporta según sus posibilidades. Esto crea un sentido de pertenencia y compromiso, algo que en tiempos difíciles es sumamente valioso y admirable”.

Para más información sobre las propuestas y experiencias, ingresar al Instagram @criando_huertas o en Facebook a “Criando Huertas – Sierras Chicas”. 

Ambos entrevistados, comparten la esperanza de que más personas se sumen a la propuesta y que surjan nuevos adeptos en otras localidades. “Queremos contagiar este espíritu de trabajo comunitario y agroecológico”, afirma el entrevistado.

En sus encuentros, también han trabajado con escuelas de zonas vulnerables, compartiendo y haciendo participar a las familias en charlas sobre el valor de las plantas autóctonas, lo que demuestra un compromiso no solo con la producción, sino también con la educación.

En este sentido, Giraudo enfatiza la satisfacción que produce cultivar alimentos en casa. Y reflexiona: “Generar nuestro propio alimento es gratificante y, además, nos conecta con la naturaleza. Nos enseña a ser pacientes y a valorar cada proceso”. Bertolioti, por su parte, asegura que encuentra “en la huerta una forma de vida”, que le brinda alegría y bienestar, especialmente al poder compartir sus cosechas con su familia.

En un mundo donde la producción alimentaria se ha industrializado, Criando Huertas nos recuerda el valor de lo local, de lo comunitario y de cultivar tanto la tierra como las relaciones humanas. Con cada semilla que siembran, están no solo alimentando sus cuerpos, sino también sus corazones y la esperanza de un futuro más sostenible y colaborativo.


Descubre más desde El Milenio

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Descubre más desde El Milenio

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo

Descubre más desde El Milenio

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo