4 abril, 2026

El Milenio

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Malena Argañarás: El pato, mucho más que un deporte nacional

De esta actividad poco se conoce, sin embargo mucho se practica. Con más de 400 años de existencia, la jugadora amateur Malena Argañarás asegura que se trata de un juego donde además de destreza ecuestre y estrategia, se produce una conexión única entre el jinete y su caballo.

DEPORTES

  • Por: Agustin Bronstein y Donata Notarfrancesco 4º IENM y Julián Duarte 4º IMVA

Declarado deporte nacional argentino en 1953, el pato sigue siendo una disciplina poco conocida por muchas personas, aunque profundamente apreciada por quienes lo practican. Si bien sus inicios se remontan a 1610, cuando los gauchos de Buenos Aires, Santa Fe, Salta, Santiago del Estero, Corrientes y Entre Ríos lo practicaban de manera rudimentaria, tuvieron que pasar varios años hasta que finalmente se reglamentó y organizó el juego. 

“Al principio, consistía en utilizar un pato vivo, que se colocaba dentro de un trozo de cuero con manijas a las que los jugadores se aferraban. Participaban entre 200 y 300 jinetes en campo abierto sin ningún tipo de limitación”, cuenta Malena Argañarás a El Milenio, quien tomó contacto con el deporte siendo adulta, en Villa María, Córdoba.


En este marco y como era de esperar, la práctica generó múltiples prohibiciones a lo largo del tiempo, hasta que finalmente el ave fue reemplazada por una pelota de cuero, más segura y adecuada para la competición. Asimismo, se establecieron tiempos cronometrados y espacio para el descanso, además de limitarse la cantidad de jugadores y la posibilidad de cambios de caballos. 

La dinámica del juego


El pato trata de un deporte de equipo que se juega sobre caballos, similar en algunos aspectos al polo, pero con características propias que lo hacen único. “Son cuatro contra cuatro jinetes o amazonas montadas, y cada uno/a, idealmente, tiene que tener un mínimo de cuatro caballos, uno por cada tiempo. Aunque, en un abierto cada jugador puede tener hasta 16”, explica Argañarás,  quien también es profesora de equitación y salto en La Fortaleza, una propuesta que funciona en Cabana, donde además de vivir y cuidar caballos, dicta clases. 

En cuanto a las dimensiones de la cancha, asegura que “son enormes, mientras que el juego es de alta intensidad, lo que requiere cambiar de caballo entre los tiempos para mantener el rendimiento”. 

Así, asegura que “aunque fue evolucionando con el tiempo, hay algo como el rigor en la práctica, que nunca se perderá”. “Es un deporte de mucho contacto, requiere de muchas ganas, agilidad y respeto”, reflexiona la entrevistada.

En este sentido, la coordinación y la estrategia son clave, y cada posición en el equipo tiene un rol específico, aunque todos los jugadores deben estar en constante movimiento y alerta. Al respecto, Argañarás. señala también: “Tenemos que estar muy atentos, ir y venir, pero también se define mucho por cada jugador y por los caballos que tenés”.

De esta manera, uno de los aspectos distintivos del deporte nacional es la relación simbiótica entre el jinete y su caballo. En esta práctica no es solo un medio de transporte, sino un jugador más. “El 90% del juego es el caballo”, asegura Malena, destacando la importancia del entrenamiento y cuidado de los equinos. 


La entrevistada sostiene que “los caballos desarrollan una intuición especial”. “Sienten instantáneamente cuando el jugador recibe el pato, saben a dónde van al dirigirse al arco, o cuando están marcando a un jinete”, amplía. y responden de manera automática y espontánea a las necesidades del juego.

Por lo tanto, la preparación física y mental de los equinos es fundamental, ya que, como dice la especialista: “un buen caballo te permite como amazona o jinete poner tu concentración en el juego y prácticamente te olvidás que estás montando”. Así, la confianza entre ambas partes es esencial, debiendo alcanzar una sintonía para poder enfrentar los desafíos que plantea la actividad.

Por eso, agrega la jugadora: “El animal aprende entrenándose y muchísimas veces llega en mucho mejor estado y condiciones a un partido que el propio jugador”. También advierte: “Si le da un paro cardíaco en el medio del partido, se para todo”. 

Para todos y todas


Si bien puede parecer una práctica elitista debido a los costos asociados al mantenimiento de los caballos y los equipos, Malena aclara que es una disciplina profundamente comunitaria y familiar. “El equipo visible son los jugadores, pero consiste en un todo: la familia, los amigos, todos hacemos de todo ahí”

Por ejemplo, añade: “Si vos tenés solamente dos caballos disponibles, seguro que va a haber alguien afuera que te va a estar haciendo caminar al otro animal, va a estar atento al cambio que hacés y también alguna otra persona atendiendo a lo que puedas necesitar en caso de que se rompa el equipo, como suele suceder con las estriberas y hay que reemplazarlas”.

A su vez, destaca que “en los torneos los jugadores no sólo compiten, sino que también se comparten momentos fuera del campo, cocinando juntos y cuidando de sus caballos en un ambiente de camaradería”. Este sentido de comunidad es uno de los pilares que lo sostienen, y una de las razones por las cuales, a pesar de no ser un deporte masivamente popular, sigue creciendo y atrayendo a nuevos jugadores. 

Igualmente, la jugadora afirma: “Es un mito esto de que no es popular”. Destaca que en regiones como Córdoba, más precisamente en Jesús María, el pato tiene una presencia significativa, con torneos importantes que se llevan a cabo cada año. 

Por otro lado, se advierte que, aunque tradicionalmente el mundo ecuestre ha estado dominado por hombres, esto ha comenzado a cambiar. La jugadora sierrachiquense señala que siempre ha habido mujeres en el ámbito de los caballos. No obstante, antes no se visibilizaban tanto y ahora se ven un montón en la doma y en muchas disciplinas.

Particularmente en el pato, pueden participar de la misma forma ellos y ellas, en equipos mixtos o femeninos. “Cualquiera puede jugar, sin importar la condición. Hay gente que juega al pato y pesa más de 100 kilos y si bien no se echa a levantar el pato porque le resulta difícil, utiliza otra estrategia y lo mismo sucede con una mujer”, explica la vecina. Y  sigue: “Yo tengo fuerza pero al mismo tiempo, por ahí no voy tan al choque, intento evadir las cinchadas (acción para alcanzar el pato) pero me gusta más marcar”

A pesar de los avances, admite que aún queda mucho por hacer para fomentar la participación. “Todavía acá en la zona no tengo un equipo, me encantaría armar uno de mujeres y también mixto”, confiesa. Para ella, la clave está en crear espacios seguros y acogedores donde cualquier persona, desde infancias hasta jóvenes y adultos, puedan desarrollar sus habilidades y disfrutar del deporte sin barreras. 

Finalmente, en torno a desafíos, Malena cierra remarcando la necesidad de mayor difusión y apoyo gubernamental. “El pato es mucho más que un deporte nacional. Es una forma de vida que combina pasión, trabajo en equipo, amor por los caballos y un fuerte sentido de comunidad”, cierra.


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