CULTURA
- Por: Catalina Ibarra y Pierre Catrambone 4º IENM – Humberto Yorio 4º IMVA.
Una vampira, una bruja, un ángel caído y la madre tierra fueron algunos de los personajes que compusieron la obra “Ser(es) Mujer(es)” de la fotógrafa Sandra Dillon, que estuvo exhibida recientemente en el ‘Pueblo de Artistas’, en el Museo de la Ciudad de Unquillo (MUCI), localidad que en la que reside hace más de una década.
Igualmente, su interés por lo visual comenzó en un cine de Melo, un pueblo del interior cordobés en el que creció. “Transité por varias ramas del arte y me quedé con la fotografía porque en cierto punto y en algún momento yo creía ser una pintora frustrada”, admitió con diversión. Asimismo, resaltó: “Pero ahora ya no lo soy más, hago fotografía porque me gusta mucho la conexión con esa rama del arte”.
De joven se mudó a Córdoba para estudiar en la Escuela de Artes Lino Spilimbergo y luego de egresar, realizó varias actividades relacionadas con la fotografía, hasta que en el 99 ingresó a trabajar como fotógrafa en el área de prensa del gobierno de Córdoba, labor que sostiene pero como Jefa de División de Fotografía y Vídeo.
Desde allí, continuó capacitándose en lo relacionado a la Institución Pública, Gestión Cultural, Coaching Integral y Biodescodificación. “La fotografía me llevó a un montón de lugares, todo es valioso y útil”, señaló.

Desde que se asentó en Unquillo, comenzó a interesarse por la naturaleza, temática recurrente en sus trabajos actuales. “Es con lo que estoy conectando últimamente”, expresó. Particularmente, se está enfocando en una propuesta en proceso, llamada “Lo máximo en lo mínimo”, que aborda a flores muy pequeñas, detalló.
Aún así, este año surgió la oportunidad de que su muestra “Ser(es) Mujer(es)”, luego de recorrer diversos museos y espacios, llegue a Unquillo. Este proyecto nació en el 2013, y en ese entonces Dillón convocó a compañeras de trabajo y amigas para interpretar personajes que veía en ellas.
Junto a diseñadores y reutilizando materiales, armaron un vestuario, un peinado y un maquillaje que las representara tal cual imaginaban. “Las mujeres nos hacemos juntas y en soledad. Las miro a ellas, a mis amigas, mis compañeras, y las descubro reflejando arquetipos, aspectos y hasta fantasías propias y de cada una de ellas”, se puede leer en el texto introductorio de la muestra.
Entre la alegría por participar con su trabajo en un espacio público, Dillon destacó la particularidad del MUCI, que se encuentra en el mismo ambiente que un bar. “Mucha gente que quizás nunca fue a un museo o que va por otros intereses, se encuentra con la muestra y dialoga con ella”, agregó.

El Milenio: ¿Cómo fue el paso entre lo cotidiano de estas personificaciones que veías en estas mujeres a la producción del proyecto?
Sandra Dillon: Estas cosas surgen como un sueño y uno lo materializa. Gracias al acompañamiento de los otros seres, medios alocados, que son parte de mi cotidiano y saben que cuando yo tengo una propuesta y un objetivo voy bien directo. Se sumaron con la tranquilidad y con la alegría de que lo que estaba proponiendo iba a ser saludable para todas. De hecho fue un proceso que duró tres años y el cual al principio se planteó como un juego, pero después descubrimos que todas aprendimos de cada una.
A algunas de las chicas yo les propuse ser un personaje, totalmente opuesto a lo que ellas consideraban que eran, así que eso era un gran desafío para la invitada. Aún así fue muy bonito jugar al vestuario, al maquillaje… Todo esto se hizo con fondos propios, por lo tanto reciclamos mucho material, pensamos mucho, porque cuando uno no tiene la parte económica piensa mucho en cómo resolver el trabajo de manera creativa y de manera armoniosa, para que visualmente sea agradable a quien lo visita o no, porque puede gustar o no, lo importante es que le pase algo a quien lo mira.
EM: ¿Cómo fue el proceso de creación de la muestra es decir post-producción fotográfica? ¿Qué aspectos buscaste plasmar en tu trabajo?
SD: Particularmente poner a la vista de todos, que no es difícil ser quien uno elige y que con la colaboración de las personas adecuadas uno puede quitarse la careta y jugar, o ser realmente quien uno quiere ser. En la post-producción solamente se editó el fondo de todas las fotografías, porque lo que ustedes ven ahí es la iluminación que se hizo en estudio.
Las mujeres eran de diversas edades y la que tenía arrugas iba con arrugas y con el rollito, porque eso es lo que uno es realmente, no hay photoshop, somos así y nos amamos tal cual somos. Después se hizo una selección específicamente para participar en una muestra en el Palacio Ferreyra y esa impresión fue realizada en un papel canson de muy alto gramaje, para que diera la sensación de que era una pintura. Ahí yo retomé mi amor por la pintura y dije “mirá, acá estoy pintando con luz”.

EM: Luego de tu exposición en el Museo de la Ciudad de Unquillo, ¿en qué nuevos proyectos estás trabajando para este año? ¿Tienen alguna conexión con la localidad o su entorno?
SD: Desde el año pasado, estoy produciendo pequeñas obras-objeto, que partiendo desde la fotografía, sumando el collage y algunas otras técnicas, forman parte de la Tienda Casa Museo Buffo Allende. Todas estas piezas contienen imágenes del lugar y son elementos únicos que el visitante se lleva cómo recuerdo de su paso por el lugar.
En este momento, y para una convocatoria con una puesta efímera, estoy preparando material que también, partiendo del registro fotográfico cotidiano, entablan un diálogo entre el pasado y el presente.
Por otro lado, y este es un desafío mayor ya que requiere una gran inversión monetaria, está en proceso un homenaje a mí madre y a todas las mujeres costureras. Lo único que puedo adelantar por ahora es que no son fotografías. Por supuesto que en todos estos proyectos, Unquillo y el entorno son parte.

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