Cultura
Por: Martina Cagliero, Martina Gòmez y Lautaro Gianola 4° IENM – Paula Sanmartino y Lola Amuchástegui 4° IMVA.
Influido por los ritmos y compositores de su Traslasierra natal, el vecino de Unquillo ha recorrido distintos países estudiando su música e instrumentos. Hoy, cada travesía se ve reflejada en la mixtura y riqueza de sus partituras, a través de las cuales el artista confiesa comunicarse con el mundo.
Cantante, compositor e instrumentista, egresado de dos licenciaturas en la Universidad de Cuyo, en Mendoza, Diego Cortez viene siendo una figura clave en un sinnúmero de proyectos grupales, tales como Embichadero, Calle Vapor, Melodías Provincianas y Aromo con quienes acaba de publicar su segundo disco titulado “Rescoldo”.
En diálogo con El Milenio, el también docente de la Universidad de Villa María, a pesar de definirse como un fanático de los instrumentos de viento, asegura que “mientras más variada sea la influencia musical, mayor será el disfrute y el arte que llevemos adelante”.
“Yo me divierto mucho haciendo música, es lo que más me gusta y agradezco infinitamente tener la posibilidad de trabajar de esto, es un logro, y más aún en determinados contextos donde no todos lo consiguen”, remarca el entrevistado.
Discípulo de grandes maestros (Lars Nilsson, el conocido músico sueco del grupo Markama, y Marcelo Moguilevsky, por mencionar a dos muy destacados) el músico ha grabado con reconocidos artistas como Soledad Pastorutti, Nahuel Pennisi, Lila Downs, Niña Pastori y nada más ni nada menos que con Mercedes Sosa, entre otras importantes figuras.
Sin embargo, destaca: “Lo que más rescato de mis experiencias es la posibilidad de encontrarme con otras personas que, junto con el arte de la curiosidad, nos permiten seguir aprendiendo y tomando contacto con otros mundos, ya que de otro modo nada tendría sentido”.

El Milenio: ¿Cuándo comenzaste a vincularte con la música en general y qué te inspiró a inclinarte por los vientos?
Diego Cortez: El vínculo con la música viene de mi familia, de mi papá puntualmente, un reconocido poeta y cantautor de Traslasierras, compositor de muchas canciones clásicas del folklore. Soy el más chico de mis hermanos y todos están influenciados. Aprendí a cantar con mi familia y la banda sonora de mi infancia fueron las canciones de mi papá y de los compositores de la zona. En esa interacción con músicos y artistas, cuando tenía 11 años, conocí a José Luis Serrano, quien me vino a buscar para participar en una obra de teatro e interpretar al nieto de Doña Jovita. Allí, escuché por primera vez una flauta traversa y comencé a tocar aerófonos andinos en la misma obra. Esa fue la primera vinculación con los instrumentos de viento y a partir de esa experiencia comenzó este camino de vientista paralelamente al de cantor, hasta que empecé a hacerlo de manera más profesional cuando comencé a estudiar en la Universidad Nacional de Cuyo, en Mendoza.
EM: ¿Qué otros instrumentos tocás y con cuáles te sentís más cómodo?
DC: El instrumento que más estudié y al cual le dedico más horas, es la flauta traversa porque hice la carrera de música con la flauta de música clásica y también popular, pero también me gustan otros. Soy un fanático de instrumentos de vientos de todo el mundo, como Turquía, Armenia, China, Japón y también de la India. Justamente a donde viajé y pude estudiar, con un profesor de allá, un instrumento tradicional de la zona que se llama bansuri (flauta travesera originaria de India), también el duduk de Armenia y el ney turco ya que además tomé clases con un profesor griego. Y también uso los instrumentos andinos de acá, de la Cordillera de los Andes, como son la quena, el siku y la gaita colombiana.

EM: ¿Cómo combinás tu faceta de músico, cantor y compositor?
DC: Cada cosa que uno va adquiriendo o trabajando en la música se transforma en una herramienta. Es tan infinito el campo de posibilidades que se presenta y trato de abordar el arte de todas las maneras, lo más integral posible. En mi caso, me gusta mucho cantar y estudiar los instrumentos de viento, pero también componer. Creo que todo lo que uno vaya aprendiendo nos ayuda a entender cómo funciona la música, cómo se construye y todas las disciplinas colaboran en eso.
EM: ¿De qué se trata componer y hacer arreglos musicales?
DC: Hay un paso muy interesante que se produce cuando uno va a estudiar música y te enseñan cómo interpretar una partitura. Se pueden interpretar melodías compuestas por otros tal cual están, o interpretarlas componiéndolas, es decir, haciendo arreglos (pequeñas variantes) a esas partituras.
Es algo que se va aprendiendo también en base a la curiosidad, la experiencia y escuchar mucha música, tratando de generar una interpretación propia sobre la idea principal. Y ese paso se va haciendo también, uno va como metiendo la cuchara, dibujando y recreando esas cosas en los grupos con los que se participa, como me pasó con Calle Vapor, por ejemplo que lo tomé como un laboratorio.
EM: ¿Cuál de tus experiencias y colaboraciones considerás la más significativa y/o memorable para tu vida?
DC: Las experiencias con mayor repercusión (por su alcance masivo) de las que participé, han sido las colaboraciones para Sony. Por ejemplo, grabé para un disco de Lila Downs, Niña Pastori y Soledad Pastorutti que ganó en 2014 el Grammy Latino a mejor álbum de música folclórica. También en discos de Nahuel Pennisi, artistas que trabajan con el mismo productor. Aunque lo que más me gustó, fuera de mis proyectos, fue una participación, hace dos años atrás, en la Ballena Azul del ex CCK (Centro Cultural Kirchner) a raíz de un concurso que organizó una fundación que se llama «Tango sin fin». Consistía en la orquestación, es decir, la adaptación para una orquesta sinfónica de canciones, en el cual yo me presenté con una obra propia, con letra de la poeta Isabel Cascales. El premio fue cantar allí junto con una orquesta sinfónica, una experiencia sumamente increíble que, a su vez, me permitió ver cómo una canción que había nacido de un lugar tan íntimo, de repente, estuviera sonando en una versión sinfónica y en un auditorio lleno de gente.
EM: ¿En qué proyecto/s te encontrás trabajando actualmente?
DC: Hasta hace muy poquito estuvimos editando el segundo disco de Aromo, todos con músicas nuestras, el cual lo presentamos hace algunas semanas en Córdoba capital. Ya está disponible en todas las plataformas de música y estamos muy contentos por el movimiento que va teniendo, por la respuesta de la gente y porque además es un proyecto que me gusta mucho. Por otro lado,estoy con ganas de viajar junto con mi compañera y clarinetista unquillense, Rochi Gjurkan, con quién compartimos Melodías Provincianas, un dúo con el que tocamos música popular argentina, el cual tiene la particularidad de que no hay ningún instrumento armónico, es decir, ningún instrumento que haga de base (por ejemplo, una guitarra o piano).

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