5 abril, 2026

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Celia Grundy: “La voluntad tiene que ganarle a las excusas”

Entre la abogacía y el ciclismo, Celia Alejandra Grundy se encuentra compitiendo en carreras de autosuficiencia, que implican múltiples kilómetros y días para realizarlos. Así, su pasión la desafía constantemente y asegura que mediante la bicicleta aumentó su autoestima, en el deporte y la vida.

Deportes

Por: Camilo Roldán y Alma Antoun 4º IENM – Bautista Ferrer y Elián Lanfranco 4º IMVA.


Lo que comenzó siendo un medio de transporte logró transformarse en un estilo de vida. Celia se trasladaba en bicicleta cuando estudiaba en la universidad y luego, tras algunas complicaciones personales y con el paso de los años, fue dejando la actividad. Más tarde, decidió retomar de forma profesional y ya cuenta con muchos kilómetros recorridos y participaciones en competencias, que se suman a su cotidianeidad en el derecho.

“Mi labor como abogada es muy importante, porque puedo desarrollar tareas de investigación para conocer profundamente la problemática de la ciudad de Villa Allende. El ciclismo me ayuda a poder conectarme con otras cosas. A partir del año 2018 me apoyé en esta actividad y comencé a realizarla con mayor profundidad. Gracias a eso tuve la oportunidad de conocer gente con la que nos une la misma pasión y logré conocer lugares de la ciudad y de otras ciudades que jamás hubiera tenido acceso”, sostuvo en diálogo con El Milenio.

Actualmente se dedica a recorrer en ruta y en montaña, y su última carrera, que la llevó de Villa Allende hasta San Luis, fue hasta ahora la más significativa por ser de autosuficiencia, una metodología consolidada en el exterior y que se está abriendo paso nacionalmente. En este marco, comentó que le gusta competir contra sí misma estableciendo objetivos que le permitan superarse en cada etapa.


El Milenio: ¿Cómo fueron tus comienzos en el ciclismo?

Celia Grundy: El ciclismo no fue una decisión, fue una opción de vida porque mi situación económica era bastante estrecha. Comencé la carrera de profesora de educación física y como no tenía manera de trasladarme, me compré una bicicleta. Con ella me movía a todos lados, era mi medio de transporte cuando vivía en Córdoba. Después me cambié a la Facultad de Derecho y quedé embarazada de mi primer hijo mientras estaba estudiando, y tuve la suerte de ingresar en el Poder Judicial. Los comienzos fueron bastante difíciles porque cobraba poco, entonces continué con la bicicleta como medio de transporte para mí y para mi hijo.

Todo esto lo recuerdo como una aproximación al deporte y una forma de vida, tal es así que ni siquiera dejaba de trasladarme en la bici cuando llovía. Interrumpí esa actividad recién cuando quedé embarazada de mi segundo hijo, porque tuve problemas durante el mismo, y además me la robaron, fue una pérdida bastante importante porque era parte de mí. Recién retomé con la actividad cuando me separé en el 2018.

EM: ¿Y fue cuando comenzaste de forma profesional? ¿Te encontraste con obstáculos?

CG: Con el quiebre de la relación de pareja estaba atravesando un momento de mucha depresión, entonces fue un canal para poder salir de eso, además de la ayuda profesional terapéutica. A partir de ahí me fui redescubriendo y volví a lo que era de joven. Esa fue la finalidad, después se fueron dando las carreras y competencias.

El relacionarte con gente que hace lo mismo te va llevando, y como tenía buenos resultados me daban ganas de proponerme retos nuevos y avanzar sobre eso. No encontré ningún obstáculo, creo que estos y los límites son mentales. Yo me propongo algo y voy detrás del objetivo y la forma puede ser imaginarse el sueño ya concretado y empezar a trabajar en eso, pero siempre sabiendo y teniendo la conciencia de que se puede hacer.

EM:  ¿Cómo desarrollás el ciclismo en nuestra provincia? 

CG: Por suerte todo está avanzando, porque antes no existían categorías para mujeres, sino solo para hombres, y estábamos todos juntos, principalmente en el ciclismo de ruta. En la categoría Mountain Bike hace un tiempo cambió y ya hay categorías para mujeres, en las demás todavía no. Considero que es bastante injusto, porque somos como un bloque y no es lo mismo competir con una joven de 20-25 años teniendo 57 años, el cuerpo no es el mismo. Actualmente estoy corriendo para la categoría que es para los adultos. Acá en Córdoba tengo pocas posibilidades, en ruta compito contra mí misma, poniendo mis objetivos, para ir superando la meta anterior. 


EM: Has competido en montaña y ruta, ¿Cómo te llevas con cada una? 

CG: Normalmente todos los que estamos entrenando en ciclismo hacemos las dos cosas porque la ruta permite generar un poco más de aire, la parte aeróbica y cadencia (esto quiere decir que permite moverse al ritmo de cada uno) y da la fuerza necesaria para después hacer mountain bike.

Particularmente hago más ruta por una cuestión de seguridad. No hay una ley para proteger al ciclista, entonces si bien las rutas son peligrosas por el tránsito, por otro lado son seguras porque hay mucha movilidad de autos, lo que hace más improbable un robo. En cambio en la montaña puedo ser víctima de un hecho delictivo y por eso trato de salir los fines de semana.

EM: ¿Y qué retos te fuiste proponiendo?

CG: A partir de este año empecé a buscar otras alternativas, ya no me interesan las carreras cortas que se hacen acá. Estoy buscando otras de muchos kilómetros que se llaman “ultra”. En Argentina no se desarrollan mucho todavía, sí en el exterior. 

Se trata de carreras de autosuficiencia donde además de tener la característica de que son a distancias muy largas, se acumulan muchos metros de altimetría. La primera prueba fue una carrera que corrí en marzo en San Luis que originariamente iban a ser 800 kilómetros, pero tuvieron que modificar un tramo por un derrumbe y terminaron siendo 650. 

Estas son de varios días. Estaban contemplados cuatro días, en principio y, a lo largo de los mismos, uno se va programando, de acuerdo a su estado físico y mental, para terminar la carrera. Si uno quiere duerme, si uno quiere para y come. No tiene horario, son 96 horas para llegar y lo demás corre por cuenta de cada uno, llevar ropa y comida, los tiempos para parar, etcétera.

Estas experiencias de carreras de larga distancia son impresionantes, uno empieza siendo una persona y sale siendo otra, es una conexión interna de horas y horas arriba de la bicicleta. De las 96 horas que habían establecido, yo la hice en 40 y sola, muchos buscan hacerla en pareja. Se llamó “Desafío de los escaladores” porque eran 10.000 metros de altitud acumulados y para esto tuvimos una preparación muy importante en Córdoba.

EM: De todos estos logros, ¿cuál fue el que más te marcó?

CG: La última carrera fue la más importante, pero todas tuvieron su importancia. Cuando empecé tenía mi autoestima bastante devaluada, entonces a partir de ir superándome y viendo que podía en cada carrera, fui avanzando de a poquito y, sentir que podía hacerlo aumentó indudablemente mi autoestima para todo, no solo como deportista. 

Considero que el ciclismo es una pasión, y que todos en la vida tenemos que tener una, no importa de qué sea, pero que nos dé ganas de vivir, que nos dé ganas de hacer cosas y nos traslade a otra esfera, que nos permita sentirnos plenos. Creo que esa es la motivación, no solamente para que conozcan lo que hacemos o los logros que tenemos, sino para mostrar que cualquiera puede hacerlo.


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