- Redacción: Matías Candoli.
- Participaron: Lara Pilipchuk y Kiara Tahan (4to IENM). Juan Cruz Pajón y Pedro González del Solar (4to IMVA).
El básquet es un deporte vertiginoso, de mucho correr, de finales apasionantes, de dientes apretados, de nervios que solo se sueltan cuando el partido termina. Así lo sienten los seguidores de esta disciplina en la que Argentina llegó a tener nivel mundial con la “generación dorada”, encabezada por Emanuel Ginóbili.
Todo eso y mucho más le apasiona a Mauro Salinas, vecino de Río Ceballos y actual integrante del cuerpo técnico de Instituto. Fue jugador del club Jorge Newbery y allí también dio sus primeros pasos como entrenador, rol en el cual finalmente se concentró su carrera, con grandes resultados.
Salinas pasó por la redacción de El Milenio y allí repasó su vida, ligada a la “naranja” desde sus comienzos en las canchas de Sierras Chicas. “Siempre fui jugador de básquet en Río Ceballos, también jugué en un equipo de Córdoba, pero como entrenador empecé a los 15 años en Jorge Newbery. Tuve una trayectoria de casi una década ahí y hoy ya tengo también 10 años en Instituto”, resumió.
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El Milenio: ¿Qué le aportó tu etapa de jugador al técnico que sos hoy?
Mauro Salinas: Creo que fui mutando. Cuando empecé como entrenador intentaba ser como era el entrenador que tenía de referencia, pero después fui aprendiendo de los chicos y de mis alumnos en cada etapa.
Vas conociendo más gente, vas capacitándote, vas creciendo y viendo qué demanda tiene el alumno. No siempre pensando en mí. Insisto: al principio, fue imitar a mi entrenador. Después con otro entrenador que tenía en Córdoba logramos otras cosas y siempre tenés guías en esta carrera que te van marcando, que te gusta su estilo, que te gusta su forma de entrenar, su forma de relacionarse.
EM: ¿Cómo llegaste a Instituto?
MS: Estuve diez años en Río Ceballos, en el Jorge Newbery. Hicimos un trabajo desde la base con Gerardo, otro profe, haciendo crecer al club. Llegué a Instituto por unos padres que me recomendaron y me entrevistaron. Fui de prueba un par de meses y terminé quedando. Dirigí todas las categorías del club hasta formar parte del plantel profesional.
EM: ¿Qué perfil tiene que tener un director técnico?
MS: Primero que nada, necesita saber escuchar y comunicarse. Dentro de ese saber está el poder transmitirle al jugador cuál es la solución ante esos problemas que surgen adentro y fuera de la cancha, o qué aspectos necesita mejorar. Esto a la hora de los entrenamientos, después hay muchas variables que se dan durante el juego.
Antes, el entrenador de básquet era muy gritón, muy de gesticular y enojarse, pero eso ha cambiado. Los entrenadores van evolucionando. Yo siempre digo que los entrenadores tenemos que darles a los jugadores una caja de herramientas, que ante una determinada situación, puedan abrir, sacar, resolver y volver a guardar.
EM: En tu recorrido como técnico, ¿qué instancia te marcó más?
MS: Hubo un click en 2016, 2017. El profesionalismo es complicado cuando no tenés un nombre, se vuelve poco redituable económicamente porque te lleva mucho tiempo y no podés trabajar de otras cosas.
Cuando tomé la decisión de ser parte del plantel profesional, la situación fue explicarles a mis dos hijas que papá no iba a estar tanto tiempo en casa, que iba a correr de acá para allá. Entonces, que ellas lo entendieran en ese momento, fue algo que me marcó para seguir. Lo que me permitió seguir adelante fue el apoyo de mi familia, esto de decir: vamos todos, nos subimos a esto. Creo que ese fue el click que me llevó a formarme más.
EM: ¿Cómo hacés para planificar tu trabajo, una pretemporada, una competencia?
MS: Son diferentes momentos. En la pretemporada empezamos a implementar las ideas de juego que vamos a tomar, que ya lo vienen absorbiendo desde los años anteriores. Hacemos hincapié en estas bases físicas. Eso es en enero.
Después tenemos una particularidad: la Liga Nacional empieza en octubre y termina en mayo, entonces la pretemporada de esas categorías profesionales se da en paralelo a la del torneo local. Empezamos en julio a preparar el equipo y en septiembre lo que va a ser el plantel profesional.
EM: ¿Cuáles son tus metas y proyectos como director técnico a futuro?
MS: Hoy estoy justo como en un stand by. Llega un momento que hay que frenar y poner los pies sobre la tierra y ver a dónde estamos parados. Las temporadas son muy largas y cansadoras. Un martes estás en Formosa, un jueves en Corrientes. No se puede sostener esto.
El sueño siempre es dirigir un equipo profesional. Por ahora no llegué a ser el “uno” de un equipo técnico, pero sí soy asistente del entrenador del club (Lucas Victoriano). Soy parte de esa estructura.
Pero sí, ser entrenador de un equipo profesional, tomar tus decisiones, armar tu equipo, elegir los jugadores, eso creo que es la meta. Si es Instituto mucho mejor porque no sólo formo parte del club, sino que soy hincha también.
Fui campeón argentino dirigiendo las selecciones de la provincia. Creo que lo que me queda es dirigir la Selección Argentina, confío que va a llegar en su momento.
EM: ¿Cómo ves el nivel de básquet en Sierras Chicas?
MS: Estamos creciendo. Ha vuelto el básquet en el club Unión, el Sport de Villa Allende compite, Salsipuedes también. Además del Jorge Newbery, que es el histórico. Tener cinco o seis equipos participando de la Liga de la Asociación Cordobesa nos hace fuertes.
Nos faltaría un club en Mendiolaza, que en Villa Allende haya otro más y también en Agua de Oro. Seguir dándole competencia y siendo parte de una Asociación. Los clubes de básquet, al tener una estructura para poder participar, nos hacen dar un paso más adelante a la hora de competir y seguir sacando jugadores. No sé si vamos a llegar a jugar en la Liga Nacional con un equipo de esta zona, pero ojalá que así sea. Por lo pronto, esta es la base.

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