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Inspirando juventudes

Mariano Marucco festeja la expresión, la creatividad y la libertad de las nuevas generaciones, a las cuales busca motivar desde su lugar de docente, escritor y dramaturgo. Este año, presentó la obra “El camino de Javier”, que rescata la figura de Javier Villafañe, titiritero argentino, pionero del género y audaz aventurero.
  • Por Lucía Gregorczuk. periodico@elmilenio.info
  • Colaboración: Guadalupe Bustos y Catalina Gos (4to IENM). Magalí Ochoa y Bautista Persello (4to IMVA).

Mariano Marucco es licenciado en Letras, escritor y docente, conocido y querido en los pasillos de las escuelas sierrachiquenses, donde ha dado clases durante varios años. Para el vecino de Unquillo, la escritura y la docencia siempre fueron de la mano y en algún momento hasta supo decir que “su principal público” eran los estudiantes, los mismos que le llenan el corazón cada vez que lo saludan hoy en día por la calle.

Lo cierto es que a Marucco siempre le interesó trabajar con la juventud y sostiene que hay “un vacío” de propuestas en teatro y literatura específicamente orientadas a este sector, lo cual se traduce en poca participación de los jóvenes.

“Y no porque ellos no quieran, sino porque pareciera ser la etapa más relegada. Se piensa que la infancia y la adultez dejan más dinero, entonces los adolescentes quedan ahí, sin lugares fijos para escuchar música o ir a ver una obra de teatro. Por eso siempre intento llegar a las escuelas y estar con los alumnos para ver sus necesidades, sus gustos”, sostiene el docente.

“Me gusta que una obra de teatro inspire. Un niño o un adolescente motivado es una persona que en el futuro va a ser feliz y plena. Ahí está mi lucha y mi búsqueda como escritor y artista”

Mariano Marucco

El Milenio: ¿Cómo describirías tus escritos?

Mariano Marucco: Podría decir que mi escritura es divertida, porque para aburrida ya están las responsabilidades de ser adulto, docente y pagar impuestos. Por eso yo le sumo la diversión a través del arte e intento que sea el lugar donde vuelvo a ser un poco niño, un poco joven, un poco lo que siempre soñé.

Hay que hacer histriónica la realidad, reírse un poco de los adultos, de lo acartonado del deber ser. Los jóvenes son más interesantes porque nos cuestionan con sus enojos. A veces están abúlicos porque justamente ven que no les ofrecemos algo que les sirva, que les atraiga.

Yo tengo la suerte de encontrarme con ex alumnas y alumnos, a los que les di clases hace muchos años, y me doy cuenta que como docentes dejamos una chispa, uno de ellos hoy está escribiendo teatro, por ejemplo.

EM: ¿Cómo ha sido tu incursión en la dramaturgia? 

MM: La dramaturgia siempre estuvo conmigo, escribir libretos es algo que me sale naturalmente. En la escuela hicimos muchas obras con amigos y con colegas y si bien participé en un par de concursos, nunca fue algo a nivel profesional.

Pero con el tiempo, el teatro fue arraigándose en mí, fue como un proceso. Además, quiero creer que hoy soy un poquito más consciente de que no todo es tan urgente. Post pandemia y con 43 años, si quiero hacer una obra, me doy mi tiempo, es un poquito más trabajada. 

EM: En este sentido, ¿de qué se trata «El camino de Javier»? ¿Cómo surgió?

MM: Es una obra que habla de la vida intensa y andariega de Javier Villafañe, uno de los primeros titiriteros de nuestro país, que anduvo por todo el mundo con un carromato. Llevó el arte titiritero a toda Latinoamérica, incluso llegó hasta Europa, Moscú y China. Era un aventurero. A los 19 años se fue de su casa con la explicación de que un ángel le había dicho que tenía que ser titiritero, así que ya hay magia involucrada en la historia desde el principio.

La obra surgió porque un gran amigo mío, llamado Jorge Zimmermann, es parecido a Javier Villafañe. Con él siempre hacemos obras de teatro para ferias del libro. Además, se sumó Walter Echenique, un gran actor de Mendiolaza. Así que juntos armamos esto, por un parecido nomás.


EM: ¿Cómo fue el proceso de llevar la obra al escenario?

MM: Y la verdad que fue muy rápido. Florencia Ortiz, organizadora de la Feria del Libro del Instituto Nuestra Señora de las Mercedes, que es un evento que tiene 12 años de trayectoria, nos llamó porque tradicionalmente nosotros veníamos cerrando las ferias con Jorge, así que decidimos llevar la obra “El camino de Javier”.

Hay una amistad muy fuerte con Jorge y siento que algo muy hermoso sucede cuando estamos en el escenario con él y con Walter, se nota que no somos únicamente actores, sino que hay algo que nos trasciende, que es esa amistad.

EM: ¿A qué público está dirigida la obra?

MM: Un postulado de la literatura dice que una obra se vuelve clásica cuando se puede leer de niño, de adulto o de viejo y siempre te está hablando, siempre te está tocando diferentes fibras del corazón. Esa es la idea de esta obra. El otro día que la presentamos fue muy lindo porque había niños de 5 años y gente de 65, y como no puede faltar en Argentina, un perrito también estaba viendo muy atento. 

EM: ¿Cómo te inspirás para escribir tus textos y qué temáticas te movilizan más?

MM: La vida, o sea la gente, lo común, lo que nos está pasando. Me inspiran los problemas reales, desde la escasez de agua o el cambio climático, hasta la falta de solidaridad o las imposiciones tajantes de un mundo adulto que no permite que los jóvenes se manifiesten con sus disidencias y su diversidad; eso me moviliza.

Me gusta que una obra de teatro inspire a que alguien vuelva a su casa y quiera plantar un árbol, o trate de charlar con su hijo para ver qué le está pasando, que hagan al motor de la vida que es vincularnos como seres humanos, charlar, dialogar, encontrar motivaciones. 

Un niño motivado, un adolescente motivado, es una persona que en el futuro va a ser feliz, en eso está mi lucha y mi búsqueda en el teatro, como escritor y artista. Vamos a tener niños y niñas, jóvenes, felices y después adultos felices, que eso es lo que más quiero yo.

Quiero que psicopedagogas, asistentes sociales y artistas podamos trabajar juntos para que las juventudes tengan todas las herramientas para ser personas plenas. Para mí eso es una victoria: poder encontrarme con personas sensibles, que piensan, que tienen sentido del humor. De esta manera, como sociedad, vamos a tener un futuro brillante.