13 agosto, 2022

El Milenio

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Los límites de la socialización en las pantallas y la necesidad de buscar alternativas presenciales

¿Cómo influye la digitalización de la vida escolar y de los vínculos con los pares en esta franja etaria? ¿Es necesario pensar alternativas que contemplen encuentros presenciales?

Si bien los jóvenes suelen identificarse como aquellos que están más familiarizados con la vida social a través de las pantallas, el psicoanalista Luciano Lutereau, el politólogo José Natanson, el historiador Pablo Vommaro y la investigadora Carolina Duek analizan cómo influye la digitalización de la vida escolar y de los vínculos con los pares en esta franja etaria y coinciden en señalar que es necesario pensar alternativas que contemplen encuentros presenciales.

Plataformas para hacer tareas escolares, redes sociales como espacios de socialización y páginas que condensan ofertas recreativas como juegos digitales o la proyección de series o películas, son algunas de las variables que dan cuenta de la creciente digitalización de los últimos meses a la hora de articular las vidas de jóvenes y adultos.

«La digitalización es potente y sirve, pero la pandemia también nos llevó a revalorizar lo presencial y esto de que las juventudes vivían solo en las redes sociales y en el universo digital porque quienes trabajamos desde hace tiempo con juventudes sabemos que esto no es así, que también era un estereotipo social pensar que los jóvenes solo estaban en el mundo digital», señala Vommaro.

Para el investigador, «esta dimensión de sociabilidad, vinculada con el encuentro y las emociones, fue de cierta manera dejada de lado al inicio de la pandemia y son las juventudes -también las infancias- las más afectadas por esta retracción de la posibilidad del encuentro presencial. Porque no los satisfacía (y sigue sin hacerlo) solo la sociabilidad digital y están buscando todo el tiempo la presencialidad: estar con pares, con sus grupos de afinidad de manera presencial».

Para Natanson, «despachar el tema diciendo que los jóvenes se las arreglan bien chateando por celular es no hacerse cargo» y sostiene que «ahora está prevaleciendo una mirada adultocéntrica en la gestión de la crisis y eso llevó a desconocer las necesidades de las generaciones jóvenes actuales, una de ellas, quizás la más importante, es la de mantener el contacto con sus pares. Contacto presencial no virtual».

Lutereau recupera lo que planteó en su libro «Esos raros adolescentes nuevos», en el que trabaja la idea de que la hiperconexión de los jóvenes no es necesariamente un uso compulsivo de la tecnología. «Suele ser muchas veces más creativo, tiene fines de lazo con otros. Por eso en un primer momento de la pandemia tuvieron una actitud más latente, con menor necesidad del afuera», analiza.

Sin embargo, considera que «es preciso tener presente que los adolescentes tienen un práctica sexual tutelada, es decir, no son autónomos y, por lo tanto, para tener encuentros sexuales (que pueden ir desde un beso hasta una relación coital) necesitan la autorización de los adultos». Y entonces plantea: «¿Por qué no reconocer que los adolescentes tienen una vida sexual? ¿Por qué pedirles que resignen un aspecto tan importante de la vida, cuando los demás no lo hacen?».

«En este punto, las reuniones ‘clandestinas’ de jóvenes, al igual que en su momentos las llamadas ‘previas’, surgen en un contexto en que los adolescentes no tienen lugares propios para su vida social. No creo en la vía de la limitación y la prohibición, me parece mejor pensar desde las posibilidades, a sabiendas de que no todo es posible. Con los jóvenes siempre se trata de implementar conductas constructivas, no reforzar lo que no hay que hacer», desarrolla el psicoanalista.

«las reuniones ‘clandestinas’ de jóvenes, al igual que en su momentos las llamadas ‘previas’, surgen en un contexto en que los adolescentes no tienen lugares propios para su vida social»

En tanto, la doctora en Ciencias Sociales (UBA) Carolina Duek, que se dedica a investigar las nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación, señala que para los jóvenes «hubo una desarticulación de la vida cotidiana y rearticulación en los casos más virtuosos», según un trabajo de campo en equipo realizado el último año.

«Una de las cuestiones relevantes a pensar tiene que ver con la desarticulación total de su vida cotidiana tal como la conocían: a jóvenes que articulaban su sociabilidad, su vida cotidiana, su alimentación, sus rutinas, sus deseos, sus intercambios con otros jóvenes en espacios institucionales, como la escuela, o en espacios recreativos, como fútbol o danza, la pandemia los desarticuló y los recluyó en el hogar que era un espacio en el que no permanecían tantas horas, ni durante tanto tiempo, ni durante tantos días; entonces la interpelación de los jóvenes y la pandemia no podemos generalizarla», apunta y dice que en algunos casos se dio una «rearticulación».

Vommaro asegura que el el desafío en relación a los jóvenes «es convocarles, escucharles, reconocerles» y sugiere el armado de «una mesa de trabajo con las juventudes, con las organizaciones juveniles, con las juventud de los partidos políticos, los centros de estudiantes, los scouts, la iglesia, centros culturales barriales, los sindicatos, muchas organizaciones juveniles referentes y legisladores jóvenes para pensar juntos alternativas ante el ocio y el tiempo libre, ante la necesidad de encuentros que tienen las juventudes aún en la pandemia».