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A escena sin prejuicios

Gabriela Martínez Sarrat lleva adelante el taller “Expresándonos”, un espacio que busca integrar a niñas, niños y jóvenes con diversidad funcional a través del teatro, la danza y la música. Para la joven docente, es fundamental desinfantilizar el lugar de las personas con discapacidad en los escenarios artísticos y en la sociedad para fomentar su independencia y desarrollo personal.

Colaboración:

Aarón Alberto y Agustín Lafuente.

4to Año, Instituto Educativo Nuevo Milenio.

Thiago Salvador e Iván Paesky.

4to Año, Instituto Milenio Villa Allende.


Gabriela Martínez Sarrat admite que lo “diferente” genera “un choque” en las personas, es decir, un sentimiento de rechazo ante una realidad que se desconoce, pero que rápidamente se va desvaneciendo a medida que se reconocen y aceptan esas diferencias.

De 29 años y vecina de Argüello, Gabriela lleva adelante el proyecto “Expresándonos” en la Casa de la Cultura de Villa Allende, una iniciativa que integra a personas con y sin discapacidad generando un espacio de expresión, socialización y creación a través del teatro, la danza y la música.

“Para participar del taller no existe absolutamente ningún requisito más que las ganas de expresarse y crecer en la diversidad”, explicó Martínez con simpleza. “Es un lugar destinado principalmente a la discapacidad, entendida como diversidad funcional (en el sentido que todos tenemos una manera distinta de funcionar y nadie es más o menos que el otro), pero también están las puertas abiertas para el público en general”, explayó la autora de este espacio que hace de la inclusión, una realidad cotidiana.

Expresión en todas sus formas



Acompañante terapéutica y profesora de Teatro, con formación en Discapacidad y en Danza, Gabriela comenzó a fusionar saberes alrededor de 2014, cuando siendo una estudiante de la Universidad Nacional de Córdoba, le ofrecieron realizar una pasantía en una fundación destinada a personas con discapacidad.

“Al principio me generaba ruido, pensaba que me iba a quedar mirando a los alumnos tratando de entender, desde la ‘normalidad’, qué pasaba, cómo era su conexión con el mundo o su manera de razonar, pero felizmente eso se me borró al minuto uno”, contó la docente.

El proyecto funcionó originalmente durante varios años en Argüello, hasta que, por diversos motivos, la fundación cerró en marzo de 2017 y el taller se trasladó a Villa Allende, gracias al interés municipal. “Afortunadamente en la Municipalidad tuvieron una mirada muy humana y social, les encantó la idea y, desde entonces, Expresándonos funciona en la Casa de la Cultura”, agradeció Gabriela.

Para la docente, el teatro, la música y la danza son herramientas para que los participantes del taller encuentren formas de expresión que les interesen, relacionándose y enriqueciéndose en su compartir a través del juego y la creatividad.

“En el taller hacemos todo lo que implica comunicación y expresión, no es que solo tengamos rutinas y nos concentremos únicamente en lo teatral”, comentó Gabriela y destacó los ejercicios de dicción, vocalización, improvisación y coreografía como parte central de la futura puesta en escena, “aunque después todo salga distinto a lo planificado”, reconoció entre risas.

Crecer en la diversidad



Otro punto importante que destaca la profesora es la posibilidad que brinda el teatro de visibilizar la diversidad funcional. “Que las familias pretendan ocultar la discapacidad es como una herida que todavía cuesta cerrar, no una herida personal, sino social”, expresó Martínez.

“Creo que la visibilización lleva a la inclusión, pero para eso es necesario que el teatro deje de infantilizar a los jóvenes con discapacidad”, aclaró la docente. En este sentido, recordó una ocasión en la que, presenciando un festival, notó que todas las obras eran de la índole Peter Pan o La Cenicienta, donde los actores con discapacidad ocupaban lugares de victimización. “Siempre era el pobrecito, el nenito con discapacidad, aunque tuviera cuarenta años”, señaló Gabriela.

Desde ese momento, la joven profesora decidió que en su taller harían todo lo contrario y criticarían esa actitud lastimera que tiene la sociedad hacia la discapacidad. En ese sentido, el año pasado su grupo presentó la obra “CI Dance 2019”, donde se ponía en escena un certamen inclusivo de danza con jurado al estilo del popular programa televisivo “Bailando por un sueño”.

“Trabajábamos la discriminación bien cruda, el ‘no servís’, ‘no tenés el perfil físico para ser bailarín’, ‘te falta técnica’, todo eso que la sociedad genera y ve de la discapacidad, al punto que hasta el mismo público se incomodaba y cuestionaba lo que estaba pasando”, explicó. De esta forma, buscaban que el espectador se replantee su propia forma de ver a las personas con discapacidad.

“Está bueno generar eso, porque lamentablemente es lo que pasa hoy en día. Entonces, insisto, el teatro aporta, pero siempre y cuando se deje de infantilizar y subestimar a las personas con discapacidad. Como que falta esa vuelta de tuerca para entender que son sujetos que, con apoyo, pueden aprender, trabajar, tomar un colectivo, cocinar o lo que sea”, concluyó.

“Creo que la visibilización lleva a la inclusión, pero para ello es necesario que el teatro deje de infantilizar, victimizar o subestimar a los jóvenes con discapacidad”.

Inclusión virtual


Aunque en los últimos años el taller venía creciendo en cantidad de participantes y desarrollo de sus propuestas, este año la pandemia obligó a suspender varias actividades y trasladar otras a la virtualidad para no perder el contacto entre talleristas. “No me gusta dar clases por Internet, no me acostumbro”, reconoció la vecina de Argüello.

No obstante, trató de mantener el vínculo con sus estudiantes por medio de llamadas telefónicas y a través de videos subidos a la página oficial de la Municipalidad de Villa Allende. “El municipio empezó a dar talleres online, como clases grabadas, entonces ahí me sumé a enseñar lengua de señas, aplicándolo a canciones, para darle el toque creativo del teatro”, comentó la docente.

De esta forma, el objetivo a mediano o largo plazo es poder sumar una nueva herramienta a las clases presenciales, una vez finalizada la pandemia. “Espero que, cuando podamos volver a encontrarnos, la lengua de señas sea una inclusión más, para que puedan entenderse con una persona sorda o muda y así aprovechar todo este tiempo para seguir aprendiendo”, manifestó Gabriela, con optimismo.

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