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27 octubre, 2020

El Milenio

Noticias de Sierras Chicas

Villa Allende. Doña Isabel Sánchez y la ambulancia que nunca llegó

Isabel Sánchez necesitaba con urgencia una ambulancia en su domicilio de Villa Allende. En diálogo con El Milenio, su nieto Lautaro Santolini denunció que a pesar del llamado de auxilio, pasaron las horas y nunca llegaron para socorrer a su abuela. Por la larga espera, la mujer falleció sin la atención médica correspondiente.

Desde el comienzo de la pandemia se ha hablado sobre la COVID-19, llevando día a día la cantidad de personas contagiadas, recuperadas o fallecidas. Sin embargo, esta enfermedad no sólo afecta a aquellos que la contraen y por extensión a su círculo íntimo, sino que también perjudicó a personas que tienen otro tipo de patologías debido a que los hospitales comienzan a mostrar signos de colapso.

Tal es el caso de Lautaro Santolini, un joven oriundo de Villa Allende que hace poco más de una semana perdió a su abuela, Isabel Sánchez, una adulta mayor que debía realizarse diálisis entre dos y tres veces por semana. Lo que denunció el nieto en diálogo con El Milenio, es que por causa de que algunos hospitales no atendían las urgencias no relacionadas con el nuevo coronavirus, Isabel fue abandonada a su suerte, sin la posibilidad de recibir la atención médica que necesitaba: “el día que falleció mi abuela decidimos llamar a la ambulancia alrededor de las dos de la tarde, pasaron las horas y nadie venía”.

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La pandemia empeoró todo


Desde el año 2015 que Isabel necesitó del tratamiento de diálisis. Como explicó Santolini, al principio los profesionales de la Salud que la atendieron dijeron que no iba a superar los tres meses, debido a que su situación era muy complicada. Pero tras varias cirugías de por medio, sumado a las visitas continuas a la Clínica de la Ciudad en Villa Allende, el Hospital Italiano de Córdoba y otros nosocomios más de la región, su situación mejoró notoriamente.

La tuvieron que operar unas 20 veces, porque sus miembros se iban tapando, entonces era normal que al menos tres veces por año pasara por alguna cirugía para cambiar el catéter de lugar”, contó a este medio.

Hasta lo último, donde más pasó el tiempo Doña Isabel, fue en el Centro Nefrológico Privado de Villa Allende, y como dijo Lautaro: “siempre tuvo muy buena atención ese lugar, los médicos estaban a disposición nuestra y nos ayudaron muchísimo, la verdad que fue excelente, nos ayudaron hasta último momento. Ella recibió la mejor atención y hasta se generó un vínculo tanto como con los enfermeros como con los doctores”.

Sin embargo, el avance de la pandemia no hizo más que complicarlo todo, ya que como afirmó el entrevistado, trasladarla a los centros de salud era cada vez más difícil: “le tuvieron que hacer muchos estudios. Pero al principio fue muy llevadero, yo mismo la llevé un par de veces y no hubo problema. Pero después pasó el brote del Hospital Italiano de Córdoba y se comenzó a complicar ya que lo cerraron y muchos de sus médicos estaban ahí”.

El último mes ya estuvo muy mal, le tuvimos que aplicar analgésicos porque tenía un dolor constante. Su doctor del centro de diálisis dijo que no quería cambiarle la prótesis de nuevo porque implicaba que mi abuela pasara por mucho sufrimiento y dolor, así que se decidió no hacerle más cirugías y dejarla en mi casa”, agregó.

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Pero a raiz de las complicaciones que se presentaron con el correr de los días, la familia de Isabel decidió que la mejor opción de atención sea una residencia geriátrica. Es que requería de una cama ortopédica, un colchón especial, fisioterapia todos los días y una enfermera las 24 horas.

Pero por el avance del coronavirus, sumado a que tenía que salir tres veces a la semana para continuar con su tratamiento de diálisis, los geriátricos no quisieron recibirla. De esta manera, se vieron obligados a adaptar su casa completamente para que tuviera todas las comodidades y poder atenderla allí.

Al respecto, Lautaro recordó: “Tuvimos muchas trabas, los geriátricos ni hospitales nos recibían, fue todo muy difícil. Pero lo más complicado fue la última semana. Nos comentaron desde el centro de diálisis que estaban teniendo pacientes que debían ser trasladados por complicaciones y como la Clínica de la Ciudad estaba cerrada por falta de personal al igual que el Hospital Municipal de Villa Allende, se vieron obligados a derivar gente a Punilla”.

Y aclaró: “Todo esto se dió con mucho retraso, la última semana llamamos prácticamente todos los días para que le apliquen algún calmante y nos decían que tenían mucha demora. Esto era porque había dos ambulancias para todo el corredor de Sierras Chicas, según nos explicaron. Era muy agotador porque ella estaba sufriendo mucho”.

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Días de bronca e impotencia


Lamentablemente, sumando todas las complicaciones citadas antes, a finales del mes de septiembre, Isabel Sánchez falleció rodeada de todos sus seres queridos. Pero la tristeza se mezclaba con la sensación de que las cosas podrían haberse hecho de otra manera, donde no habría ocurrido el desenlace fatal.

El día que falleció mi abuela decidimos llamar a la ambulancia alrededor de las dos de la tarde, pasaron las horas y nadie venía. A las 18 vino la hermana de mi abuela, que es enfermera y nos ayudó muchísimo. Nos dijo que llamáramos a urgencias porque estaba muy mal, lo hicimos pero la línea de PAMI rebotaba las llamadas o cuándo te atendían se cortaba. Nos pedían hacer una videollamada para ver a la paciente porque no podían venir, eso lo hicieron en varias ocasiones”, comentó el nieto.

Ante este confuso momento, el joven relató que falleció alrededor de las 18:45 de la tarde, pero la ambulancia recién arribó entre las 19:30 y 20:00 horas. “Desde el teléfono nos decían que teníamos que seguir haciéndole reanimación, pero era algo que nos pareció que ya no se podía. Ahí fue cuando nos comentaron que esa ambulancia venía desde Nueva Córdoba porque estaban sin personal, sin equipos”.

La reflexión de Lautaro, en primera persona


No me tocó vivir que nadie de mi familia tenga Coronavirus, pero sí me tocó que una persona necesitara atención urgente, y si no hubiéramos estado en esta situación hubiera sido diferente. Hubiéramos podido llevarla a un geriátrico, internarla, la ambulancia no hubiera llegado tarde, entonces podría seguir viva, o el simple hecho de que mi abuela no hubiera fallecido en mi casa, sino en un lugar donde recibía la atención necesaria.

Lamentablemente, esto no se pudo dar porque estamos en una pandemia. El sistema de salud está empezando a colapsar y si bien esto es algo provocado por un virus que nos supera, también hay una cuestión de egoísmo por parte de la gente que sale y no se cuida.

Si salís, lo cual está bien porque la vida continúa y tenemos permisos para eso, al menos hay que cuidarse y ser conscientes tomando las precauciones necesarias para que el sistema no colapse. Debemos cuidarnos para no contagiarnos, no solo por nosotros sino para no ocupar una cama que capaz necesita otra persona como fue el caso de mi abuela.

Es lamentable que el sistema colapse porque la gente no quiera usar barbijo o mantener la distancia ni usar alcohol en gel. También están esos casos en los que se hacen fiestas para ver a un grupo de amigos cuando sabemos que es arriesgado y no se puede.

Estas cosas no solo generan que el Covid-19 siga circulando, sino que otras personas como mi familia tengan que atravesar estas situaciones porque el sistema no da abasto por gente irresponsable y egoísta.

Quiero agradecer a El Milenio por darme el espacio para contar el caso de mi abuela y poder difundir el mensaje de la importancia de cuidarse y respetar las medidas.

Finalmente, quiero agradecer al personal de Salud que lo están dando todo, en especial a la gente que estuvo junto a mi abuela, al Doctor Iglesias y a todas las enfermeras que la acompañaron.