Carmela Felipa adoptó a Amapola hace algunos días y su historia se viralizó por toda la región. La joven contó a El Milenio cómo fue el proceso y la importancia de la adopción de mascotas. “Parece mentira que alguien pueda amar tanto a un perro que hace cuatro días no conocía. Ahora, es todo el tiempo pensar en Amapola y querer estar con ella”, dijo.

El amor por los animales es un sentimiento que crece día a día. Un claro ejemplo de esta afirmación, es la iniciativa que tuvo Carmela Felipa, una joven de 22 años vecina de Mendiolaza. Ella es estudiante de biotecnología y al igual que muchas personas, decidió adoptar una perrita para darle una vida digna. Lo particular de esta historia es la viralización de este noble acto luego de que la Municipalidad de Villa Allende compartieron un vídeo en sus redes sociales.


Carmela es estudiante universitaria, vive en Valle del Sol y fue al Refugio Municipal a adoptar a un perrito o perrita, sin imaginar que elegiría a una, que ahora responde al nombre “Amapola”, pero que sobre todo, Amapola la elegiría a ella.


Desde que mis perras murieron (quienes también eran adoptadas), hace aproximadamente cinco años que quería otro perro. No podía porque me mude a Córdoba con mi papá a un departamento, por lo tanto no iba tener un perro y mi mamá no me dejaba tener mascotas en Valle del Sol”, contó Carmela.

No obstante, ella no se dio por vencida con su petición de tener un compañero o compañera, es así que cuando llegó la cuarentena, Carme siguió insistiendo, aunque sabía que la respuesta sería la misma.

Finalmente, durante los trágicos incendios del pasado agosto, Felipa decidió ayudar a los veterinarios que atendían a los animales heridos. Fue así como se enteró que en el Refugio Canino Revivir de Villa Allende estaban buscando gente que adopte perros, porque se encontraban en una zona de riesgo y trasladarlos sería muy complicado.



Carmela no dudó ni por un segundo, y le planteó a su madre que quería ayudar más allá de lo económico. Con el apoyo de su familia, se dirigieron al refugio. “Llamé por teléfono y estaba re nerviosa, no sabía como era pero sí era consciente de que me enfrentaba a una nueva responsabilidad. Traer a un perro es todo un desafío, más allá del amor que te dan”, confesó la joven.

Carmela relató además: “Cuando llegamos al refugio nos bajamos del auto y todos los perros, que eran alrededor de 130, empezaron a ladrar. Me mostraron algunas perritas, porque yo prefería a una hembra ya que me recordaba a mis perras, me enseñaron tres y me re gustaron, pero al fondo de todo vi a Amapola. Saltó enloquecida, metía las patas y el hocico entre el alambrado desesperada y sentí que era ella mi próxima compañera”.

Los que trabajan ahí me decían que había otras perras más dóciles también, yo le pregunté a mi mamá qué opinaba y me dijo que eligiera la que yo quisiera, porque iba a ser mi perra. Y me di cuenta que Amapola ya me había comprado el corazón. Le decían “la tuerti”, porque le falta un ojito, que no saben cómo lo perdió. Cuando salió del canil vino, me saltó, fue divina, es increíble, súper compañera y muy obediente”, contó Felipa.



Amapola, la nueva dueña del corazón de Carmela, tiene entre tres y cinco años aproximadamente, la transición a su nueva casa fue con mucho temor por parte de sus nuevos dueños, ya que pensaban en que si la podía morder un perro o escaparse, debido a que no tienen cerco. Sin embargo, sus miedos desaparecieron, la perrita se encuentra bien y adaptándose a su nueva casa.

Entre risas, Carmela afirmó: “Mi mamá estuvo cinco años diciendo que ningún perro iba a entrar a la casa, pero en una noche Amapola la convenció y logró dormir adentro. Tiene su colchón en el living y está feliz. Convive con dos coballas, las cuales llegaron durante la cuarentena también”.

Para concluir, Felipa confesó: “El mayor desafío va a ser cuando volvamos a la normalidad, ya que yo curso muchas horas y no voy a estar tanto con ella como ahora. Ahora es más fácil porque esta todo el tiempo con alguien en casa, y se la ve re feliz, pero es un trabajo, necesita atención, cuidados y cariño. Yo recomiendo muchísimo que adopten porque realmente te cambian la vida, creo que entienden y se dan cuenta que uno los eligió y ellos también nos eligen, que su vida cambió y ahora tienen una familia. Lo importante es saber que no vamos a abandonarla, ya sea que viva en Mendiolaza o en Córdoba. Parece mentira que alguien pueda amar tanto a un perro que hace cuatro días no conocía. Ahora, es todo el tiempo pensar en Amapola y querer estar con ella”.