La prolongada suspensión de las actividades, la falta de ingresos, el cierre indefinido de espacios, la rigurosidad de los protocolos vigentes para las pocas disciplinas habilitadas y la crítica situación económica del país, son algunos de los factores que oscurecen el panorama del sector artístico y cultural. Referentes de Sierras Chicas reclaman mayor contención estatal en un momento histórico donde muchas veces el arte salva, pero no se remunera.

Colaboración:

  • Valentina Solís, Antonella Monguzzi y Agostina Budrovich.
  • 5to Año, Instituto Educativo Nuevo Milenio

A medida que el Centro de Operaciones de Emergencias y las autoridades permitieron la paulatina activación de los distintos sectores productivos, numerosos rubros han logrado reinsertarse a la actividad laboral. Sin embargo, también son muchos los que aún aguardan para retomar sus trabajos, mientras se enfrentan al desafío constante de sortear el día a día. Este es el caso de los artistas y trabajadores culturales del país, que, con la mayoría de sus espacios cerrados, luchan para adaptarse a la situación y no desesperar en la búsqueda de soluciones.

En este contexto, surgen alternativas que casi no habían sido exploradas hasta el momento, como obras de teatro virtuales, clases a distancia a través de videollamada, paquetes de productos que se envían a domicilio y registros que apuntan a reunir a todos los artistas de una localidad.

Por su parte, los municipios de Sierras Chicas han intentado promover algunas respuestas ante esta problemática. En el caso de Río Ceballos, por ejemplo, la Dirección de Cultura convocó a participar de las presentaciones en la clásica Sala Caminito Serrano, bajo una nueva modalidad virtual. En Unquillo, la Dirección de Cultura y Turismo creó el Registro Municipal de Artistas Unquillenses (RAMU), para obtener una aproximación real del número de habitantes que hacen honor al nombre “Pueblo de artistas” y diseñar medidas específicas para estos actores de la comunidad.

Sin embargo, las iniciativas municipales se quedan cortas para paliar la crisis que atraviesa el sector cultural. Por eso, a lo largo del corredor serrano, se han formado y fortalecido los colectivos que reúnen a quienes viven del arte, en la búsqueda por encontrar soluciones mancomunadas a una problemática compartida. 

Dos ejemplos son el grupo Trabajadores de la Cultura de Río Ceballos y el Colectivo de Teatristas de Unquillo. Ambos son conjuntos autogestivos, cuyo objetivo hoy por hoy es formar nuevos lazos y enfrentar el difícil panorama actual y venidero.



Con el agua al cuello


Con las sucesivas aperturas del aislamiento, algunas actividades se pusieron en marcha nuevamente, como ciertos talleres que, mediante protocolos sanitarios, funcionan presencialmente. Sin embargo, las salas de teatro continúan cerradas, los espectáculos musicales inhabilitados, los ensayos cancelados y artistas de toda índole siguen sin poder ejercer sus carreras.

Nadia Recepter (actriz, docente de teatro y referente de los trabajadores de la cultura de Río Ceballos) señaló que la mayor dificultad, en este marco, es “generar los recursos económicos para vivir”. “Es necesario que la comunidad comprenda que en situaciones normales ya es difícil nuestra estabilidad económica. Las circunstancias actuales están siendo muy críticas”, remarcó. Asimismo, apuntó como agravante que, aún con la progresiva salida de la cuarentena, la sociedad “no está en condiciones de consumir arte”, a lo cual se suma “el miedo al contagio”.

Por su parte Mariana Caballero, Agostina Tosello y Agustina Carrique (del Colectivo de Teatristas unquillenses) señalaron que, para ellas, lo más complejo fue la frustración y el avasallamiento que supuso el “parate absoluto”. “Estábamos en pleno proceso creativo y no pudimos sostener virtualmente los proyectos que veníamos gestando”, apuntaron las representantes del teatro.

Inmersos en este desalentador escenario, los artistas pusieron en práctica algunas ideas para mantenerse a flote. Desde Trabajadores de la Cultura de Río Ceballos organizaron un padrón para que todas las personas de la localidad vinculadas al rubro “pudieran inscribirse y manifestar su realidad”, según explicó Recepter. A través del mismo, intentaron solventarse “instancias particulares, emergencias y ayudas mutuas”. Posteriormente, crearon “botiquines culturales” (que incluían un kit de distintos productos destinados a las familias, incluyendo juegos para los más chicos) y una tienda virtual.

En cuanto a la repercusión de estas iniciativas a lo largo de los últimos meses, Recepter comentó: “En un primer momento, la respuesta fue muy buena, pero al extenderse tanto tiempo la crisis que atravesamos, es entendible que el apoyo también haya mermado”. 

Por su parte, el colectivo de actores y trabajadores del teatro de Unquillo pasó a formar parte de la Asamblea de Teatristas de Córdoba y presentaron así funciones “a la gorra” en formato virtual. “La gente se manifestó muy bien ante esta forma de fomentar el teatro”, señalaron desde el grupo.

“Nuestro campo de acción laboral está extremadamente limitado y no es posible pensar una salida sin apoyo gubernamental. Necesitamos la declaración del estado de emergencia cultural y la implementación urgente de políticas públicas”. Nadia Recepter, actriz de Río Ceballos.

Presente distópico


“Nuestro campo de acción laboral está extremadamente limitado y no es posible pensar en la salida sin apoyo del Estado”, denunció Recepter, aludiendo a las dificultades que acarrean las medidas de seguridad, por ejemplo, los cupos reducidos en los espacios de enseñanza. Aparte, es clave la faltante de espectáculos en vivo, determinantes para subsistir.

Además, destacó que son necesarios más subsidios “y no becas”, desde todas las entidades gubernamentales. En este sentido, las representantes de las dos agrupaciones locales señalaron que tampoco lograron acceder al Fondo Desarrollar (apoyo económico para espacios culturales) ni a las becas Sostener Cultura (ayuda dirigida a integrantes de la comunidad artística y trabajadores de la cultura), medidas lanzadas por el Gobierno Nacional en el marco de la pandemia.

Respecto al mayor desafío que les depara la llamada “nueva normalidad”, Recepter resumió: “Creo que será, una vez más, intentar vivir de lo que amamos, nuestro arte”. “Desde todo el país se escuchan las voces de los artistas exigiendo la declaración del estado de emergencia cultural. Necesitamos políticas públicas que nos acompañen de manera urgente”, enfatizó la actriz.

De su lado, las trabajadoras unquillenses reflexionaron: “Los retos venideros no son pocos. En lo personal y humano, va a ser difícil encontrarse físicamente sin miedo y con confianza. Para nosotras, el obstáculo más grande es que el teatro se vuelva elitista, va a haber poco dinero para pagar una entrada, no todo el pueblo tendrá acceso a las obras, como sí podía ocurrir antes de la pandemia”.