El Día de las Infancias, celebrado el pasado 16 de agosto, una vez más ofició de oportunidad ideal para convocar la ayuda social. Así, diversas organizaciones, grupos e incluso individuos comprometidos por sí mismos, de manera particular, hicieron la tarea de recaudar distintos recursos para que ningún niño se quede sin regalo en su fecha. Nahuel Segovia, un joven rioceballense fue propulsor de la campaña “Una sonrisa para cada niño” y relata lo que dejó tal experiencia.

Las historias solidarias que giran en torno al Día de las Infancias favorablemente son numerosas. El festejo que tiene lugar anualmente el tercer domingo de agosto, es una de las fechas más convocantes en materia de solidaridad y se vivencian así reuniones sociales por barrios, eventos masivos o simplemente la entrega de juguetes, útiles u otros elementos, de parte de diversos núcleos sociales.

El 2020 fue un año bisagra, en que la clásica manera de celebrar debió reinventarse en pos de la emergencia sanitaria. Para muchos fue una duda como adaptarse al contexto y, otra vez, la virtualidad funcionó como aliada indiscutible para alegrar a los niños. No obstante, con las medidas correspondientes, también las sorpresas presenciales fueron posibles.

En Sierras Chicas una nueva propuesta se abrió paso, la denominada campaña “Una sonrisa para cada niño”.  Detrás estuvo una pareja de jóvenes, que se dedicó a juntar ropa, alimentos no perecederos, entre otros, para repartir en su localidad y en Unquillo. Se trata de Nahuel Segovia y Agostina Zambonin, vecinos de Río Ceballos, que impulsaron la colecta con un claro impulso: ayudar a los protagonistas de aquel domingo.

En una primera instancia, lo recaudado iría al merendero-comedor “Huellitas del Futuro”, del Pueblo de Artistas. Sin embargo, al ampliarse masivamente la cantidad de donaciones estimadas, Segovia y Zambonin empezaron a buscar más espacios donde colaborar. Finalmente, entregaron parte de lo obtenido también en merenderos de Barrio Agua del Peñón. “Fueron más de 150 chicos a los que entregamos ropa, comida, útiles y regalito por el día del niño”, contó orgulloso Nahuel.

Asimismo, se mostró sorprendido ante la repercusión de la iniciativa. “La respuesta de la gente fue realmente sorprendente, imaginábamos que íbamos a juntar algo, pero no de esa manera. La gente es muy solidaria, tiene ganas de ayudar, pero creo que muchas veces no se encuentran medios reales”, valoró.

En este sentido, agradeció tanto a la comunidad, como a los comercios que contribuyeron de alguna manera a que la acción se concrete. Inclusive, el Centro de Jubilados y miembros del Geriátrico El Pórtico formaron parte, con el armado de bolsas con golosinas para aportar a la causa.

“Estamos muy contentos por los resultados, nos impulsa a seguirlo haciendo”, aseguró y continuó: “Creo que no vamos a parar, si hace falta ayudar a algún lugar no necesariamente tenemos que esperar al día del niño, pero el proyecto está enfocado a esa fecha”.

Así, Segovia reveló lo más movilizante de la experiencia, que fue “ver a los chicos disfrutando, recibir su regalo y que salgan corriendo a mostrarlo a sus padres, ver ese sentimiento de felicidad”. Por último, emocionado, declaró: “Somos un simple conector entre personas que quieren ayudar y personas que necesitan esa ayuda”.