A los 21 años, Gonzalo Silvestre ya cuenta con un amplio recorrido en el handball provincial y nacional. Tras su paso por importantes clubes de Córdoba, hoy integra la Selección Universitaria Argentina y su enorme potencial lo llevó, a comienzos de este año, a ser convocado por uno de los grandes cuadros del balonmano bonaerense: Los Polvorines.

Colaboración:

Camila De Santis y Pedro Bergero

5to Año. Instituto Educativo Nuevo Milenio

Francisco Dávila y Santiago Aguirriberi

5to Año, Instituto Milenio Villa Allende


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En un pequeño departamento, en Los Polvorines (una ciudad que forma parte del segundo cordón del conurbano bonaerense), se empezó a gestar el nuevo proyecto de un joven cordobés que busca, con vehemencia, convertirse en jugador de handball profesional.

Gonzalo arribó a principios de febrero, el lugar es pequeño y él no necesita más. En su habitación hay una cucheta que comparte con su compañero, un arquero rionegrino al que todos conocen como “El Oso”. La presencia del golero le hace más fácil la adaptación a Gonzalo. Se llevan bien, reparten las tareas a la hora de cocinar, miran alguna película y, de a poco, asimilan la aventura de mudarse a la complejidad de Buenos Aires.

Resulta que “El Oso” conoce el paño, ya estuvo ahí el año anterior, y lo conoce a Silvestre de viajes anteriores. El resto de los compañeros se encarga de que los recién llegados se sientan parte, que no les falte nada. Una pandemia mundial interrumpe todo, de un día para otro Gonzalo arma una pequeña valija, pensando que la situación es grave, pero durará poco, y vuelve a refugiarse en Córdoba, junto a su familia.

Silvestre no tiene ni un ápice de duda cuando habla de lo que quiere. Su anhelo es tan grande que se siente seguro, incluso en un 2020 donde todos los proyectos parecen volverse humo. “Quizás sería distinto si me pusiese a pensar en todo lo que estoy ‘dejando’, sólo por un deporte. Pero yo estoy muy cómodo con lo que hago, nunca lo veo como un sufrimiento. Pongo diferentes factores en la balanza y lo que más me interesa es perseguir mi sueño. Si uno quiere que el deporte que ama sea su trabajo, tiene que afrontar los desafíos”, sostiene.

Este año, Silvestre se preparaba para ser parte de la Selección que disputaría el Mundial Universitario en Polonia. Foto gentileza.

Gonzalo siempre fue un niño inquieto, los deportes eran un motor indispensable para su infancia. Pasó por fútbol, básquet y tenis, hasta que, más pronto que tarde, comenzó a seguir a su papá a los entrenamientos de handball en Banco de Córdoba. Sus padres se conocieron jugando: Cristian Silvestre fue arquero de la selección cordobesa y Analía Ferrero fue lateral izquierdo de la selección argentina e integró el primer equipo cordobés que se impuso a nivel nacional.

Cuando Gonzalo comenzó a practicar, la primera era la única categoría que existía en el club, por lo tanto, si quería jugar, debía acostumbrarse a hacerlo ante jugadores mucho más grandes. Sus condiciones naturales y sus ganas le permitieron abrirse paso hasta convertirse en una fija de Banco, en lo que él considera su “primera familia” a nivel deportivo.

Silvestre no es sólo un atleta sólido, con capacidad para destacarse individualmente, sino un jugador totalmente dedicado al grupo, a través de un alto sentido de pertenencia. “Creo que la base de mi enfoque es el compañerismo. En Banco de Córdoba jugué con mi viejo, amigos y hermanos, todas personas que me nutrieron durante mis primeros cinco años. Mis recuerdos son los mejores”, afirma.

El joven sostiene que fue el club que lo vio nacer el que le permitió llegar, por primera vez, a la Selección Cordobesa de Handball, con solo 16 años. “Al mostrarme ahí fui convocado como refuerzo por otros clubes que afrontan campeonatos nacionales. En Banco crecí y decidí que me quería dedicar definitivamente a esto”, recuerda.

Luego de cinco años de aventura, Silvestre decidió dar un paso más y sumarse al Club Universitario, mientras continuaba su carrera en la Selección de Córdoba, donde ya era considerado un habitué. “Los llamados a la Selección o a un nuevo club son un mimo enorme. Te empujan y te hacen notar que tu esfuerzo vale la pena”, comenta Gonzalo.

Más tarde llegaría la hora de combinar su trabajo en el club con el resurgir de la Selección Universitaria Nacional. En uno de sus viajes por el país, recibió el interés y el llamado de equipos de España e Italia, que tenían la intención de contar con su talento. “Estuve a punto de irme a España en agosto del año pasado, ocupando cupo de extranjero. Lamentablemente no se pudo dar, tenés que estar en un nivel superlativo, incluso para los parámetros de ellos, porque el cupo que tienen para contratar extranjeros es de apenas tres personas. Estoy tramitando la ciudadanía, lo que me abriría muchísimas más posibilidades”, explica el deportista.

Lejos de estancarse en la frustración, el excelente nivel que sostuvo Silvestre lo depositó ante la chance de sumarse a Los Polvorines, un gigante del handball metropolitano que busca recuperar su antigua gloria. Silvestre ni lo dudó, y si bien el contexto sanitario truncó su primer año, él sigue entrenando, con bidones, escaleritas armadas en casa, las videollamadas de Zoom junto a sus compañeros y el empuje que lo caracteriza en la cancha.


El lateral derecho estudia profesorado de Educación Física y destaca la importancia de mantener una formación académica en paralelo al deporte. Foto gentileza Mari Tejeda.


El Milenio: ¿En qué posición jugás actualmente?

Gonzalo Silvestre: Estoy de alguna manera entre dos posiciones. Por un lado, juego de lateral derecho, que en el handball sería una especie de armador. A nivel general está el central, que comanda la ofensiva, y, a los lados, los laterales, que componen una primera línea tratando de pasarse la pelota en búsqueda de huecos y aprovechando el desorden del rival para generar un gol o asistir a los extremos o al pívot. El extremo derecho es la otra posición en la que suelo competir. Se trata de un wing muy adelantado, que juega más aislado en la esquina, esperando un pase para tirar directamente al arco.

“Siento que mi techo está lejos y no quiero ser mediocre, voy a apuntar siempre a dar un poco más y estoy seguro que voy a llegar a ser profesional en este deporte. Me tengo fe”

EM: Vos estás en Los Polvorines con una beca, ¿no? Sabiendo que la situación económica de los clubes es muy apremiante, ¿te comentaron algo desde la institución en cuanto al aspecto económico?

GS: Por el momento no nos dijeron absolutamente nada relacionado al tema. Yo creo que vamos a poder seguir como hasta ahora, con cierta normalidad. El panorama es muy incierto, pero confío en que vamos a estar bien. La beca me permite tener un techo, pero el resto va por cuenta mía. Tengo que trabajar y tener mi dinero.


Gonzalo y su padre, Cristian, compartieron durante mucho tiempo la cancha en el Club Banco de Córdoba. Foto gentileza Sergio Cejas/La Voz.


EM: ¿Llegaste a conocer un poco a tus compañeros en medio de todo este panorama?

GS: Sí, en realidad a algunos ya los conocía porque entrenan conmigo en la Selección y lo hacíamos por lo general en el club Los Polvorines, nos quedábamos a dormir ahí. Conocerlos de antes fue un plus para decidirme a ir a Buenos Aires. Hay una calidad humana tremenda y por ahora quiero quedarme ahí.

Llegué a hacer la pretemporada de este año. Estuve prácticamente un mes en Buenos Aires, habíamos jugado un único amistoso y un partido de la Liga de Buenos Aires. Ahí comenzó el aislamiento obligatorio y me tuve que volver a Córdoba.

EM: ¿Qué diferencias observaste entre el handball porteño y el cordobés?

GS: Creo que nunca entrené tanto como me tocó hacerlo en Universitario de Córdoba. Lo que sí percibo es que en Buenos Aires da la sensación de que nacen con un nivel técnico tremendo. Es un juego muy distinto el que proponen ellos. Tienen un ritmo frenético y desde ahí manejan los partidos, el equipo que impone sus tiempos gana. Acá intentamos equiparar esa calidad técnica con físico, con resistencia, pero nos falta dar el salto en lo técnico. A nivel físico siento que estamos igual o mejor que ellos.


Gonzalo integró el equipo del Club Universitario de Córdoba que se llevó el primer puesto en el Nacional de Clubes el año pasado. Foto gentileza Gonzalo Pacheco.


EM: ¿Dirías que llegar al profesionalismo es un objetivo clave para vos en este momento?

GS: Sí, sin dudas. Yo creo que el pico de un jugador de handball se mide aproximadamente a los 28 años y todavía tengo un amplio camino por recorrer en ese sentido. Siento que mi techo está lejos y no quiero ser mediocre, voy a apuntar siempre a dar un poco más y estoy seguro de que voy a llegar a ser profesional en este deporte. Me tengo fe.

“Es un juego muy distinto el que proponen en Buenos Aires con respecto a Córdoba. Tienen un ritmo frenético y desde ahí manejan los partidos, el equipo que impone sus tiempos gana”

EM: ¿Cómo pensás que serán los entrenamientos cuando se habilite la posibilidad de jugar al handball?

GS: Yo lo veo muy complejo al retorno deportivo. Lo que estamos evitando es el contacto y el handball está plagado de eso. A corto plazo la situación no es para nada buena, va a ser muy difícil implementar un protocolo para el deporte en sí.