El fotógrafo reconocido por sus retratos y su relevancia creativa en América Latina, reflexionó sobre los cambios que ha atravesado su arte y la influencia de vivir en Sierras Chicas. Además, compartió su última propuesta: un ciclo de charlas que busca reflexionar sobre las nuevas imágenes que recorren el mundo a raíz de la pandemia y las alteraciones que anuncian.

Colaboración

Martín Campos y Joaquín Cortez Funes 

5to Año, Instituto Milenio Villa Allende


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Guatemalteco de nacimiento y cordobés por elección, Luis González Palma es conocido por su extensa trayectoria en el campo de la fotografía, siendo uno de los representantes latinoamericanos más importantes dentro del ámbito.

Sus obras fueron expuestas en Francia, Escocia, Corea, México y Estados Unidos, entre otros países; recorrido artístico que lo obligó a enfrentarse a una serie de cambios rotundos, pero favorables. Hoy busca combinar la energía vital de la ciudad con la tranquilidad natural de Cabana, donde reside hace varios años.

Foto gentileza L. González Palma.

He hecho muy pocas exposiciones en Sierras Chicas, mi trabajo y mi vida están acá, pero todo lo producido es volcado hacia afuera”, comenta, pensativo, y agrega: “Yo necesito una ciudad que me mueva, que me dinamice el pensamiento, pero también me hace falta la experiencia contemplativa”. 

Para el fotógrafo, este deseo antagónico representa una paradoja en el proceso creativo. “El humano es un ser pensante, pero crea cuando no piensa. El único momento donde realmente la experiencia creativa se genera, es cuando no hay pensamiento. Y eso pasa al estar en contacto con la naturaleza”, reflexiona González Palma.

Estudió Arquitectura y Cinematografía, pero en 1984, cuando adquirió su primera cámara (una Pentax LX), la pasión por la imagen lo atrapó para siempre. Hoy trasciende las fronteras de su interés inicial por la fotografía, incorporando nuevas experiencias en una propuesta artística que va más allá de lo multisensorial. 

A mí no me interesa la fotografía, me interesa la imagen. La fotografía es sólo una forma de producir imágenes, un medio, un lenguaje que tiene sus códigos y valores. Lo que me atrapa de la imagen es su poder para simbolizar el mundo”, explica el artista.


En la búsqueda de perderse 


Los trabajos del artista visual guatemalteco pueden verse en su sitio web gonzalezpalma.com. Foto E. Parrau/El Milenio.


Para González Palma, la mirada humana fue un elemento crucial en sus primeras obras, marcadas por tonos sepia y rostros cargados de nostalgia y melancolía. “Son retratos que hice en los años 80/90 y de los que he tratado de escapar. En un momento pensaba que era importante tener eso que se llama ‘estilo’, un término muy complejo en realidad”, señala González Palma cuando mira hacia el pasado.

Ahora lo que me interesa es no tener estilo. No quiero quedarme limitado a la representación del mundo que yo he tratado de inventar, como algo estricto. Busco ampliar esa noción”, recalca sobre la motivación que lo ha llevado a expandir su trabajo hacia formatos como el sonido, la escultura y el vídeo. 

De todos modos, reconoce que es difícil salir de la propia experiencia. “Aunque hoy quiera hacer algo muy diferente, siempre va a haber algo que me ate, como mi estructura psíquica, el contexto donde he vivido y crecido. Mi mundo está marcado por eso: aunque trate de alejarlo, siempre va a existir”, señala con un atisbo de resignación.

El desafío es cómo hacer que una obra visual se expanda a otros sentidos, para que no tenga un significado único. Ese es el punto que me parece fundamental en este momento de mi vida: cómo hacer para que una imagen sea un sonido interesante o bien, cómo hacer de un sonido, una imagen poderosa”, explica el artista.

Para cualquier artista, la recepción de las obras es una instancia reveladora. “Que la otra persona sienta tu mundo de la misma forma implica que existe una especie de empatía, una ilusión en donde lo que yo siento frente a mi obra, quiero que lo sienta otro. Y muchas veces se da”, revela.

Nuevas ventanas al mundo


“Hacer una buena foto es fácil. Tener una buena idea, que tenga sentido y que amplíe la percepción del mundo, no lo es. El desafío es cómo expandir una obra visual para que no tenga un significado único”. Foto E. Parrau/El Milenio.


A pesar de los cambios y la evolución de su obra, para este creador visual, el interés central sigue siendo la condición humana y cómo hablar de ella a través de distintas técnicas. En este sentido, rescata la mirada como “reflejo de lo humano”. 

Antes, mi preocupación era la mirada, la dignidad de una persona, cómo atrapar en un retrato la complejidad humana a través de una mirada. Ahora lo que me interesa es la mirada del humano hacia el cosmos. Es totalmente distinto, no solamente es cómo me ves tú a mí o cómo te veo yo a ti, sino cómo veo al universo y cómo el ser humano ha tratado de darle sentido al universo”, explaya.

Hoy día, la pandemia mundial ha modificado esa experiencia de la mirada al mundo. Esta fue una de las razones que llevó a González Palma a brindar un ciclo de charlas sobre las imágenes que recorren el planeta y que anuncian esta alteración.

El arte es una herramienta poderosa para imaginar y dar sentido al contexto y al tiempo en que se vive. En este momento de la historia, es una prioridad pensar las imágenes que están configurando nuestra manera de ver al mundo (…) Es nuestra responsabilidad como creadores pensar, a partir de lo que percibimos en este momento, cómo será vivir en un mundo alterado, distinto al que conocíamos”, anuncia la convocatoria virtual.

La propuesta implica un ciclo de charlas con Graciela De Oliveira, arquitecta, artista y fundadora del proyecto Demolición/Construcción, junto al psicoanalista Mariano Horenstein. “Cada semana hablaremos sobre una imagen que consideremos relevante, buscando ‘leer’ en ella los sustratos no evidentes y poder comprenderlas en toda su magnitud, para renovar nuestras ideas e imaginarnos afrontando el mundo con acciones y actitudes distintas a las que tenemos en la actualidad”, finaliza.