Oriunda de la Perla de Sierras Chicas, Carina Gringoli emigró a Europa en su juventud persiguiendo un sueño: convertirse en cantante profesional. Hoy, 20 años después, deleita al público del Viejo Mundo con su tonada cordobesa y sus ritmos argentos. Desde España, habló sobre sus comienzos, las dificultades que sorteó en su carrera y sus últimos meses como estrella de la cuarentena valenciana.

Oriunda de la Perla de Sierras Chicas, Carina Gringoli emigró a Europa en su juventud persiguiendo un sueño: convertirse en cantante profesional. Hoy, 20 años después, deleita al público del Viejo Mundo con su tonada cordobesa y sus ritmos argentos. Desde España, habló sobre sus comienzos, las dificultades que sorteó en su carrera y sus últimos meses como estrella de la cuarentena valenciana.

Colaboración

Lautaro Alladio y Genaro Enrici 

4to Año, Instituto Educativo Nuevo Milenio

Agustina Castro y Martina Cagnolo 

4to Año, Instituto Milenio Villa Allende


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Las pasiones que uno forja pueden llevarnos por rumbos inesperados y obligarnos a tomar decisiones determinantes. Tal es el caso de Carina Gringoli, quien creció en los pasillos de un viejo hotel de Río Ceballos, pero, con 25 años, eligió trasladarse al Viejo Continente para crecer como cantante.

Desde niña supo con certeza que su camino era la música. Mientras pasaba sus días en la hostelería Las Tías, deslumbraba con recitales caseros a su familia. Un cepillo funcionaba entonces como micrófono, mientras el lugar del público ávido lo ocupaban los habitantes intermitentes del lugar.

Siempre dije que iba a ser cantante. En esa época no había tantos juegos móviles ni internet, se escuchaba mucha la radio y yo sentía el llamado de cantar, así que me subía arriba de la cama y me miraba al espejo mientras entonaba canciones”, recordó Gringoli durante una videollamada con El Milenio. 

Por esos años, el famoso Festirama de Río Ceballos también ayudó a ponerla en camino, ya que numerosos artistas que desfilaron por aquel escenario se hospedaban en el que era el hogar de Carina y se detenían, por un instante, a escuchar su voz y brindarle algunos consejos. Pero fue Nelson Siani, dueño del establecimiento y famoso músico de rock, quien se convirtió en uno de sus mayores referentes.

Es fundamental con quién te topás a lo largo de tu vida. Yo tuve la suerte de rodearme de gente que, de forma altruista, me regaló sus dones y me dejó valiosos aprendizajes”, valoró la artista. Tras realizar sus primeras incursiones como intérprete, Gringoli tomó la decisión que cambiaría su vida: dejar su ciudad natal y viajar a España.



Hoy su carrera prospera en Valencia, aunque el recorrido no estuvo exento de obstáculos. A las dificultades propias de la distancia, se sumó el diagnóstico de otoesclerosis bilateral mixta, una enfermedad que afecta su audición. Sin embargo, estas trabas terminaron siendo el impulso necesario para que Carina empezara a componer y finalmente completara su primer disco, “Dibujando Estrellas”.

Recientemente, la rioceballense se convirtió en una voz aclamada por la comunidad española ya que, durante el confinamiento a raíz de la COVID-19, Gringoli salió cada noche al balcón de su casa para cantar, con el propósito de alegrar y brindar un mensaje de esperanza.


La cantante de Sierras Chicas finalizó su primer disco durante el aislamiento e incluye diez temas inéditos. Foto gentileza.


El Milenio: ¿En qué género se encuadra tu trabajo? 

Carina Gringoli: Estuve muchos años haciendo folklore, aunque en España hice sobre todo tango. Hace unos diez años incluso fui seleccionada entre 50 personas para interpretar el papel protagónico de “María de Buenos Aires”, una ópera tango de Astor Piazzolla y Horacio Ferrer. 

Sin embargo, al disco que acabo de terminar quería que fuera fresco y atractivo para los jóvenes, así que me dirigí hacia el pop. Me fascina ese género porque es muy rico, a veces parece que fuera sencillo, pero es muy amplio a la hora de cantar, ofrece muchas posibilidades de interpretación. También me gusta mucho el soul y la música melódica.

EM: ¿Qué cambió en tu carrera desde que te radicaste en España?

CG: Me he sentido muy valorada, sobre todo por colegas músicos, algo que no sentía en Argentina, donde había celos y competencia. Como siempre se dice, nadie es profeta en su tierra. Cuando llegué a España trabajaba en bares, que era la salida laboral más fácil, y lo primero que me decían era “no cantes folklore, no les gusta”. 

Sin embargo, musicalmente era medio rebelde, siempre añadía algo de ese género en mi repertorio y la gente se animaba muchísimo. En la cuarentena también canté temas folclóricos y he sido aplaudida de forma increíble, por la profundidad de las letras y la riqueza de las melodías. 

EM: ¿Cómo es tu proceso de composición? ¿Qué lugar ocupa Río Ceballos?

CG: Extraño mucho mi ciudad natal. Es mi gran dilema hasta el día de hoy, después de tantos años, si me quedo o me voy. Río Ceballos me ha inspirado para componer, tengo una canción que se llama “Mi tierra me llama” y siempre se la dedico a Córdoba y a mi gente. 

En cuanto a la composición, es un trabajo difícil, pero a medida que lo hacés te va saliendo mejor. A mí me surge la letra y la melodía al mismo tiempo, luego voy realizando ajustes para que entren los tiempos, la métrica y demás, pero siempre comienzo pensando qué quiero transmitir, de qué quiero hablar.

EM: ¿A qué edad empezaste a componer?

CG: Cuando era chica jugaba con melodías, pero nunca lo hice seriamente porque, como no estudié composición, no podía plasmar esa música. Yo siempre he cantado, pero hace siete años, cuando se me diagnosticó otoesclerosis bilateral mixta, me alejé mucho de la música, más que nada a nivel anímico. 

Me costaba mucho mantener la nota, la afinación, tuve que reaprender a cantar y por suerte, a través de vibraciones y gracias al oído que tengo bien, lo logré bastante. Pero fue cuando toqué fondo que empecé a componer y lo considero mi mayor logro, son letras muy bonitas y profundas, creo que van a tener una buena repercusión.


“Cuando me diagnosticaron otoesclerosis bilateral mixta, me alejé mucho de la música. En ese tiempo toqué fondo, pero fue justamente cuando empecé a componer”. Foto gentileza.


EM: ¿Cómo surgió la idea de cantar en la terraza durante la cuarentena?

CG: Era algo que venía rodando por Europa, pero a mí ni se me había cruzado. Un día me llamaron mis suegros y me dijeron “tenés que cantar, la gente está triste, es un momento difícil y todos tienen que entregar sus dones a los demás’” 

Al principio me resistí, pero después me di cuenta que tenía un buen equipo de sonido, pistas gratis en Internet y que sólo me ponía trabas por miedo, así que empecé a hacerlo, pensando que, si iba a estar encerrada, prefería hacer algo por los demás. Mi objetivo fue brindar alegría y esperanza, por lo que elegí un repertorio variado que giraba alrededor de esa idea. Así, salía a la terraza y me enfocaba en pensar “un día menos”.