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Alrededor de las cinco de la tarde un 14 de abril de este 2020, en plena Ciudad de Córdoba, un colectivo de la empresa Ersa desvía su recorrido y se dirige de inmediato al Hospital Rawson. ¿El motivo? Una médica que viajaba en la unidad advirtió que otra pasajera tenía síntomas asociados a la COVID-19 y por esto mismo, sugirió al chófer activar el protocolo de emergencia previsto para este tipo de situaciones.

En aquella ocasión donde todavía regia con fuerza el aislamiento social obligatorio, se encontraban solo nueve pasajeros a bordo, pero: ¿Qué pasará cuando se levante oficialmente la cuarentena y se reactiven las clases presenciales? ¿Qué pasará si una situación así se repite en horario pico?

Un estudio del Instituto de Investigación y Formación en Administración Pública de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba, sugiere que la nueva normalidad post-pandemia traerá muchos cambios en la forma en que se maneja nuestro sistema de transporte público.

Seguramente algunos de los prestadores de servicio de transporte público no se recuperarán del impacto de la pandemia, lo que impactará principalmente en los sectores de menores ingresos que dependen de manera más directa del transporte público para sus desplazamientos”, asegura el documento publicado a principios del mes de junio.


¿Y los interurbanos?: No llegaron los subsidios nacionales y continúa el paro


Según el informe realizado por el Grupo de Investigación en Políticas de Transporte y Movilidad (GIPTM), es probable que como consecuencia del nuevo tipo de coronavirus algunos de los usuarios de transporte público adopten para el futuro otras modalidades de movilización, por ejemplo, viajes compartidos en automóviles, utilizar bicicletas o motocicletas.

Como ejemplo del modo de actuar de la sociedad posterior a superarse una crisis, toma la del 2001, donde en consecuencia de la misma se transportaron 38 millones de pasajeros menos en el sistema de transporte en los años 2000 y 2002, en tanto que la recaudación del sistema pasó en dicho período de $ 113.810.205 a $ 80.442.638, en medio de una gran devaluación del peso argentino (el tipo de cambio aumentó de $1 por dólar a $3,52 pesos por dólar a fines del 2002).

Además, es posible que la pandemia genere un cambio permanente, no solo en los patrones de movilidad sino también en la organización laboral (facilitando el tele-trabajo), lo que naturalmente impactará en las necesidades de movilidad de las personas. Lo que en definitiva se trasladará en una menor recaudación.

La crisis en el transporte


A mediados de junio, el paro de transporte interurbano en la provincia de Córdoba superó los 60 días, desde que el gremio AOITA decidiera suspender el servicio por falta de pago de las empresas a inicios del pasado mes de abril. Se trata de una situación inaudita en la historia del transporte cordobés, que solo pasa desapercibida, por la baja necesidad de circulación de la masa de trabajadores, estudiantes secundarios o universitarios.

Una semana atrás, el gremio y las empresas de transporte habían acordado la regularización de la deuda mediante la liquidación del 75 por ciento de los haberes, y la deuda pendiente en dos cuotas, sin embargo, Emiliano Gramajo, secretario general de la AOITA, dijo que ese acuerdo no se cumplió. Por lo que es de suponer que el conflicto se extenderá por lo menos, un par de semanas más.

En este contexto, la nula circulación del transporte público interurbano hace imposible prever la aplicación del Protocolo previsto por el COE para la habilitación del sistema. Donde uno de sus puntos principales es el de viajar solamente con un 60 por ciento de su capacidad, evitando que las personas se trasladen a pie dentro de la unidad y manteniendo el contacto con el chófer lo mínimo posible. En el corto plazo, se sugiere que las frecuencias serán de día sábado, pero las mismas se irán reforzando según vaya aumentando la demanda.

A esto, se suma la preocupación de la Facultad de Ciencias Social a raiz de las medidas impulsadas por los gobiernos para facilitar el distanciamiento físico de los usuarios (reduciendo el número de pasajeros que se admiten en cada unidad), que colaboraron con la caída en la demanda en el sistema de transporte público y por ende, la quiebra a muchas empresas prestadoras del servicio.

Si bien, este escenario se debe, en el corto plazo, a las medidas de restricción de movilidad implementadas, es de esperar que en el mediano plazo las condiciones no sean diferentes, debido a la reducción en el nivel de actividad resultante de la crisis económica mundial.

Pensando alternativas


En algunos casos, el protocolo tiene previsto que los pasajeros suban con permisos especiales para viajar. /Fotografía gentileza La Voz


Finalmente, el documento redactado por la Facultad de Ciencias Sociales sugiere considerar algunas alternativas para paliar la crisis del transporte público que fueron probadas con singular éxito en varios países, entre las cuales se destacan:

  • Crear un sistema de beneficios al pasajero por el uso del sistema de transporte, como descuentos por consumo o por cantidad de kilómetros del viaje. Las experiencias llevadas a cabo en ciudades como Durham y Boston (EE.UU.); Hong Kong y Vancouver (Canadá) señalan la viabilidad de este tipo de abordajes.
  • Garantizar el funcionamiento de los servicios mínimos en el corto plazo y revisar el equilibrio financiero de las empresas en el mediano y largo plazo. Para ello, los subsidios a las empresas deben complementarse con medidas “regulatorias” que permitan “sostener” la prestación, fundamentalmente para que no sea necesario aplicar ajustes tarifarios que, si bien históricamente se encuentran asociados a la evolución de los costos de operación, tornarían inaccesible el servicio para los sectores más vulnerables.
  • Recomendar a los usuarios del servicio, evitar traslados innecesarios incentivando los modos activos (bicicleta o caminata) siempre que sea posible, y en caso de utilizar los servicios de transporte público hacerlo en horarios de menor demanda adoptando las medidas de higiene correspondientes.
  • Modificar el horario de la administración pública podría “optimizar” la oferta a partir de la “regulación” de la demanda. Escalonando el horario de inicio de las distintas actividades (productivas, comerciales, educativas, de servicios, etc) podría modificarse la distribución horaria de los viajes que se realizan diariamente en la ciudad y el área metropolitana, permitiendo una mayor utilización de la flota de transporte y facilitando el cumplimiento de la regularidad de servicios que circularían por vías menos congestionadas.

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