Estos espacios funcionan como lugares específicos para ayudar a las personas discapacitadas a desarrollarse en un ámbito independiente, a partir de sus habilidades. Susana Descotte es precursora de uno de los establecimientos en Candonga y cuenta la realidad que viven, como se manejan e invita a la reflexión.

Por Antonella Monguzzi, Valentina Solís y Agostina Budrovich

Instituto Educativo Nuevo Milenio


Susana Descotte es oriunda de Buenos Aires, pero desde 2003 radica en Córdoba. La mudanza trajo consigo algunos desafíos para su hermana, con discapacidad intelectual y en el intento de mejorar su calidad de vida, Susana resolvió abrir un Centro de Día. Allí, en un espacio creado meramente a pulmón, muchas familias encontraron una contención, donde el propósito es enfocarse en las “posibilidades” de cada asistente.

Además, los vínculos más cercanos desempeñan un papel fundamental.  “El acuerdo es entre las tres partes, nosotros como institución, la familia y la persona que concurre”, destacó Descotte.

Actualmente, ante la pandemia, el Centro de Día de Candonga continúa con sus actividades, de manera virtual. Susana reconoció que, aunque la situación es difícil, aguardan la vuelta, “seguramente paulatina, pero maravillosa”.


La principal metodología de labor durante la cuarentena, es la videollamada. /Foto gentileza.


El Milenio: ¿Cómo surgió la idea de abrir este hogar de día?

Susana Descotte: Nos mudamos a Córdoba con mi familia en el 2003. Mi hermana tiene una discapacidad intelectual y se vino a vivir con nosotros. En esta zona no había absolutamente nada como para que ella pudiera asistir diariamente, entonces ahí es cuando encare toda la actividad con ella. Yo la llevaba a Córdoba, al Centro de Día; la esperaba, volvía y entonces, ahí me di cuenta que ese no era mi proyecto en la vida, así fue con mi marido que empezamos a ver cómo podíamos cambiar esa realidad.

Se nos ocurrió en hacer un Centro de Día porque para nosotros era muy engorroso ir todos los días hasta allá y ella, desde que empezó a vivir acá, cambió muchísimo, el lugar es una maravilla.

EM: ¿Cómo lograron llevarlo a cabo?

SD: Yo tenía experiencia como colaboradora, nunca estuve a cargo, pero tenía algunos conocimientos. Me contacté con gente que sabía del tema y de a poquito fuimos haciendo todo.

Analizamos que hacía falta para trabajar con discapacidad en este lugar que es tan sanador en sí mismo, vimos la posibilidad de sacar créditos y contamos con la ayuda de mucha gente.

Con el marco que regula toda esta actividad y las necesidades que había que cubrir, armamos un edificio acorde que construimos con muchísimo esfuerzo, pero lo logramos.

Me fui acercando a gente muy linda que actualmente colabora incondicionalmente como la psicóloga, el trabajador social, la terapista ocupacional entre otros.

Es un trabajo muy intenso el que estamos haciendo en este período de aislamiento.

EM: ¿Qué tipo de actividades realizan? ¿Cuál es el objetivo de este centro?

SD: Trabajamos dentro de la Ley 24.701, que identifica a través de toda su reglamentación un cuerpo directivo y técnico, donde hay profesionales de la salud, un director que está afuera del equipo, y por supuesto, el trabajador social.

Con todo este equipo empezamos a trabajar con las necesidades, talleres, de todo esto que tiene que ver con la actividad diaria. Hacemos equinoterapia, tenemos el lugar que es maravilloso, tenemos el río, una huerta lindísima, granja y caballos con toda una estructura para que se puedan subir bien.

Contamos con un montón de maravillas que nos ofrece este espacio, y hacemos talleres de todo tipo, como de cocina o educación física. Las actividades son lindísimas porque son caminatas y acantonamientos. Es como armar un proyecto bastante completo para los jóvenes y adultos que concurren.

Lo que trabajamos básicamente son los talentos, no los impedimentos, es decir, ver que se puede hacer, colaborar con nuestros jóvenes, con nuestros concurrentes, lograr lo que es factible, esto da muchísimas oportunidades.


En el Centro de Día de Candonga se trabaja tanto individual como grupalmente. /Foto gentileza.


EM: ¿De qué modo se trasladan diariamente para asistir al hogar?

SD: Como estamos un poquito apartados, la gente que llega hasta acá, lo hace con transportes especiales que los trasladan. Van a buscarlos y los traen hasta acá a las 10 y a las 17 horas se van. Desayunan, almuerzan y meriendan en nuestro predio.

Todo este traslado, es posible porque el espacio está habilitado por el Ministerio de Salud de la provincia de Córdoba, por el municipio, y la superintendencia de Salud de la Nación.

Somos prestadores a nivel nacional, todo esto lo cubren las obras sociales, es gratuito para las personas y para las familias.

EM: ¿Con qué tipo de discapacidades trabajan? ¿Se realizan actividades de manera grupal?

SD: Asisten personas jóvenes y adultas con discapacidad intelectual, pero muchas veces viene otro tipo de dificultad adjunta. Trabajamos de forma grupal, con actividades a cargo de los talleristas.

A su vez, tenemos el equipo técnico que trabaja de forma individual con cada uno de ellos de acuerdo a las necesidades que tienen y lo que cada uno va necesitando, también con la familia, porque nosotros creemos que no es una temática para abordar exclusivamente con la persona con discapacidad, porque en general requieren de asistencia y los familiares son los más cercanos de las personas con discapacidad. El acuerdo es entre las tres partes, nosotros como institución, la familia y la persona que concurre.

EM: ¿Cuentan con algún tipo de ayuda de alguna entidad pública?

SD: La Fundación Candonga es la que principalmente colabora con las necesidades que no puedo cubrir yo como titular. Además, estamos armando un proyecto con la Facultad de Agronomía, ya que contamos con un campo agroecológico, es decir, sin químicos, y queremos aprovecharlo preservando siempre el cuidado del ambiente.

Para ello, contamos con guardaparques que realizan caminatas para el avistaje de aves y plantas autóctonas; mientras que, los estudiantes de la facultad que están estudiando cómo criar a los pollos de manera ecológica sin engordantes.

Tenemos una huerta muy linda que podría ser de uso comunitario, lo que traería como resultado que nuestros concurrentes participen en ferias agroecológicas.


Las actividades que se realizan son múltiples y variadas, como caminatas, talleres, equinoterapia y huerta. /Foto gentileza.


EM: ¿Cómo es la modalidad de trabajo durante esta etapa? ¿Pensás que esto afecta de algún modo a las personas que solían asistir al hogar previo a la pandemia?

SD: Estamos trabajando de manera teleasistida, es decir, mediante vídeos y llamadas. La relación que tenemos con las familias facilita mucho trabajar de este modo ya que conocemos cuales son las necesidades de cada una; en algunos casos tenemos que estar de lunes a lunes y de forma personalizada porque son situaciones muy difíciles.

Contamos también, con la habilitación del servicio de viandas por lo que llevamos comida a los hogares porque esta situación es muy complicada para todos. Es un trabajo muy intenso el que estamos haciendo en este período.

EM: ¿De qué forma se retomarán las actividades, luego de finalizar la cuarentena?

SD: Nosotros no somos los primeros que vamos poder volver a trabajar. Creo que la vuelta será maravillosa pero a la vez paulatina. Esto es un día a día y minuto a minuto, todo se dio muy rápido, no pensamos nunca en hacerlo de esta manera y acá estamos.

Estamos trabajando presencialmente con los psicólogos y todo el equipo, donde vemos que hay muchas dificultades. Estamos pendientes y a disposición, tanto de la familia como de la persona que asiste a nuestro Centro. 

Nosotros no somos los primeros que vamos poder volver a trabajar. Creo que la vuelta será maravillosa pero a la vez paulatina. Esto es un día a día y minuto a minuto, todo se dio muy rápido, no pensamos nunca en hacerlo de esta manera y acá estamos.