Joaquín Murua, un joven de Unquillo y estudiante de kinesiología, compartió su experiencia como voluntario en distintos centros de salud que se preparan para hacerle frente a la pandemia del Covid-19.

Joaquín Murua es un joven unquillense y estudiante de quinto año de la licenciatura en kinesiología. Consciente de la situación que atraviesa el país y la región a causa de la pandemia por el Covid-19, no dudó en buscar una forma para ayudar desde sus conocimientos.

Fue así como decidió anotarse en un voluntariado orientado estudiantes y profesionales relacionados a la Facultad de Ciencias Médicas de la UNC. En contacto con El Milenio, Murua compartió cómo fue su experiencia después de poner en practica lo aprendido en los distintos centros de salud de las Sierras Chicas y la región.


El rol de los voluntarios para contener el Covid-19 en Sierras Chicas y la Provincia


El Milenio: ¿Cómo iniciaste este voluntariado?

Joaquín Murua: Arranqué después de anotarme en una convocatoria que mandó por correo electrónico la Facultad de Ciencias Médicas pidiendo voluntarios para hacer actividades y colaborar con el tema del COVID-19. Después me llego otro mail que invitaba a los que se habían anotado al voluntariado, a participar de una capacitación y al día siguiente, una actividad.

EM: ¿Es necesario tener alguna capacitación o ser estudiante de alguna carrera en particular para realizarlo?

JM: Si, un día antes de realizar la actividad nos citaron a una capacitación donde nos dividieron en dos grupos, a uno lo capacitaron para hacer un correcto llenado de planillas (donde toman los datos de las personas, preguntan si viajaron, tuvieron/tienen síntomas, etc) y al otro grupo para hacer el hisopado.


Foto gentileza.


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EM: ¿A qué lugares has asistido y qué tareas has tenido que realizar?

JM: Asistí hasta ahora a tres lugares, al Hospital Josefina Prieur de Villa Allende, al Centro Municipal de Salud «Norcelo Cardozo» de Río Ceballos y a un dispensario de Villa Parque Santa Ana. En los primeros dos estuve haciendo hisopados orofaringeos y en el último, llenado de planillas.

El objetivo es anotar los datos de las personas examinadas, tomar una muestra del tejido de las amígdalas y faringe posterior para enviarlo a un laboratorio donde se analizan esas muestras y así detectar si la persona es positivo o negativo de COVID-19.

Por ahora se le hizo el hisopado a las personas que trabajan en centros de salud, sean agentes de salud o que realicen otras actividades en el lugar.


El joven rescata la buena predisposición y la gratitud de las personas. Foto gentileza.


EM: ¿Cuantas horas abarca el voluntariado?

JM: Aproximadamente, de cinco a seis horas, puede ser más o menos dependiendo que tan lejos esté el lugar a donde vamos y al número de personas haya que hisopar.


El grupo de voluntarios fue amplio y se dividió en distintos centros. Foto gentileza.


EM: ¿Cómo ha sido la experiencia?

JM: Realmente fue muy buena la experiencia y me encantó participar. Personalmente la hago con mucho gusto, porque a pesar de que uno puede volver medio agotado de la actividad por el viaje o por tener que estar concentrado en hacer bien las cosas y en respetar el protocolo de seguridad que nos dan, el hecho de poder dar una mano en toda esta situación es muy llenador y vale mucho la pena.

Además, la buena predisposición y la gratitud de las personas a las que se les hace el hisopado (a pesar de que puede ser medio engorroso que te metan un hisopo hasta la garganta), te hace sentir que valoran tu actitud y a uno le suma también.