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A sus 40 años, María Constanza Guevara Bianchi es sinónimo de elasticidad, fuerza, equilibrio. Arrancó con lo que hoy es su pasión, hace aproximadamente diez años, cuando radicaba en Buenos Aires. Pero, desde que se abrió paso en lo que era una práctica sumamente novedosa, por aquel entonces, nunca más vivió en una ciudad fija y comenzó a viajar, junto a su maestro, Jason Nemer, trasladando sus conocimientos.

Hoy continúa en ese rumbo, de la mano de su marido Rodrigo Alvarellos y su hija, siendo unos verdaderos trotamundos. Pero, además, Rodrigo fue el pionero de la disciplina en Sierras Chicas y fundó Son de Paz Ecotemplo, en Salsipuedes. Allí, actualmente, profesores capacitados dictan clases regulares para los interesados en el acroyoga y formaciones para quienes quieran introducirse en la enseñanza, mientras Constanza y Rodrigo siguen viajando.

A ese espacio, donde queda siempre un pedacito de su alma, vuelven cada tanto a reencontrarse con el aire serrano y seguir atrayendo adeptos, como sucedió en febrero. Hoy, se definen como una comunidad, que se rige por los métodos de la escuela Acroyoga Internacional, cuyo mayor referente es el colombiano, Juan Pablo Restrepo.

Pero, al fin y al cabo, ¿de qué trata la acroyoga? Coni, como todos la llaman, define la práctica como una conjunción entre la acrobacia, el yoga y el masaje tailandés. A partir de estas tres disciplinas que se fusionan, se realiza un abordaje del ser basado en la comunicación y el entendimiento de lo humano a través de lo corporal.

Fotografía gentileza Alejandro Severini.


El Milenio: ¿Cómo es una sesión?

Constanza Guevara: La práctica tiene principalmente dos aspectos, uno solar y uno lunar. Lo solar tiene que ver con lo acrobático y lo lunar con lo terapéutico. Una sesión puede tener ambas partes o enfocarse en una de las dos. Se empieza con una estructura base, donde se manifiesta una intención para la clase, ahí entra la parte humana. Luego sigue una entrada en calor, progresiones que te lleven al ejercicio que vas a compartir, que puede orientarse en lo terapéutico o acrobático. Finalmente, se estira y hay un cierre.

La duración es depende la clase, pero nunca menos de 1 hora y media, sino no alcanza para lo que querés trabajar. Al trabajarse en grupos se necesita tiempo, suelen ser de 3 personas, porque hay 3 roles, una persona que es la base y sostiene abajo, otro que vuela y alguien que cuida. Alguien sostiene, alguien confía y se entrega y alguien por fuera ayuda a que suceda esto. En cuanto a la regularidad, conviene hacerlo mínimamente 2 veces por semana, para que el cuerpo empiece a tomar un entrenamiento.

EM: ¿Podrías ampliar lo de los aspectos solar y lunar?

CG: Se le dice lunar a lo que tiene que ver con lo terapéutico, principalmente el masaje tailandés y los vuelos terapéuticos, que es cuando una persona está sobre otra. En este caso, el que está de base es el que principalmente sostiene desde la fortaleza y alineación, el que vuela está en un rol más pasivo. Mientras que, en lo acrobático, o solar, ambos son activos y requieren de una integración muscular. En la preparación y estiramiento, intervienen las dos facetas, requieren fortalecimiento y técnica de alineación, nutriendo al resto de la clase.

EM: ¿Qué características tiene que tener alguien para adoptar los roles?

CG: En esta práctica se busca que todas las personas pasen por todos los roles, no hay una intención de que, si tenés un cuerpo fuerte siempre seas base, por ejemplo; sino que se vivan los tres, porque desde ahí es donde mejor nos encontramos.

Pasar por los tres roles nutre como practicante, la idea es no encasillarse. También sirve para trabajar la comunicación y los vínculos. Pero, podría decirse que roles también tienen que ver con la personalidad, algunos quieren tener el control, otros se entregan y fluyen, pero nadie viene a una práctica a hacer solamente de cuidador.

El que quiere practicar solo tiene que tener apertura mental, abrirse al contacto, la comunicación, los desafíos, ganas de querer superar miedos.

EM: ¿Qué beneficios ofrece esta práctica?

CG: Principalmente tiene mucho de autoconocimiento porque cuando nos ponemos en vínculo con otro a través del cuerpo, éste no nos permite mentir; nos ponemos en evidencia en cuanto habilidades y dificultades, que se manifiestan, además los otros hacen de espejo.

Ayuda mucho a la comunicación, para construir con los otros, tanto en lo verbal y no verbal, se entienden muchas formas de esa herramienta y como escuchar. Y después, la salud corporal porque trabajamos todos los aspectos que se necesitan para balancear la salud, como lo es la fortaleza, elongar, ser fuerte y flexible al mismo tiempo; tanto en lo físico como en lo emocional.

EM: ¿Hay diferentes niveles?

CG: Dentro de la práctica no, en la formación sí, nivel 1, 2 y demás. Es tiempo y dedicación, pero no existen divisiones que pongan etiquetas.

EM: ¿Qué diferencia este estilo de otros tipos de yoga?

CG: El yoga es una práctica individual, depende el estilo tiene un ritmo u otro, o diferencias técnicas en formas de construir posturas. Son para hacer un trabajo personal, vos, tu cuerpo y tu mente. El acro tiene como diferencia principal el trabajo con otra gente.

EM: ¿Cuál crees que el motivo de la expansión de la disciplina?

CG: Es una práctica que creció mucho en aproximadamente 13 años, en todo el mundo; especialmente en Argentina creció muchísimo, es algo que sorprende. Creo que tiene que ver con nuestra necesidad de encontrar valores en nuestra comunidad, porque vivimos en el caos. Socialmente tenemos muchos desafíos, que nos traen el beneficio de tener que unirnos para buscar soluciones y alternativas que nos sostengan internamente.

Trae un lugar de pertenencia, encuentro con la comunidad, porque eso es lo principal que se construye. Ese sentido de pertenencia hace que la gente se sienta atraída por un espacio donde se trabaja la escucha, la comunicación positiva,  donde uno se encuentra aceptado, sostenido.

Otro punto, es que el yoga, en sí, a veces genera una sensación de “ser inalcanzable”, frente a tantos principios y preceptos, la gente siente que no es fuerte, flexible o “puro”. El acro es más inclusivo como práctica, contiene y después uno profundiza como puede.

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