El arquero se convirtió en uno de los máximos ídolos en la historia de River y fue pionero de un estilo de juego que marcó el puesto para siempre.

Un pedazo de historia del fútbol nacional se fue la madrugada de este viernes. Amadeo Carrizo, nacido en Rufino el 12 de junio 1926, no podrá recibir los homenajes en presencia física que merece, ante la necesidad de quedarnos en nuestras casas.

Sin embargo, las generaciones aún presentes que vieron volar entre los tres palos a uno de los arqueros más extraorinarios del siglo XX nunca lo olvidarán.

El enorme golero llegó a River Plate con apenas 16 años, proveniente de su Santa Fé natal y poco tiempo después fue abriéndose un lugar como titular, con la banda roja que cruzaría su pecho durante prácticamente toda su carrera.

Quienes tuvieron la fortuna de observarlo en vivo, sostienen que Carrizo era un innovador, un portero con cualidades de avanzada para la época, a través de su capacidad para adelantarse a situaciones del juego y asumir riesgos que en ese momento no eran propios de un arquero promedio.

Además, se convirtió en uno de los primeros en el ámbito nacional en incorporar los tan valiosos guantes para atenazar mejor el balón entre sus manos. Su porte y presencia en el estadio cautivaba los corazones del público y sus acrobacias para frenar la redonda se volvieron una distinción constante.

Amadeo Carrizo en el patio de su casa: el Estadio Monumental.


En tiempos en los que el puesto de arquero era desprestigiado como una herramienta extra con pocas cualidades futbolísticas, Amadeo deslumbró por su gambeta impertinente y su soltura para jugar con los pies y ridiculizar delanteros rivales.

Su prolífica carrera en River lo tiene como participe en 520 encuentros en ligas nacionales, además de 24 en Copa Libertadores y 20 con la camiseta argentina. A sus 42 años generó un record de imbatibilidad impensado en una etapa en la que el fútbol contenía muchos más goles: 769 minutos de valla invicta. Apenas dos años atrás era epopeya fue superada por Franco Armani, actual arquero de River.

Amadeo Carrizo fue fútbol y fue gloria, fue recuerdo feliz de sus hinchas y gritos de gol apagados de sus rivales. Pero ante todo, Amadeo Carrizo fue escuela, para generaciones de arqueros que crecieron añorando ocupar el puesto y demostrar que sin buenos porteros no hay equipos campeones.