Mariano Bennazar, corredor unquillense de cuadriciclo, habló con El Milenio sobre su trayectoria y su participación en la última edición de la carrera más importante del mundo.

Por Agostina Budrovich


La travesía en el desierto es una experiencia inigualable, cada piloto tiene un recorrido singular y una historia para contar. El corredor Mariano Bennazar narra su pasión y sacrificio por el rally en su forma más extrema. El unquillense participó del Dakar 2020 en la categoría cuadriciclos, enfrentándose a una carrera que atemoriza y enamora. En diálogo con El Milenio, Bennazar charló acerca de sus inicios en los complicados circuitos y los mayores desafíos que enfrentó en su camino como piloto.

El Milenio: ¿Cómo llegaste al deporte motor?

Mariano Bennazar: Fue en 2010. En realidad, me gustaba andar por las sierras, hacía rally. De modo que un día trabajando para la organización del Dakar descubrí la locura que hacían los que corrían acá en Sudamérica y me enamoré de la épica, lo trascendente y loco que es esto.

Soy una persona que disfruta de los desafíos que presentan dificultades enormes. Entonces, en 2013 ya empecé a preguntar acerca de costos y cómo podía arrancar. Me contacté con personas allegadas al tema y comencé un trayecto para poder tener algún día la posibilidad de ser elegido por los organizadores del Dakar. Finalmente me postulé como candidato, después de muchas carreras a nivel nacional.

EM: ¿Lo encaraste apuntando al profesionalismo o solo pensando en el disfrute que te genera correr?

MB: Lo hice de manera amateur, no de forma profesional porque trabajo, soy una persona que cumple con las obligaciones de la mayoría. Los inicios fueron complicados, había que buscar presupuestos, conseguir la máquina y aprender a navegar. No es nada sencillo, una vez que entrás, empezás a comprender muchas cosas.

Como todo en la vida, lleva un proceso de compresión y entendimiento, me llevó tiempo. Toda la etapa de 2014 y 2015 fue dura, había que entender cómo competir, interpretar la carrera, cómo eran los días, qué era importante y qué no, la preparación física y psicológica, así como las situaciones riesgosas.

En 2015 hice muchos “clics” a nivel mental que se tradujeron en lo deportivo. En 2016 entendí cómo había que competir y logré el Subcampeonato Argentino de la especialidad. Para mí eso significó muchísimo y fue increíble teniendo en cuenta que yo había empezado tarde, ya tenía 42 años.

EM: ¿En qué tipo de competencias participaste?

MB: En 2014 participé del Campeonato Argentino, organizado por una empresa que está relacionada con el Dakar, mientras este se realizaba en Sudamérica. En 2016 fui subcampeón argentino en la especialidad 4×2, la única categoría del Dakar.

Después empecé a participar en competencias internacionales en Paraguay, Chile y Perú. El año pasado fui a correr a Marruecos en la tercera fecha del mundial, logrando el quinto puesto. También participé en los Dakar de los años 2017 y 2018, con ciertos abandonos por problemas mecánicos.


Mariano Bennazar tuvo la oportunidad de participar en el Dakar 2020.


EM: ¿Cómo fue la experiencia de participar de esta competición tan importante a nivel mundial en un país tan alejado y de costumbres tan distintas a las nuestras, como lo es Arabia Saudita?

MB: Sigo tratando de interpretar lo vivido. Todavía no me cae la ficha de semejante locura y haber terminado la carrera. Es una cultura muy diversa, lo que ayudó a desandar la experiencia fue la globalización. Aprendí mucho de las costumbres de allá y cómo están cambiando con el mundo nuevo que se les viene. Hay pocas ciudades, pero son muy grandes y modernas. Hay un gran mar de arena. Fue un mes muy intenso, entre llegar, prepararnos y correr.

Nos habían dicho que teníamos que tener mucho cuidado con sus costumbres, pero fue más liviano de lo que nos esperábamos. Decían que no podíamos andar en bermudas, pero en los shoppings los mismos habitantes las utilizaban. Las mujeres 100% tapadas. Tienen leyes muy exigentes, nadie roba porque te cortan la mano. Pero la gente es muy amorosa, buena, cálida. Era complicada la comunicación, usaban más que nada el inglés. Nosotros nos la arreglábamos con el lenguaje de señas.

EM: ¿Cómo es la relación entre competidores?

MB: En el caso mío, muy buena. En realidad, siento que esta carrera uno no corre contra otro, sino contra uno mismo. Contra hacer las cosas bien para que después se traduzca en un buen resultado en cuanto al tiempo. En ese aspecto, es distinto a otro tipo de circuitos donde vas en un mismo “panal” superando y siendo superado por otros corredores. Acá se trata de hacer tu mejor tiempo y diagramar estrategias de manera inteligente al momento de navegar. No es una competencia donde gana solamente el más rápido, gana quien pueda combinar la velocidad con la audacia, la inteligencia. Es distinto y apasionante.

EM: ¿A qué desafíos se enfrenta un corredor de Dakar?

MB: Es la carrera más difícil del mundo. El desafío es terminar el día y que el vehículo no sufra ningún tipo de inconveniente, que uno físicamente no termine agotado, no romper el vehículo porque al otro día hay que arrancar de nuevo, y llevar problemas mecánicos al equipo puede ir transformando la situación.

Hay que cuidar la máquina todo el tiempo, porque son muchos días de carrera y es muy larga, por lo tanto hay que administrar todo. Tenés riesgos de golpearte en zonas peligrosas cuando el trayecto se pone dificultoso, porque nos hacen pasar por lugares complejos. Riesgos de accidente también hay, en ocasiones terminás quedando enredado con vehículos de otro porte, como camiones, autos, camionetas.

Hay un sistema de seguridad que te avisa cuando viene un vehículo, pero a veces puede romperse. A mí me pasó en esta carrera, tuve que hacer toda una etapa sin ese sistema. Esta situación me obligó a mirar por el espejo todo el tiempo, lo cual te asusta porque en décimas de segundo te pueden atropellar.


La última edición del Dakar se llevó a cabo en el desierto, lo cual representó un gran desafío.


EM: ¿Con qué elementos cuenta un corredor en el trayecto y sobre el vehículo para efectuar la carrera?

MB: En el cuadriciclo llevo un kit de herramientas que está bien pensado y razonado para que uno lo utilice en caso de que cualquier cosa se afloje o se desarme. Llevamos algunos repuestos de materiales expuestos a roturas, como puede ser una rueda de auxilio.

También se incluyen artículos de seguridad como una bengala, que te la exigen, una manta térmica por si te tenes que quedar a dormir en el desierto, brújula, encendedor y alimentos para el día. Allá comíamos dátiles sustentables, tres litros de agua en un tanque del cuadriciclo, más tres litros en la espalda, llevamos todo lo indispensable para sobrevivir en un lugar inhóspito y complejo.

EM: ¿Cómo es la organización de las competencias nacionales en comparación a las extranjeras?

MB: Las competencias nacionales no tienen nada que envidiarles a las internacionales, están muy bien organizadas. Las hojas de ruta son muy buenas. Acá hay unos GPS que fueron comprados a los que organizan el Dakar, tienen las mismas características y los mismos modelos de seguridad.

EM: ¿Cómo es en Argentina el reconocimiento de los corredores que nos representan a nivel mundial?

MB: Yo corría de manera privada, con los aportes que podía conseguir. En cuanto al Estado, el apoyo es nulo. Hay algunas provincias que tienen ley de sponsors y ayudan a algunos pilotos, tal es el caso de un compañero mío del Chaco. Esta ley está presente en otros países como Colombia. Pero Argentina no ofrece ningún tipo de apoyo, ni privado, ni público, ni estatal. De ninguna índole para nadie.


Bennazar y todo su equipo debieron enfrentar grandes riesgos en esta carrera.


EM: Relacionado a las competiciones, ¿cuáles son tus planes a futuro?

MB: Por ahora estoy descansando. No tengo ningún tipo de presentación a futuro, ya veremos qué ocurre y qué tengo ganas de hacer. La verdad es que en este momento estoy muy agotado. Ahora hay que descansar el cuerpo y los dolores que nos quedaron. Después evaluaré qué hacer con el deporte.