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El mundo. La carrera más difícil de todo el planeta resulta ser también la más peligrosa. El Dakar es una apuesta riesgosa, contra los desafíos de la naturaleza, los límites de la tecnología y las decisiones y capacidades humanas.

Esta vez fue el turno del piloto portugués Paulo Gonçalves, de apenas 40 años. Una noticia devastadora y al mismo tiempo algo previsible en una competencia que desde su inauguración ya suma 42 muertes, incluida la de su creador, Thierry Sabine.

Ni el avance de los elementos de seguridad, ni las mejoras en torno a la asistencia a los pilotos parecen ser suficiente. Gonçalves murió durante la séptima etapa de un rally que volvió (luego de una década en Sudamérica) este año a Arabia Saudita.

El accidente del experimentado piloto fue aproximadamente en el kilómetro 276 del tramo que une Riad y Wasi Al Dawasir. Se trata del periplo más largo de la carrera, con un total de 546 kilómetros.

El helicóptero del Dakar tardó ocho minutos desde que fue solicitado, pero al arribar el piloto se encontraba ya inconsciente y con un paro respiratorio, luego de una caída.

Toby Price, vigente campeón del Dakar en motos fue uno de los primeros en acudir para intentar salvar a Gonçalves, renunciando inmediatamente a su objetivo deportivo en busca de intentar reanimar a su colega.

Los mensajes de tristeza de los pilotos no tardaron en hacerse públicos, el ánimo en el campamento al finalizar la etapa fue lúgubre. Paulo era un piloto valorado mucho más allá del aspecto competitivo.

La organización del certamen canceló la etapa 8 a disputarse este lunes, para motos y quads. Gonçalves logró completar su mejor actuación en 2015, acabando segundo, solo detrás de Marc Coma.

Hoy el Dakar vuelve a cobrarse una vida, la número 42, luego de una fatídica seguidilla con cuatro fallecimientos entre 2012 y 2015.

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