A través del arte escénico, los payamédicos buscan contribuir a la salud emocional de los pacientes, llenando las salas de música, juegos y colores. Para este propósito, Juan Villarreal adopta la personalidad de Céfiro, quien visitó El Milenio y habló sobre su vocación de hacer reír para curar.

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El seudónimo Céfiro proviene de Ceferino, nombre con el que Juan iba a ser bautizado en un principio. Céfiro es el viento más suave de todos, fructificador y mensajero de la primavera.

Colaboradores: Janice Bel y Abril Seydell (4to IENM). Tomás Sgariglia y Marcos Soirefman (4to IMVA).

Dicen que una sonrisa puede aliviar cualquier dolor. Ese es, quizás, el fundamento de uno de los oficios más nobles y desinteresados: el del payamédico. Este trabajo implica hacer reír en circunstancias adversas, presentarse rodeado de colores, música y juegos, tratando de llenar una habitación de energía y positivismo, aunque sea unos minutos. Por supuesto, no es tarea fácil: “Hacer reír es cosa seria”, señala Juan Villarreal, vecino de Villa Allende que ejerce esta profesión convirtiéndose en Céfiro.

Productor y asesor de seguros, a sus 50 años se dedica a “romper la monotonía de una sala gris de hospital”. “Nuestra consigna es: si se puede curar, se cura; si no se puede curar, se alivia; si no podés aliviar, se consuela; y si no podés consolar, se acompaña”, cuenta Villarreal y aclaró que no se trata de una terapia alternativa, sino de un complemento a la medicina convencional.

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La payamedicina es una vocación cuyo ejercicio requiere gran responsabilidad frente a la vulnerabilidad de quienes están internados y sus familiares. Al afectado, en realidad, los payamédicos le llaman “produciente”, “porque es el que, en el momento, produce algo, una acción, un gesto”. Céfiro comenta que, si bien la actividad es ad honorem, “la devolución de la gente es inmensa, la mirada de un niño y la sonrisa que le sacás es un pago enorme para el corazón y el alma”.

Los payamédicos visitan tanto hospitales como geriátricos y sanatorios, intentando “crear una corriente de energía positiva sostenida con los pacientes, para acercarles un poquito de esperanza, de fe y ganas”. Se ingresa a las habitaciones en duplas, para evitar la saturación de colores y/o voces, realizando una rutina de aproximadamente 10 minutos. “Una vez que logramos nuestro cometido, nos vamos sin despedirnos, para no bajar las vibras”, explica.

Una ONG que recorre el país. Payamédicos es una asociación civil creada en 2002 y encabezada por el médico psiquiatra José Pellucchi. Actualmente, en Argentina, la ONG nuclea alrededor de 4500 individuos, dentro de los cuales hay 30 cordobeses que participan activamente. “Somos los que estamos permanentemente y lo tomamos con seriedad, compromiso, solidaridad y presencia”, manifiesta Villarreal.

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Para ejercer esta terapia no es necesario ser médico. La única condición para poder formarse es tener el secundario completo y realizar una capacitación. La misma, explica Villarreal, se basa en dos pilares fundamentales: la teatralidad y la payamedicina.

La primera enseña cuestiones básicas del payaso de circo, como improvisación, juegos y cantos. Mientras que la payamedicina atiende algunos conceptos más técnicos, como bioseguridad, ética, cromoterapia (práctica englobada dentro de las medicinas alternativas que trata los colores como un recurso para mejorar la salud), entre otros. “Tenés que saber conjugar ambas para poder ser payamédico”, dice Juan. De esta forma, cualquier persona, sin distinción alguna, puede dedicarse a la payamedicina.

“La devolución de la gente es inmensa, la mirada de un niño y la sonrisa que le sacás es un pago enorme para el corazón y el alma”.

La Granja del Señor Brito. Los payamédicos de Córdoba visitan regularmente tres lugares fijos: el Hospital de Niños de la Santísima Trinidad, el Hospital Nacional de Clínicas y el Hospital Infantil Municipal. Pero, además, Céfiro pasea por otro lugar muy especial, ubicado en la Capital Nacional de Golf. Se trata de La Granja del Señor Brito, un espacio donde equinoterapia y payamedicina van de la mano.

Paola Mercado, directora de La Granja, inició este proyecto hace cuatro años “con el sueño de llevarle a los chicos de bajos recursos una rehabilitación equinoterapéutica”. Juan explica que ésta acelera los procesos de recuperación de los chicos con parálisis cerebral, autismo, síndrome de Down y otras condiciones. Los tratamientos se basan fundamentalmente en forjar una conexión con el caballo, entendiéndolo a partir de sus movimientos. “El caballo es un aliado increíble”, afirma Villarreal.

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Tras varios años de arduo trabajo, Paola quiso involucrar la payamedicina en el proceso y, para este cometido, se contactó con Juan. Desde entonces, hace cinco meses, Céfiro forma parte de La Granja, aportando un dispositivo de trabajo denominado “payaballos”, que se fundó en Buenos Aires en 2014, a partir de un abordaje terapéutico integral y complementario.

Actualmente, La Granja del Señor Brito es la única entidad de Sierras Chicas donde trabajan los payamédicos. Céfiro no descarta la posibilidad de extender su magia, para lo cual está en búsqueda de más colegas que compartan sus ganas. “Una de las premisas es la permanencia en el trabajo. La idea es que seamos varios para ir rotando y logrando una presencia estable en la región”, señala.

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Céfiro: el libro. Juan Villarreal explayó su labor al ámbito literario. Con el fin de motivar a los demás payamédicos y generar un mayor compromiso, compiló numerosas historias de payasos de hospitales. Todo comenzó con un grupo de WhatsApp, en el cual se relataban las anécdotas más significativas del día a día como payamédico.

Juan logró conquistar a sus compañeros con estas narraciones y tras mucha insistencia por parte de los colegas que alababan su escritura, un día se decidió: seleccionó 33 de esos momentos “tan puros”, vividos en primera persona, corrigió la redacción y las envió a un editor. Actualmente, el libro de Céfiro está en proceso de revisión, esperando salir al mercado para estimular la inserción en esta práctica que alegra el corazón de miles de personas

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