Política

Política externa, desde Unquillo

Leandro Compagnucci se desempeña actualmente en la sección económica del Consulado Argentino en Miami, luego de haber trabajo tres años en la Embajada Argentina en China. En esta nota los detalles de una vida diplomática.


Leandro Compagnucci se desempeña actualmente en la sección económica del Consulado Argentino en Miami, luego de haber trabajo tres años en la Embajada Argentina en China. En esta nota los detalles de una vida diplomática.

«Debido a este gran interés en la política es que descubrí la política exterior y la diplomacia como un medio para aportar mi granito de arena al desarrollo de nuestro país».

Con un gran interés por la política, el vecino de Unquillo Leandro Compagnucci logró representar a su país en el extranjero. Y, tal como lo expresa, “aportar mi granito de arena al desarrollo de nuestro país”.

El Milenio: ¿Qué carrera estudiaste? ¿Siempre supiste que querías dedicarte a la diplomacia internacional o hubo algo en tu vida que despertó esa vocación?

Leandro Compagnucci: Estudié un año de Comunicación Social en la Universidad Nacional de Córdoba, pero después decidí cursar mis estudios universitarios en Ciencia Política, en la Universidad de Buenos Aires. Me gusta mucho la política ya que considero que ésta es imprescindible para lograr que cada una de nuestras familias pueda vivir cada día un poco mejor que antes. Debido a este gran interés en la política es que descubrí la política exterior y la diplomacia como un medio para aportar mi granito de arena al desarrollo de nuestro país.

EM: ¿De chico te imaginabas terminar trabajando en un lugar como China?

LC: Para nada. De chico me imaginaba siendo astronauta, bombero o jugador de fútbol. De más grande lo fui considerando más posible, pero tampoco me lo imaginaba. Creo que es muy difícil para cualquiera de nosotros imaginarse a uno mismo desarrollando una profesión que le resulta muy extraña a su cotidianidad, sin embargo, la predisposición al cambio y las ganas de aprender y de marcarse nuevos rumbos son elementos muy fuertes en cada uno de nosotros.  

EM: ¿Cuál es la posición que ocupás actualmente y cómo llegaste a ella?

LC: Desde el año 2015 hasta el 2018 me desempeñé en la Sección Económica Comercial de la Embajada Argentina en China, y desde el año 2018 hasta la fecha estoy trabajando en la Sección Económica del Consulado Argentino en Miami, Estados Unidos.

Llegué a ambos puestos como miembro del Servicio Exterior, es decir, como diplomático de carrera. Para ser diplomático de carrera, al finalizar tus estudios universitarios tenés que rendir un examen de ingreso que es el examen más riguroso de ingreso al Estado Nacional. El examen incluye evaluaciones sobre Historia Argentina, Historia de las Relaciones Internacionales, Economía, Derecho y Teoría Política. A estas evaluaciones le siguen los ensayos sobre temas de actualidad internacional y por último un Coloquio en el que un grupo de Embajadores te toman un examen oral. Con los resultados finales se realiza una orden de mérito y los mejores posicionados entran a cursar dos años de estudio en el Instituto del servicio Exterior.

Luego de estudiar dos años en la Academia para Diplomáticos decidí salir destinado hacia la República Popular China para comenzar mi carrera diplomática allí y, luego de tres años en China, fui destinado a uno de los Consulados más importantes en Estados Unidos.

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EM: ¿Cuáles dirías que son las diferencias más significativas de la vida en oriente con respecto al estilo de vida occidental? ¿Te parece que es distinta la forma de ser o de encarar la vida?

LC: La forma de vida en Oriente y en Occidente es diferente, sin embargo, existen muchos aspectos que no nos imaginaríamos que son casi idénticos. Si bien existen muchos factores que diferencian ambos estilos de vida, la expansión de las tecnologías y las redes sociales ha creado coincidencias en ambas sociedades. Tanto en China como en Estados Unidos uno pide comida, pide un taxi, se comunica con sus amigos, lee las noticias, mira el estado del clima, muestra las fotos de sus vacaciones, pide ayuda y sugerencias a través del celular y las redes sociales.

Por otra parte, aunque resulte extraño, a los chinos también le gusta la vida social nocturna que incluye ir al cine, al Karaoke y salir a bailar con los amigos. Los chinos disfrutan mucho de la actividad física y de los deportes. Es muy común ver personas adultas caminando por los parques, bailando en las esquinas de las calles o realizando ejercicios y movimientos en las innumerables estaciones de ejercicios físicos que tienen las plazas de todas las ciudades. Los adultos también se divierten jugando al bádminton, al ping pong y jugando a las cartas. Por supuesto el Taichi forma parte de su vida cotidiana y muchos de ellos practican diariamente movimientos típicos de este arte marcial para mejorar su salud física y mental.

Entre los jóvenes, los deportes favoritos (además del ping pong) son el básquet, el tenis y, últimamente, el fútbol. La práctica del fútbol se está expandiendo muy rápidamente, principalmente en las grandes ciudades de China. La expansión de la práctica del fútbol se aceleró en los últimos años con la decisión de Xi Jinping de establecer la obligatoriedad del fútbol en las clases de educación física en las escuelas chinas. En Beijing se instalan nuevas canchas de fútbol 5 todos los días.

En lo personal, todos los martes o jueves solía jugar al fútbol con un grupo de amigos chinos; disfrutaba mucho de hacerlo y, como se imaginarán, era un gran desafío idiomático. Los chinos están aprendiendo a jugar al fútbol, uno puede ver que algunos de ellos se destacan por su manejo de la pelota, pero aún están aprendiendo a jugar en equipo y a definir tácticas, roles y estrategias. Es increíble como todos los chinos reconocen hoy a Argentina (con Maradona y Messi a la cabeza) como una potencia futbolística mundial.

EM: ¿Qué fue a lo que más te costó acostumbrarte?

LC: Para ser sincero, no tuve muchos problemas de adaptación. Vivir en el exterior te fuerza a superar dos instancias de adaptación. Por una parte, te obliga a acostumbrarte a que tus costumbres ya no rigen para el resto de la sociedad, es decir, ya no todos tienen las mismas costumbres que vos por lo que hay cosas que ya no podés hacer o disfrutar. Por el otro lado, vivir en el exterior te fuerza a que entiendas y aceptes las formas de vida de la sociedad en la que te insertaste.

En Estados Unidos me fue mucho más fácil adaptarme que en China, no sólo porque las costumbres son más parecidas, sino porque también ya me había a acostumbrado a insertarme en otras sociedades. Recuerdo que cuando llegué a China me costó mucho adaptarme a la dificultad (o imposibilidad) de comunicación. Desde ir al supermercado o pedirle al portero que te abra la puerta porque te olvidaste las llaves, hasta organizar una reunión con una importante empresa china, todo es muy complicado con la barrera idiomática. Por suerte, tuve la posibilidad de estudiar chino y logré comunicarme con fluidez en casi todos los ámbitos en que lo he necesitado. Otro elemento al que me costó acostumbrarme en China fue la diferencia horaria con Argentina. Son 11 horas de diferencia y esto complica cualquier tipo de comunicación. Cuando en Argentina son las 11 de la noche del viernes, en Beijing ya son las 10 de la mañana del sábado.

Creo que toda esta experiencia me ha ayudado mucho a comprender que existe un mundo muy grande más allá del que nosotros conocemos y que es interesantísimo explorarlo.


“Existe un mundo muy grande más allá del que nosotros conocemos y que es interesantísimo explorarlo”.


EM: Con respecto a tu vida laboral digamos, ¿nos podés contar en qué consiste tu trabajo?

LC: Por supuesto. Como diplomático, en cualquier lugar que esté trabajando, mis tres funciones principales consisten en: Informar a la República Argentina sobre la actualidad del país en el que desarrollo mis funciones, Representar a la República Argentina ante el país en el que cumplo funciones, y defender y promover los intereses de la República Argentina y de sus ciudadanos en dicho país. Esas son las tres funciones básicas de un diplomático, a las cuales yo les agregaría una función más que consista en Proponer activamente a la República Argentina políticas hacia el país receptor.  

En particular, como he desarrollado las mismas funciones en el ámbito de las relaciones económicas en China como en Florida, Estados Unidos, mi trabajo consisten en Informar la evolución económica del país en el que me encuentro, detectar oportunidades comerciales que podrían ser aprovechas por empresas argentinas, acompañar a funcionarios políticos a negociar acuerdos económicos con contrapartes locales, acompañar a empresarios en sus negociaciones comerciales, organizarles reuniones y rondas de negocios, garantizar la presencia argentina en las principales ferias, responder a interrogantes sobre estudios de mercado y posibilidades de complementación económica, entre otros. Asimismo, dedico mucho de mi tiempo a descubrir y proponer nuevas formas de encarar viejos problemas o deficiencias en nuestra relación comercial.

EM: A grandes rasgos, ¿nos podrías explicar un poco en qué se basa la relación comercial entre Argentina y China? ¿Qué hay de cierto en esta “desaceleración de la economía China” que se suele mencionar últimamente?

LC: Con China mantenemos un gran déficit comercial. A grandes rasgos, nosotros importamos bienes de capital y manufacturas desde China y le exportamos principalmente materias primas con poco procesamiento. Tenemos un gran déficit comercial de aproximadamente USD 7.000 millones. Sin embargo, déjenme decirles que el máximo déficit que tenemos es que aún no hemos logrado consolidar con China una estrategia de desarrollo conjunta.

Nuestros países son muy complementarios en sus estructuras productivas; nuestra capacidad de producción de alimentos (Argentina produce alimentos para 400 millones de habitantes) y nuestra disponibilidad de recursos naturales deberían encontrar un socio indiscutible en un país con una alta capitalización y una creciente demanda de alimentos que no puede ser cubierta por ellos mismos (solo el 7% del territorio chino es arable). Si bien es cierto que el déficit comercial afecta la disponibilidad de reservas en nuestro Banco Central, no debemos olvidar que no depende de los chinos la reducción del déficit; somos nosotros los que tenemos que incrementar nuestra producción y nuestras ventas a China. Es importante en este sentido, descubrir nuevas formas de equilibrar la balanza entre ambos países, que incluya no sólo el comercio de la oferta argentina actual, sino que incorpore más inversiones y las tecnologías chinas para el desarrollo en Argentina de nuevos productos de mayor valor agregado que beneficien a ambos países.

Es muy cierto que China entró en un período de “desaceleración del ritmo de crecimiento de su economía” y este tuvo su origen en la crisis económica internacional que se desató aquí en Estados Unidos en el año 2008 y cuyos efectos aún se siguen sufriendo. Como producto de esta crisis, Estados Unidos y Europa redujeron fuertemente su demanda de productos importados y esto afectó fuertemente a las exportaciones chinas. Al vender menos hacia esas potencias, la economía china dejó de crecer tanto. Es para dar respuestas a situaciones encadenadas como ésta que, todos los países del mundo necesitan tener una buena política exterior que les permita sortear los problemas derivados desde el escenario internacional.     

EM: ¿Cuáles son tus expectativas con respecto a tu trabajo? ¿A dónde te gustaría llegar? ¿Te ves como embajador algún día, por ejemplo?

LC: Por supuesto que la ambición de todo diplomático es llegar a ser Embajador en algún momento, pero yo creo que lo más importante es hacer todos los días un poco para que la política exterior de nuestro país sea cada vez más acertada y eficiente. Creo que, para ser un buen Embajador y poder tomar las mejores decisiones en materia de política exterior desde lo más alto de la estructura diplomática, uno debe practicar, desde el inicio y cualquiera sea el puesto que le toque asumir, el ejercicio de los valores de la responsabilidad, el compromiso, la formación permanente y la enunciación activa de nuevas propuestas.  


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