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Lengua, cultura y cambio tecnológico: escribir para robots

Uno de los últimos paneles interactivos del CILE abordó los impactos de la tecnología en el hacer periodístico y el habla española.

Uno de los últimos paneles interactivos del CILE abordó los impactos de la tecnología en el hacer periodístico y el habla española.


El Teatro Real fue sede de la mesa que abrió el debate en torno a las aplicaciones y nuevas herramientas tecnológicas que influyen, inevitablemente, en la tarea comunicacional.

Los académicos Ariel Torres, Concepción Company, Teresa Anchorena y Joseba Abaitua, coordinados por Gustavo Guerrero intentaron responder durante dos horas a cuestiones en torno a: los cambios en el uso del español dentro del formato digital de los periódicos, las huellas que dejan los avances técnicos en la investigación y el aporte de éstos para la comprensión de fenómenos.

El presidente de la charla, Leonardo Funes, presentó a los ponentes con la invitación de ampliar las perspectivas sobre la revolución tecnológica y determinar “cómo se escribe para los robots”.

Vínculo entre gramática y cultura

Concepción Company, lingüista y filóloga, presentó la novedad de los corpus electrónicos, método ideal para el almacenamiento masivo de datos.

Tal instrumento “vislumbra una relación entre lengua, cultura e identidad”, ya que al arrojar los resultados de cualquier término buscado, lo hace desde una cronología que da cuenta sobre la evolución que los temas y conceptos han tenido a lo largo de los años.

Gramática y cultura se vinculan como nunca antes. “La máquina induce a mirar de determinada manera una simple palabra”, cerró la investigadora.


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Descomposición lingüística y cultural

Ariel Torres, periodista especializado en divulgación científica y tecnológica, se centró en las adaptaciones que requiere la escritura dentro del ámbito virtual.

La escritura, desde su nacimiento, se acomoda a formatos y contextos sociales. La “hipnosis de las pantallas” genera que los mensajes deban ser instantáneos y fugaces, como una norma donde se persigue la rapidez, sin embargo, no excluye que deban también ser eficientes y legibles.

Por lo tanto, no debe establecerse que la pobreza léxica es consecuencia de la tecnología.

“Se les da demasiado crédito a las tecnologías como capaces de modificar el lenguaje, pero la verdadera razón de esto es que no se lee, entonces no surgen léxicos ricos”.

Con una mirada crítica, el periodista hizo hincapié en que actualmente el hábito de lectura es dejado de lado, originando con ello problemas en la lengua, que se vinculan, erróneamente, a la revolución digital.

Torres concluyó su idea indicando: “Las nuevas tecnologías no contribuyen a mejorar la crisis lingüística y de cultura general pero la raíz está en lo parental y la educación”.


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La traductología no es un juego de azar

Por su parte, Joseba Abaitua, dedicó sus minutos a las aplicaciones de traducción automática.

El filólogo indicó que en un comienzo estas apps presentaban distancias culturales, lingüísticas y textuales con los contenidos que asimilaban. Sin embargo, han logrado progresar y convertirse en sistemas aptos con conocimientos acumulados sobre las lenguas que tratan.

Integrar patrimonio y tecnología, pero con límite

Para finalizar, Teresa Anchorena destacó la importancia de aprovechar la tecnología para reivindicar patrimonios culturales tangibles.

“Los monumentos históricos requieren puestas de valor, recursos y conocimientos. Se requieren patrimonios atractivos y en esto la tecnología tiene un papel fundamental”, señaló Anchorena y añadió: “La materialidad es portadora de energía, de un sentir. Equilibrar y hacer amigas la materialidad y nuevas tecnologías es un desafío actual”.


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