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El milenio

10 años conectando Sierras Chicas

Mujeres al frente: Yamila Cafrune, desde la raíz


La 32° edición del Festival de la Solidaridad, por la cual pasaron más de 10 mil personas, contó con importantes figuras femeninas en el escenario. El Milenio charló con Yamila Cafrune, cantora popular y folklorista de amplia trayectoria.

“Yo creo que lo que está faltando es más folklore tradicional y más mujeres sobre el escenario”, comentó Yamila Cafrune.

Cafrune es uno de esos apellidos que resuenan fuerte en el universo del folklore nacional y su eco llegó recientemente a Sierras Chicas en la voz de Yamila Cafrune, hija mayor del famoso Jorge «el Turco» Cafrune, recordado cantor popular e incansable difusor de la cultura tradicional fallecido en febrero de 1978 en un accidente que nunca terminó de esclarecerse.

Nacida el 16 de noviembre de 1965 en Buenos Aires, Yamila Cafrune estudió abogacía, pero la herencia artística que le corría por las venas fue más fuerte y, a sólo un año de haber obtenido el título, en 1992, su participación en un acto homenaje a su padre la terminó poniendo definitivamente en el sendero de la música, llevándola al mismísimo día siguiente, por invitación de Julio Mahárbiz, al mítico escenario de Cosquín.

Desde entonces, su vocación y su espíritu la llevaron a forjar un camino con sello propio, recorriendo cientos de escenarios a lo largo del país y el mundo (pasando por Houston, Los Ángeles, México, Zaragoza, Barcelona y hasta las Islas Canarias) y grabando con grandes artistas como Horacio Guarany, Los Cantores de Quilla Huasi, Argentino Luna, Soledad Pastorutti, Facundo Saravia y Esteban Cruz.

El pasado viernes 11 de enero, este mismo camino la puso en el escenario del Festival de la Solidaridad, donde, junto a un clásico cuarteto de guitarras, repasó algunos temas de su amplio repertorio, desde los más conocidos hasta aquellas melodías menos populares que la cantora lucha por rescatar del olvido (una misión que incluso ha trasladado a los colegios del país con su proyecto «El folklore va a la escuela»), alimentando la llama de la tradición desde la poderosa expresividad de su voz y la sencillez de su carácter.

El Milenio: Se acerca un nuevo aniversario de la muerte de tu padre, ¿cuál sentís que es el legado que él te dejó a vos?

Yamila Cafrune: Me dejó muchas cosas. Me dejó las puertas abiertas para construir una vida que es mía y que nadie me puede quitar, sin olvidar las diferencias entre el Papi y yo. Él era y seguirá siendo para todo el mundo, Jorge Cafrune, EL referente del folklore. Yo soy Yamila nomás. A mí me falta todavía recorrer escenarios y canciones, pero este no es un camino para llegar, es un camino para transitar. Creo que la mejor herencia que me dejó fue un nombre absolutamente limpio. Puedo gustar o no como cantante, pero nadie me va a cerrar las puertas por ser Cafrune. Es un apellido que no carga rencores.

EM: ¿Qué es lo que más recordás de él?

YC: La verdad que pienso en él todos los días. La gente no me lo deja olvidar, ni aunque quisiera. Me han regalado tantas cosas, tantas fotos de mi papá que si yo tuviera que ponerlas todas en mi casa, la empapelo entera. Son obsequios muy valiosos. Hay una foto hermosa que tengo delante de un sillón donde siempre me siento a leer o a ver la tele, entonces cuando levanto la vista, está él mirándome. El Papi siempre está.

En el día a día recuerdo muchas cosas, desde tomar mates de leche o mates amargos, como a él le gustaban, hasta compartir el enojo ante las injusticias o poder elegir una canción como “La doble sentenciosa” para decir que la justicia no es lo que debería ser, y no por la justicia en sí, sino por los hombres que la manejan. Porque la justicia trata de ser lo más justa posible, valga la redundancia, aunque no siempre sea derecha, pero el hombre sabe cómo tiene que llevarla adelante. Si no lo hace, es porque no quiere.

EM: ¿Qué te parece que es lo más importante que debe tener un/a cantor/a popular?

YC: Antes que nada, un cantor popular debe representar a la gente y representarla en todos sus momentos. Si el pueblo está bien, los cantores populares podemos cantar “Paisaje de Catamarca”, “No te puedo olvidar” o “La enredadera y el ceibo”. Pero cuando el pueblo no está bien, el cantor popular tiene la representación de su gente sobre el escenario para decir justamente aquello que está mal, para cantar, por ejemplo: “la justicia ha sido escrita por hombres inteligentes, muy capaces y valientes, de las leyes respetables, que han condenado inocentes y han dejado libres a los culpables”.

Esa es su principal misión. Eso y hacer escuela, decir de dónde viene tal o cual canción, a qué región representa, cuál es la historia que tiene detrás. No dejar que se mueran determinados ritmos como la cueca o la tonada, que ya no se practican en muchos lugares. No caer en esta lógica de chamamé, chacarera, chamamé, chacarera y nada más.

EM: ¿Qué opinás del folklore que está haciendo la juventud actual?

YC: Me parece que todas las formas de folklore son válidas mientras se hagan desde el respeto y el conocimiento. Vos no podés subir al escenario y cantar “por el camino del indio el animal de Don Ata” cuando es “el ánima” de Don Ata.

Entonces, si los jóvenes saben lo que están haciendo y lo hacen con conciencia, respetando las raíces, cualquier forma de folklore que hagan es legítima y nosotros, los de las generaciones anteriores, debemos tener amplitud para escucharlos.

Lo que sí me gustaría mucho es ver más folklore tradicional y más mujeres sobre el escenario, que es algo que está faltando me parece.

EM: En este sentido, ¿cómo ves, como cantora y mujer, el movimiento social y artístico feminista actual?

YC: Yo soy mujer y soy cristiana. Creo que todos hemos sido hechos iguales y que las mujeres tenemos las mismas capacidades que los hombres, y por ende, deberíamos tener las mismas posibilidades, pero a lo largo de la historia hemos sido dejadas a un lado en un montón de situaciones. Aun así, a mí me gusta que el hombre sea galante, me abra la puerta y esas cosas, y aunque sé que me voy a ligar un reto de las feministas por decir esto, me gustaría que lo respeten.

Creo que todo tiene su tiempo y me parece que este es un tiempo femenino, donde la mujer se pone al frente, donde lo que dice es escuchado, donde puede luchar al lado del hombre, no adelante ni atrás. Ya no se pueden hacer chistes tipo: “le dicen lavarropas porque lo maneja la mujer”, porque al lavarropas también lo usan los hombres y los hombres saben barrer, saben lavar, saben bordar y saben abrir la puerta para ir a jugar.

Eso es algo que ya se está instalando. Ahora tenemos que tranquilizar los ánimos, porque a veces las mujeres estamos muy enardecidas y eso por ahí nos lleva a decir o hacer cosas de formas que no están del todo bien.


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