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El milenio

10 años conectando Sierras Chicas

Vivir en poesía, esculpir en hierro


Nes Budano, vecino de Sierras Chicas y escultor del hierro, se define a sí mismo como existencialista y post romántico, cree en el poder de los detalles y en la acción del hacer por y para los demás.

“Mi trabajo es mi método de protesta, protesto ante esta velocidad característica de la época”

A la vera del río, en la ciudad de Mendiolaza, hay un gigante que mira sus zapatos y desde una postura de poder y grandeza, pregunta si alguien puede ponerse en ellos. Como en todas sus obras, Nes Budano guarda secretos y preguntas que buscan interpelar al espectador, son disparos a ideas para que iluminen lo que se ha perdido de vista. “Te presto mis zapatos”, también conocida como el gigante, es uno de los tantos ejemplos de un escultor que no duda en largar una emoción o una crítica social al momento de esculpir.

“Lo hice, no sólo pensando en mí y en las cosas que me estaban sucediendo, sino también considerando las características del lugar, quería que sea una crítica social: en el sentido de Nietzsche cuando dijo Dios ha muerto. Hoy, una de las cosas que ha muerto es la empatía. A modo de crítica hice el gigante tomando el proverbio popular “ponte en mis zapatos”. Y él no está en una actitud sumisa, tiene las manos en la cintura como interpelando al que cursa por el lugar. Los zapatos tienen el tamaño del gigante, pero uno puede pararse en ellos”, sostuvo Nes Budano.

Y agregó: “Me gustó la idea de que sea interactivo, imaginé que podía ser una buena excusa para que los padres o las madres que pasen con sus hijos puedan explicarles lo que es la empatía. Está estudiado que, cuando se rompe con lo cotidiano en el cerebro de las personas, esos eventos se guardan indefinidamente. Quizás para un niño, encontrarse con un gigante y verlo (tiene dos metros cincuenta) y tener esa charla, quizás así se pueda revivir la empatía”.

Lleva más de 170 obras realizadas, entre trabajos públicos y privados, desde el año 2011 donde largó su carrera, casi sin querer hacerlo. Hoy, a sus 40 años, Budano esculpe el hierro en su taller, ubicado en la ciudad de Villa Allende, aunque cada tanto elije otro lugar para vivir su creatividad.

Considera a sus obras como cuerpos que llegan al mundo para quedarse en la posteridad del tiempo. Sería uno de los tantos sentidos que encierran sus creaciones, como los bichos y los hierros que han invadido cuartos privados y otros no tanto, como el pájaro que se encuentra en el Paseo del Buen Pastor, desde hace unos años, o el otro, cerca al cuartel de bomberos de Mendiolaza. Ambos estilos encierran secretos develados en pequeños detalles, son obras autorreferenciales donde Budano vuelca su poesía, su modo de ver el mundo, entre la belleza del fatalismo y la entrega a los demás.

Del juego a la realidad

Los Bichos, nacieron de una “forma muy lúdica”, según relató Nes, durante un Simposio de Escultura en el Paseo del Buen Pastor, aunque se popularizó rápidamente y hoy por hoy, sus obras se venden en la región y en el extranjero.

“Los animales son objetos con una estética muy interesante, hablan de una crítica a la sociedad en la cual se descartan a los seres humanos, donde son más importantes las cosas intangibles. Mis bichos protestan contra eso, como si fueran una fauna de una fábrica abandonada, no porque sus máquinas no fueran útiles, sino porque dejaron de producir objetos útiles para la sociedad. Es un abandono de la máquina, la fábrica, y desde ese lugar nace esta fauna, donde la mayoría tiene ojos nostálgicos, frenéticos o enojados, porque sienten ese abandono”, dijo Budano.



“Vivir en poesía, la coherencia entre lo que se hace y lo que se dice”


Sus otras obras, bautizadas como Mis Hierros, son obras autorreferenciales, toman una emoción interna, una vivencia y disparan hacia la reflexión, desde la palabra y la postura de su obra, donde la mirada asume un rol particular. Todos los ojos son diferentes y dependen del ánimo de su creador, son un “fotograma nacido de una historia”, lo que convierte a sus obras en cuerpos llamativos e incendiarios.

“Está en mí y en mi oficio, no sólo en la obra, sino también en la palabra, cómo voy a comunicar eso para que el espectador pueda llegar a la obra, que se conmueva o que la deteste, pero que complete la historia para que no sea un mero juego estético (…) El tema con los hierros es que llevan un proceso distinto, entonces, en función de alguna vivencia surge el ejercicio de verme en el cuerpo del personaje y en la situación. Principalmente,en los malos momentos nacen los hierros. Es ahí donde trato de darles una forma, un boceto, o simplemente lo escribo. Después viene el momento de manufacturarlo y me lleva un mes de trabajo.

“Considero que una persona que hace obras, tiene el deber de comunicar, no importa si el mensaje es autorreferencial o una crítica social”.

En ese tiempo de dedicación no me queda otra que revivir una y otra vez el mismo momento, cosa que carga un montón de emocionalidades, me agota, pero en el medio de la generación también se van cerrando diversas cuestiones, mutan algunas cosas. Y si todo sale bien, hay algo a lo que llamo pequeño momento de genialidad. Es una parte de la obra que no planifico, sino que surge cuando estoy componiendo, es un elemento que está escondido y le da un cierre, y cuando es visto, patea el espíritu. Las obras pueden ser bellas estéticamente, no rechazan las miradas, pero si se las observa en detalle, ya es tarde, estrujan el corazón”.

Los Hierros nacen tras una ardua investigación en soledad, de experimentación con diversos elementos del hacer artístico, que llevó a este creador a desarrollar una técnica puntual, que le permitió expresarse, que le brindó la madurez necesaria a su obra y el poder de decir y hacer. Pero, para ello tuvieron que pasar diez años. Ahora la técnica fue bautizada por su mismo creador como Hierro Directo.

“Tuve un rechazo al hierro durante mucho tiempo, hasta que por esos sucesos circunstanciales de la vida, terminé dando con un documental que hablaba sobre la importancia del hierro en la modernidad, que permitió el surgimiento de las cosas, desde los rascacielos hasta las fábricas. Y alguna parte de mi mente hizo que justificara al hierro como válido. Hasta ese momento manejaba la resina, el bronce, el mármol, la madera, pero, el hierro no me llegaba, no lo sentía un material noble y quizás, era una cuestión propia y conceptual. Ahora lo elijo porque me da placer, por el pathos, que es la pasión y a su vez el padecimiento. Al fin de cuentas, llegó un momento en la vida en que tenía que decidir, me di cuenta que estaba jugando con ciertas cosas y debía abrirme o no tenía retorno. Y elegí esto”.

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