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El milenio

10 años conectando Sierras Chicas

“Mientras respire, seguiré luchando”

Fueron las palabras de Elba Duarte, testigo directo de las batallas de la vida y fundadora de Puentes Solidarios, una organización dedicada a ayudar a los más necesitados.


Por Redacción El Milenio | periodico@elmilenio.info

Colaboración: Clara Spinosa, Sabina Enrici, Sofía Perrella

y Aldana Amuchástegui. 4° IENM


Para la maestra Elba Duarte la cura para cualquier enfermedad es el amor. Durante los últimos ocho años, la educadora ha luchado con un cáncer de colon, seguido del síndrome de Guillain Barré, una patología que paralizó los músculos de su cuerpo durante seis meses, cuando al fin volvió a caminar. Aun así, luego de dos años debió enfrentar nuevamente otro cáncer y la lamentable pérdida de su hijo. Fueron años cargados de dolor, pero también de fuerzas y sobre todo amor.

“Hace cuatro años estoy haciéndome los estudios y todo sale bien, con el Guillain Barre estoy en tratamiento todavía porque tengo atrofiados los músculos. Me manejo con el bastón, ya que no tengo el movimiento del pie y me afecta en la movilidad, pero puedo caminar. El neurólogo no entiende mucho cómo es que camino, pero hay que poner voluntad a todo, y siempre he puesto mucha voluntad”, declaró Elba Duarte en diálogo con El Milenio como una más de sus enseñanzas.

Actualmente, la maestra es referente de Puentes Solidarios, una organización vecinal del barrio Ñu Porá, que fundó durante sus peores días.

Todo comenzó a través de una convocatoria en la red social Facebook donde Elba contó sus luchas, sus dolores y la importancia de ayudarse mutuamente. La idea era brindar compañía y solidaridad a través de talleres gratuitos de cerámica, folclore, tejido, entre otros. De a poco se fue formando una gran red de ayuda, pues los asistentes de las actividades debían llevar una donación (alimentos no perecederos, ropa, calzados, elementos de trabajo) a cambio de acceder a nuevos conocimientos.

Elba siempre se distinguió por la lucha, terminó sus estudios secundarios de grande y también se recibió de maestra siendo madre de cinco niños, sola y sin dinero. La ayuda siempre estuvo presente en su vida y sabe que es el salvavidas para cualquier persona.

“Cuando fui al hospital a hacerme la quimio, la enfermera nos decía que los líquidos que nos ponían eran veneno, que nosotros teníamos que tomar mucha agua para sacarnos ese veneno de encima y los que estaban ahí se asustaban, sobre todo una chica jovencita. Yo les decía: no piensen que es veneno, piensen que son florcitas que entran, corazoncitos, piensen en su familia, en un paisaje lindo. Si piensan que es veneno, el veneno los mata. Ahí empecé a ver que podía hacer algo por la gente enferma, me levanté un día y dije: algo tengo que hacer”, relató.

El Milenio: ¿Esta realidad que le ha tocado a usted es lo que la motivó a dedicarse a esto?

Elba Duarte: Después de la muerte de mi hijo empezó a darme vuelta por la cabeza qué podía hacer por los demás y por mí que me sentía muy sola y quería buscar la manera de estar acompañada. Cuando las personas están enfermas la soledad los lleva a la muerte. Siempre tuve a mis hijos, pero ellos también tienen su trabajo, su vida, sus hijos. La primera idea que tuve fue hacer una convocatoria para unos talleres solidarios en mi casa, regalando una o dos horitas de trabajo para los demás. Y también ir a la casa de las diferentes personas que tenían una enfermedad que no podían salir e ir a acompañarlos. A todo esto, cuando me agarre el cáncer de colon estaba trabajando como maestra, dando clases en cuarto grado. Cuando me hacen los estudios y me lo detectan pedí tres días para hacerme una colonoscopia y a la escuela no volví más. No me pude despedir de mis niños ni de mis compañeras. Pasaron 8 años entre quimios y el Guillian Barré y no volví. Eso me afecto muchísimo, estaba descompuesta, todo el día en la cama y solo dormía, no tenía fuerza ni para abrir los ojos durante la quimioterapia, pero yo sabía que eso me iba a salvar la vida.

Luego le conté a Mónica que era mi directora en la escuela, y me dijo que una persona muy conocida tenía cáncer y no se dejó hacer nada y en un mes falleció. Me dijo: Elba vos que has sido maestra y que tenías buena relación con los padres, por qué no das charlas, por qué no hablas y les decís que tienen posibilidades. Si la enfermedad los encuentra bien parados y no se estresan ni se angustian, van a ir mejor. Mientras respiremos, tenemos que seguir luchando.

EM: ¿Usted con lo que vivió puede motivar a otras personas para que tomen fuerzas porque sabe que es fundamental el estado anímico para salir adelante?

ED: En Facebook conté sobre las situaciones que viví relacionadas a las enfermedades y sobre la pérdida de mi hijo. Tenía ganas de hacer talleres solidarios y convoqué a profesores de yoga, folclore, pintura, tejido, bordado y cualquier actividad recreativa para personas que no tuvieran acceso. Quienes venían a los talleres tenían que traer alimentos no perecederos o una contribución para armar cajas y ayudar a familias necesitadas, incluso en mi propio barrio se necesitaba de la ayuda.

EM: ¿Pudieron remodelar el espacio donde realizan los talleres?

ED: Antes no teníamos ventanas y nos faltaban elementos para los talleres. Conseguimos vidrios y una máquina de coser. También logramos que nos donaran una cocina para el taller de Alimentación Saludable que antes lo hacíamos pasando recetas. Y la idea para el año que viene es trabajar con las mamás del merendero de Unquillo para que tengan una salida laboral. Todos queremos que esas mamás les cambien la vida a sus hijos ya sea haciendo un taller de cerámicas para vender o con Alimentación Saludable para cocinar y vender, cosa que yo he hecho durante mucho tiempo con mis hijos porque no teníamos dinero. También comenzamos a colaborar con un geriátrico (en Villa Los Altos) son viejitos que están muy solos.

EM: ¿Por qué le pusieron Puentes Solidarios?

ED: Fue idea de mi hija más chica. A un puente lo podemos cruzar todos, podemos ir a un mejor camino y llegar a otro lado mejor. No se puede cruzar solo ese puente, se precisa estar siempre acompañado y con mucho amor y esperanza y solidaridad para mejorar el estilo de vida de cada persona. Me dijeron que “gracias a puentes solidarios me volví a mirar al espejo”, hasta las personas que dan los talleres se engancharon en ayudar, comenzaron a sentirse útiles, sentían que podían hacer algo por alguien.

 

 

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