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El milenio

10 años conectando Sierras Chicas

Micromachismos, suenan por lo bajo

La discriminación de las mujeres se ejerce históricamente en la vida doméstica, el trabajo o el lenguaje. Cada vez son más las luchas por lograr igualdad de género y la erradicación de la violencia. En esta nota se detallan las formas de un tipo de violencia y dominación masculina sutil a la que denominaron micromachismo.


Por María Emilia Soria | emiliasoria@elmilenio.info

Colaboración: Lourdes Muttigliengo y Valentina Martínez. 4°A IMVA.

Sabina Enrici y Melina Cottone. 4°A IENM


Pequeñas tiranías, terrorismo íntimo o violencia blanda. Así describe Luis Bonino Méndez, psiquiatra argentino, al “micromachismo”, término que acuñó para describir y explicar la dominación y la violencia sutil masculina sobre la mujer.

En principio, el autor de la teoría de los micromachismos indica que en las relaciones de mujeres y varones no se juegan solo diferencias sino sobre todo desigualdades, es decir, situaciones de poder y estrategias de su ejercicio.

Para Bonino Méndez, los micromachismos “son prácticas de dominación y violencia masculina en la vida cotidiana, del orden de lo “micro”, es decir, lo casi imperceptible, que está en los límites de la evidencia”.

“Los varones intentan imponer y mantener el dominio y su supuesta superioridad sobre la mujer, objeto de la maniobra. También reafirmar o recuperar dicho dominio ante la mujer que se ‘rebela’ de ‘su’ lugar en el vínculo”.

Los micromachismos son microabusos y microviolencias que procuran que el varón mantenga su propia posición de género creando una red que sutilmente atrapa a la mujer, atentando contra su autonomía personal si ella no las descubre. Consecuentemente, son la base de las demás formas de violencia de género: maltrato psicológico, emocional, físico, sexual y económico.

El objetivo es anular a la mujer como sujeto, forzándola a una mayor disponibilidad e imponiéndole una identidad “al servicio del varón”, perpetuando la distribución injusta para las mujeres de los derechos y oportunidades.

Un aliado del varón es sin duda el orden social, que les otorga el “monopolio de la razón”.

Bonino Méndez clasifica los micromachismos en cuatro tipos, utilitarios, encubiertos, de crisis y coercitivos.

Los primeros, utilitarios, afectan principalmente al ámbito doméstico. Abusando de las supuestas capacidades femeninas de servicio y la naturalización  de su trabajo como cuidadora.

En el caso de los encubiertos, son muy sutiles y buscan la imposición de las “verdades” masculinas para hacer desaparecer la voluntad de la mujer.

Los micromachismos de crisis surgen cuando las mujeres empiezan a romper la balanza de la desigualdad en la pareja.

Por último, en los coercitivos se usa la fuerza moral, psíquica o económica para ejercer su poder, limitar la libertad de la mujer y restringir su capacidad de decisión.

Visión profesional

Cristian Canziani es sociológo y vecino de Villa Allende. En diálogo con El Milenio, otorgó su perspectiva acerca del micromachismo, y de su manifestación en la sociedad actual y regional.

El Milenio: ¿A qué hace referencia el término micromachismo?

Cristian Canziani: Entiendo que son principalmente comportamientos habituales, casi a veces imperceptibles, pero más que imperceptibles están tan incorporados en la cultura vigentes, de los hombres sobre todo, que pareciera que son naturales y le sale al hombre decirlo de esa manera.

Pero no es solamente del hombre sino que está incorporado en toda la sociedad, hasta se festejan de repente expresiones que son por ahí descalificadoras de género y son festejadas por hombres y mujeres. Y entiendo por ahí que el micromachismo está enfocado específicamente en estos comportamientos que son tan sutiles que no requieren o no merecen una condena socialmente, pero de esa manera van reproduciendo ese comportamiento; y ahí ya tenemos un modo cultural de cierta descalificación o cierto no reconocimiento de determinadas cuestiones de género.

EM: ¿Qué diferencias hay entre machismo y micromachismo?

CC: Creo que más que diferencias es un elemento que en la sociedad y en el día a día el micromachismo reproduce lo que sería el machismo como cultura, como cultura machista o patriarcal.

Nosotros a veces, yo prefiero a veces que se reconozca como que sí, somos herederos de una cultura de miles de años, de un patriarcado de un origen muy antiguo y está tan incorporado a nuestro hábito cotidiano que en algunos hechos como estos, de que hoy se define micromachismo no nos damos cuenta y lo estamos reproduciendo.

El machismo hoy está siendo condenado por toda aquella práctica violenta o descalificadora de la mujer que pone en inferioridad de condicionar a la mujer, digamos, frente al hombre. Los micromachismos son los pequeños elementos que hacen a ese comportamiento en general, es como que uno contiene al otro, no habría micromachismo en una cultura que no fuera patriarcal o machista.

Por eso no es una diferencia, son complementarios, de esa manera se genera nuestra realidad social. La realidad social es algo que se construye a partir de la interacción de las personas, entonces cuando interactuamos con sutilezas, vamos a recuperar el término de este estilo de micromachistas; estamos reproduciendo y creando una sociedad, o una realidad social machista.

EM: ¿En qué aspectos de la vida cotidiana se ve más reflejado?

CC: Creo que se ve un poco más reflejado en la pareja, en la vida de pareja, pero ¿por qué? Porque con nuestra pareja entre hombres y mujeres es con la persona con la que más convivimos o más compartimos momentos de diálogo y de expresión. Además, la comunicación se da en el ámbito familiar; una situación también de poder y que también eso viene un poco del patriarcal, esto de definir jerárquicamente nuestras relaciones.

En general está incorporado el comentario micromachista todo el tiempo en la sociedad, sin darse cuenta y sin pretender del daño, esos elemento pretenden reafirmar la condición de masculinidad sobre el sujeto varón.

Por ejemplo, si yo uso pelo largo y me lo ato voy a parecer una nena; ¿cuál es el problema? no por parecer nena tengo que descalificar mi lugar como varón, y encima usar a la “nena” como sujeto peyorativo o negativo.

En el día a día, incluso, las mismas mujeres terminan haciendo bromas con tenor micromachistas; y esa broma está legitimando una cuestión de dominación, la reproducimos y nos divertimos y reímos entre hombre y mujeres, pero sin querer despotricamos la imagen de la mujer.

El micromachismo tiene mucho impacto en la familia, por esta cuestión que estamos junto varón y mujer. Y también en los ámbitos comunes, escuelas, universidades, trabajos, en donde más tiempo se convive.

Lo interesante también es que hasta cuando no estamos conviviendo mujeres y varones reproducimos los elementos micromachistas. Por ejemplo: varones todos juntos tomando algo de un bar, uno pide cerveza, otro vino, otro fernet con coca, y otro pide un daiquiri de durazno y le dicen “ay ella”, y no hay ninguna mujer en la mesa. ¿Por qué tenés que descalificar su hombría por tomarse un daiquiri y no un whisky? Haciéndole una referencia peyorativa a ella.

Eso es de todos los días, hay una reproducción de nuestra cultura. Si no nos llamamos la atención, no nos damos cuenta y no vamos a poder incorporar nuevos hábitos. El diálogo y las palabras son fundamentales.

EM: ¿Considera que actualmente la sociedad intenta dejar de lado el micromachismo?

CC: Creo que sí. Esto tiene que ver con estos tiempos; me parece que estamos en la etapa de visibilización.

Es una etapa de visibilización todavía, que es larga porque como tenemos tan naturalizada una cultura diferente, que una mujer te diga que no seas tan violento, vos reaccionarías sin entender porque para vos no sos violento, sos normal, y quizá nunca tuviste la intención de agredir. Entonces, hasta que logremos aceptar ese pedido de permiso de la mujer para que no las agredamos y nos concienticemos de lo que estamos haciendo, va a pasar un tiempo.

Actualmente hay muchas organizaciones o grupos de personas, tanto mujeres como hombres, que están colaborando para que esto se visualice positivamente, y que de alguna manera empiece a incorporarse en nuestros hábitos también de conducta y de cultura como para que dentro de un tiempo las relaciones comiencen a ser un poco más igualitarias.

El cambio hacia la igualdad y el completo respeto entre ambos géneros es un proceso largo, que se va a lograr concientizando el problema a través de la educación en la secundaria, que es uno de los pilares, y creo que si se incorpora la problemática en la escuela va a ayudar muchísimo a que el día de mañana aquellos que nosotros los adultos y viejos ya no podemos terminar de incorporar nos lo destaque el niño.

EM: ¿Por qué hablar de géneros, que marcan la diferencia entre hombre y mujer?

CC: Creo que eso es uno de los desafíos más grandes por el hecho de que son las cuestiones que tenemos más incorporadas todavía las del género; pero lo que sí está claro, y lo que se puede llegar a lograr, es esto de que no te determine el comportamiento, y eliminar el concepto de que si sos mujer tenés que cumplir determinados roles y si sos hombre otros.

EM: ¿Para qué sirve distinguir el género?

CC: Antes uno entendía que era porque la mujer y el hombre piensan diferente, pero lo que buscamos es segmentar el pensamiento de la gente.

No por ser un grupo determinado merezca un trato diferente, sí debe ser reconocido en su necesidad, porque a lo mejor las mujeres tienen unas necesidades particulares y está bueno conocerlas, al margen de reconocerlas como un todo, porque todavía estamos inmersos en nuestra cultura dominante.

EM: Cuando usted habla de distinción por sexo y por género ¿A qué se refiere?

CC: En realidad todavía me lo sigo planteando, porque el género es una construcción más social  y el sexo es más biológico. Por lo tanto, se sigue cuestionando por qué a la hora de poner en discusión un informe no se repara en ese punto, nadie pregunta por qué no decís sexo en lugar de género o viceversa. Todavía estamos en el debate de a qué se llama sexo y a qué género o por qué.

EM: En Sierras Chicas ¿la realidad es la misma que la de las grandes ciudades?

CC: Yo creo que Sierras Chicas tiene una invasión cultural de pueblos urbano muy grande, entonces sus comportamientos prácticamente muy similares a los de Córdoba, por ejemplo.

Sin embargo, mientras más nos vamos alejando de la ciudad el comportamiento de las personas tiene el micromachismo mas naturalizado, por lo tanto es necesario que también se eduque a las personas que viven apartadas de la ciudad y la urbanización.

EM: ¿Qué género o que rango etario o que subgrupo poblacional es más “micromachista”?

CC: Imagino que las generaciones más viejas, digamos post 45’ 50’ somos más propensos a este tipo de hábitos o comportamiento porque los tenemos muy incorporados. Cuanto más grandes somos más convivimos en esta cultura, y más incorporado tenemos esto; más nos cuesta empezar a cambiar nuestras palabras, lo que decimos, lo que pensamos de la mujer.

EM: ¿Se pueden construir esos hábitos a medida que van pasando los años?

CC: Yo creo que sí, o por lo menos nos vamos a ir dando cuenta que las nuevas generaciones pueden vivir en un ámbito más armónico y respetuoso entre mujeres y varones.

EM: ¿De qué manera afecta el micromachismo a los hombres?

CC: Vivimos en una cultura donde la dominación y la jerarquización de las situaciones es permanente, entonces lo jerárquico muchas veces está asociado a lo masculino, por lo tanto, se termina sobre exigiendo al hombre en que tiene que tener un nivel de súper hombre, que no todo el mundo va a estar en condiciones de hacerlo y eso creo que genera mucha frustración.

EM: ¿Cómo se explica la existencia de este fenómeno en tiempos en los que como sociedad nos jactamos de buscar la igualdad entre hombres y mujeres?

CC: Es una cuestión que está demasiado arraigada en nuestra cultura, entonces hoy más que jactarnos de buscar la igualdad hay algunos grupos importantes que están intentando que la sociedad sea cada vez más igualitaria, de esos grupos se intenta mostrar los comportamientos micromachistas, y a partir de ahí formar y cambiar una cultura.

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