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Correr tras la basura

En Villa Allende, los recolectores corren entre 10 y 15 kilómetros por día para recoger las bolsas de viviendas y comercios. El crecimiento de la ciudad y la falta de responsabilidad de los ciudadanos hacia la basura son algunos de los principales desafíos que enfrentan. Mientras tanto, el área de Servicios Públicos implementó el programa “Mi vereda, mi ciudad” para mejorar el orden y la limpieza de la Villa con el compromiso de los vecinos.


Por Lucía Argüello | luciaarguello@elmilenio.info

Colaboración: Melina Cottone y Sabina Enrici. 4°A IENM.

Lourdes Muttigliengo y Valentina Martínez. 4°A IMVA

La recolección de residuos es uno de los servicios más importantes que prestan las municipalidades, pero también, uno de los más problemáticos. El tema tiene varias aristas, desde el nivel macro del reciclado y el destino de la basura que se genera en una ciudad, hasta el día a día de los recolectores y las dificultades que enfrentan cotidianamente. Sobre estas cuestiones hablaron Martín Miserachs, Director de Servicios Públicos de Villa Allende, y Mariana Pisetta, Encargada de RSU (Residuos Sólidos Urbanos), en entrevista con El Milenio.

Desde el origen

A tono con su importancia, el área de Servicios Públicos se encuentra entre las más grandes de la Municipalidad de Villa Allende, con un plantel aproximado de 150 empleados. Incluye sectores como recolección de RSU, recolección de poda, barrido, desmalezado, mantenimiento de espacios verdes, riego de calles de tierra y alumbrado público, entre otros.

Dentro de esta área, una de las últimas políticas implementadas, es el programa “Mi vereda, mi ciudad”, cuyo objetivo es organizar, de forma eficiente la recolección de basura y concientizar a los vecinos en el manejo responsable de los residuos que generan. “La idea es cambiar un poco la idiosincrasia de la gente, que se sientan parte de la ciudad y que cuiden esa porción de su terreno que ceden para que sea de uso público. Que lo que se saque a la vereda sea con cierta responsabilidad y no que cada uno saque lo que quiera, cuando quiera y que la muni se tenga que hacer cargo de limpiarlo”, explicó Martín Miserachs.

En este sentido, uno de los principales cambios que introdujo el programa se refiere a la poda. “Hemos fijado un período de “poda libre” que abarca de mayo a agosto, donde la gente poda los árboles y la Municipalidad lo recoge, dentro del cronograma establecido. Fuera de esos meses, la poda de gran volumen queda bajo responsabilidad del vecino. A su vez, durante todo el año, los jueves se recoge la poda chica embolsada, que corresponde al mantenimiento del jardín”, señaló el funcionario y agregó: “De esta forma, podemos recuperar las bolsas y tener la poda limpia para chipearla y procesarla para diversos usos”.

Con respecto al reciclaje, Miserachs señaló que actualmente Villa Allende recupera el plástico, el vidrio y el cartón que los ciudadanos depositan en los Puntos Verdes, pero que la posibilidad de instalar una planta recicladora es mucho más complicada. “El asunto del reciclado en los municipios es un tema vidrioso, porque el costo fijo de mantener una empresa es muy elevado. Nosotros tuvimos un intento de planta de reciclado y no se sostuvo. Depende de una decisión no sólo política, sino también económica”, apuntó.

No obstante, afirmó que “gran parte de la solución está en el origen”. “Un gran paliativo para la problemática de la basura es organizar y filtrar, desde el origen, todo lo que es RSU, poda y demás desechos que sacás a la vereda. Desde el hogar se pueden hacer muchas cosas: reutilizar materiales, usar lo orgánico para hacer compost, llevar lo reciclable a los Puntos Verdes. Pero son cosas que pasan por un proceso de educación y concientización desde el hogar que es bastante largo”, opinó Miserachs.

El día a día de la basura

Mientras tanto, la tarea cotidiana de la recolección de residuos tampoco es un trabajo sencillo. “La jornada laboral comienza a las seis de la mañana y termina a las siete u ocho de la noche. Los recorridos son fijos y el personal de cada camión también. Los lunes, miércoles y viernes hay tres corredores por camión (más el chofer) y el resto de los días, dos”, explicó Mariana Pisetta, Encargada de RSU y coordinadora de los 35 empleados municipales avocados a la recolección.

“El principal desafío, tanto para los recolectores como para el municipio, es que Villa Allende creció mucho. Tenemos 22 barrios abiertos y 9 cerrados, los recorridos abarcan entre 30 y 40 kilómetros, o sea que los chicos están corriendo entre 10 y 15 kilómetros por día. Aparte, el terreno es muy irregular. Es una ardua tarea realmente, por eso los chicos no corren doble turno”, contó Pisetta y agregó que, dentro del crecimiento general de la Villa, el área gastronómica plantea el mayor desafío, ya que es un sector de la ciudad que produce basura de manera permanente a lo largo del día y sólo algunos grandes comercios (como los supermercados) contratan servicios de recolección privados.

Aparte de ser una labor sacrificada, los recolectores también enfrentan ciertos peligros en su día a día. “El municipio les brinda todo el equipo y la protección necesaria: zapatillas, uniforme, guantes, antiparras, etc. Sin embargo, hemos tenido algunos accidentes de corte de manos o piernas, o pinchazos con agujas, a veces la gente es muy imprudente en la forma en que se deshace de vidrios y elementos punzantes o cortantes, los tiran así nomás en la bolsa. Después también puede haber alguna lesión menor por caídas o torceduras propias de la corrida”, explicó la coordinadora y añadió que los recolectores cobran un plus adicional por tarea riesgosa.

A su vez, apuntó que muchas conductas de los ciudadanos pueden ayudar a facilitar la tarea de recolección. “Una cosa que para nosotros es fundamental es que la gente utilice cestos de basura. El vecino no está acostumbrado a poner las bolsas en el cesto, las dejan en el piso, las cuelgan en los postes, en un árbol o incluso en el pilar o el poste de luz, que puede agarrar electricidad, sobre todo cuando llueve. Además, al no estar protegida, los pájaros, los perros o los gatos rompen las bolsas y nosotros terminamos levantando la basura desparramada del piso, lo cual es un trabajo adicional”, reprochó Pisetta, aunque aclaró que hay barrios que cooperan más que otros.

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