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De corazón

21 años en el rugby cuenta Alejandro Allub, símbolo del Jockey de Córdoba y Los Pumas.  A pocos días de su retiro, El Milenio dialogó mano a mano con este gigante del rugby nacional.

Por Ignacio Parisi | ignacioparisi@elmilenio.info

El rugby ha sido generoso conmigo. Me dio amigos en todo el país. He jugado al rugby en 13 provincias y 19 países distintos. Con el rugby representé a mi club, mi provincia y mi país. Pude ser jugador de rugby profesional y vivir en Francia. Pude jugar en un partido inaugural de un Mundial ante 76.000 personas, y en la cancha anexa de San Martín de Villa María con la Pre “B” de mi club. En él conocí a mi esposa, jugué a todos los niveles posibles de este deporte”, reza la carta de Alejandro Allub, antes de su último partido, hace apenas semanas.

Allí quedaron impregnados algunos sentimientos de una despedida tan emocionante como satisfactoria. El “Gringo” Allub no es cualquier jugador de rugby, y por ende su retiro no es un retiro más. El gigante del Jockey Club de Córdoba era el último pilar activo, de aquella gloriosa camada de jugadores argentinos que depositó, por primera vez, a Los Pumas en los primeros planos de una copa del mundo.

El reconocimiento hacia su persona en el ambiente del rugby trasciende los colores y la edad. No es para menos, 21 años de carrera siendo determinante tanto en el Jockey como en el Perpignan de Francia, o en Los Pumas, no es algo que se vea a menudo.

Sin embargo, a pesar de las mieles del éxito, el ex segunda línea de Los Pumas no ha perdido la humildad en lo más mínimo. Su gesto afable y bonachón le trasmite una confianza instantánea a los más chicos, y allí aparece su otra pasión: la medicina, aplicada en este caso a la cardiología infantil.

Vaya paradoja, fue su propio corazón el que falló hace más de diez años, representando a la celeste y blanca. “Allub salvó su vida, pero dejaría el rugby”, titulaba el Diario La Nación, un primero de julio de 2001. Días antes, el por entonces jugador de Los Pumas, había disputado un encuentro contra el equipo más poderoso del mundo, los All Blacks.

En los últimos minutos del partido, el “Gringo” de 1,96mts y 110 kg había sentido un horrible ardor en su pecho, señal de que algo no andaba bien en su organismo. Múltiples exámenes recorrieron los diagnósticos más descabellados hasta dar con la verdadera falencia que había generado ese dolor: infarto de miocardio por disecación de una arteria secundaria.

Un ser humano sin su enorme fortaleza y capacidad atlética probablemente hubiese muerto en esa fría noche, en la ciudad costera de Christchurch, Nueva Zelanda. No fue el caso para Allub, quien primero se reinventó realizando una enorme carrera en la medicina, y luego sucumbió ante la adrenalina de la ovalada, volviendo a jugar en el club de sus amores: el Jockey.

Admirado por el mundo del rugby, Allub desplegó su talento en Europa, representando al Perpignan de Francia.

El Milenio: ¿Cómo nació tu pasión por el rugby?

Alejandro Allub: En realidad el rugby es un deporte que la mayoría de los chicos empiezan desde muy chicos a jugar. Lo que ocurre frecuentemente  es que los padres han jugado al rugby y los llevan a los chicos a los cuatro o cinco años, pero no fue mi caso, yo hice otros deportes antes y empecé a los quince años con la ovalada. Me llevó un compañero del colegio, aunque a mi mamá no le gustaba mucho porque decía que era un deporte violento por el tema de las lesiones.

EM: ¿A qué edad debutaste en primera? ¿Cómo fue esa experiencia?

AA: Debuté a las 19 años. En la mayoría de los clubes llevan a algunos de los juveniles a la pretemporada, para que comiencen a tener nuevas experiencias con el plantel mayor.

La verdad es que para mí fue atípico, yo no era un chico que se dedicase siempre al rugby, sino que simplemente jugaba y me divertía. De golpe pasó el tiempo, me convocaron para la primera, y  fue raro en un comienzo. Uno cuando es joven ve al equipo de primera y nunca se imagina estar en una cancha con esos enormes jugadores del club. Fue una experiencia muy linda.

EM: ¿Qué sentiste cuando te convocaron a Los Pumas por primera vez?

AA: Es el sueño de todo jugador, cada vez que alguien empieza a jugar al rugby tiene el deseo de estar ahí. Yo había participado ya de Los Pumitas, tenía bastante experiencia en el seleccionado juvenil.  A los 21 años me convocaron, y me acuerdo que me enteré porque compraba siempre un diario de deportes. Ahí estaba la lista que marcaba mi nombre. Fue muy loco.

EM: ¿Estar en la lista definitiva para jugar el Mundial 1999, fue la frutilla del postre?

AA: Sí, la verdad que sí. Hicieron una lista tentativa de la lista final, a partir de la cual te avisaban con bastante anticipación, cuatro o cinco meses antes, de que podías estar en la lista definitiva para participar del mundial. Ya en ese momento estaba en una situación diferente, porque venía jugando todos los partidos con Los Pumas, y estar en la lista era como una “consecuencia de”. Aun así ver la lista es raro, te cae la ficha de que vas a representar a tu país en el mayor evento deportivo.

EM: ¿Qué tenía ese equipo de Los Pumas que llevó a que por primera vez pudieran alcanzar los cuartos de final, además de la cuestión actitudinal que siempre los caracterizó?

AA: Había una mezcla interesante de jugadores con experiencia, que ya habían participado en un mundial, y a eso se le sumaba un grupo de jóvenes con tremenda calidad, que posteriormente jugaron diez años en Los Pumas. Teníamos a Felipe Contepomi, Agustín Pichot, “Nani” Corletto, y varios más. Era una suma de jugadores muy interesante, que nos llevó a una instancia histórica para el rugby argentino.

EM: ¿Cómo fue la experiencia de jugar en una liga tan competitiva como en la francesa?

AA: Fue muy distinto. Acá el jugador de rugby trabaja, estudia, básicamente realiza sus actividades y además juega al rugby. La verdad es que siempre al jugador argentino le gusta la idea de probarse, y jugar a nivel internacional para ver lo que significa vivir para y del rugby, jugando contra rivales que crecieron en el deporte profesional. En el rugby de Francia tu vida gira en torno al deporte de alto rendimiento, entonces entrenás mañana y tarde. De esta forma exprimís al máximo tu capacidad como jugador. Aprendés constantemente porque estás con los mejores, y jugás contra los mejores.

EM: ¿Cuál fue la sensación cuando te pasa esto del corazón en el partido contra los All Blacks?

AA: Lo que sucedió fue que en ningún momento se me pasó por la cabeza esto de ‘qué me podría haber pasado’, porque yo jugué el partido y al otro día seguí como si nada. Es decir, no es que terminé el partido y me internaron de urgencia, sino que estando en Nueva Zelanda vino el médico del equipo y me contó la situación, y lo peligroso que era.

Ya en ese entonces lo primero que pensé fue ‘qué bueno que estudio medicina y me puedo dedicar a otra cosa que no sea el rugby’. Yo en ese momento ya estaba en quinto año de la carrera, y a pesar de que ya era un jugador profesional, sacaba materias cada vez que venía a Argentina desde mi club en Francia. La cuestión es que decidí volverme a Argentina, saqué catorce materias en un año y me recibí.

EM: ¿Cómo lo procesaste?

Alejandro Allub: Fue duro. Porque estaba en el lugar donde todo jugador quería estar, era titular indiscutido en Los Pumas, titular en mi equipo en Francia. Había tenido una buena temporada y me habían renovado el contrato para seguir en Perpignan, y de golpe todo cambió. No fue nada fácil.

EM: ¿Alcanzaste a jugar Copa Europea en Perpignan?

Alejandro Allub: Sí, está bueno, porque cuando jugás contra los equipos más fuertes de Europa, sobre todo los grandes de Inglaterra y Francia, que siempre apuntan a ganar esa copa, es importante.

EM: Cuando te pasó esto del corazón ¿Ya habías elegido a la cardiología como tu especialidad dentro de la medicina?

Alejandro Allub: No, no fue por esta razón, porque la cardiología pediátrica, que es mi especialidad no trata el tema de infartos, u otras cuestiones que son tratadas por la cardiología de adultos. Tiene mucho más que ver con el tema de malformaciones congénitas en chicos que nacen con problemas cardíacos. La cardiología de adultos se ocupa de otras enfermedades, de la gente hipertensa que tiene infartos, colesterol, arterioesclerosis, que no tiene nada que ver con la cardiología pediátrica.

EM: ¿Qué reflexión te merece el grupo que le tocó a Los Pumas para el próximo mundial de Japón?

Alejandro Allub: Lamentablemente caímos al puesto número nueve del ranking de la Unión Internacional de Rugby, y es por eso que nos tocó un grupo con dos equipos que están entre los ocho mejores del mundo. En este caso Inglaterra, que en la actualidad es el segundo mejor equipo del planeta, y Francia, que es otro seleccionado durísimo. Sólo dos pasan a cuartos de final, pero quizás, viendo el vaso medio lleno, evitamos competir en el mismo grupo con potencias del hemisferio sur como Nueva Zelanda, Australia, o Sudáfrica, tres equipos que nos derrotaron en el último mundial. En el nivel que están Los Pumas, hay que aspirar a ganarles a equipos como Francia o Inglaterra.

EM: ¿Cómo ves desde afuera este momento complicado para los Jaguares?

Alejandro Allub: La verdad es que empezaron bien este año, pero el rugby se ha vuelto muy fino y pequeños errores terminan marcando esas diferencias que definen un partido. No han sabido en las últimas fechas cómo elaborar fases de juego, no han podido mantener el ritmo de la competencia. Creo que el equipo reiteró un par de errores, los rivales juegan, son muy fuertes y te facturan cualquier deficiencia en tu juego.  Pienso que los partidos no han sido desparejos, el marcador suele ser ajustado pero en el resultado final terminaron perdiendo, y en definitiva lo importante es ganar, así sea 3 a 0.

EM: ¿Notás que sigue existiendo una diferencia, que por ahí se puede observar mayormente en el punto de contacto, y que esto se traduce por ejemplo en la capacidad para limpiar un ruck, o ganar en el duelo individual?

Alejandro Allub: Lo que pasa es que es una cuestión racial, y de estructura física del jugador argentino, versus el jugador neozelandés, australiano, anglosajón inglés, o sudafricano. A mí me tocó vivirlo y lo sufrí, yo era casi siempre, en un partido internacional contra esos equipos, el jugador más bajo entre los de segunda línea. Estaban todos arriba de los dos metros. En la limpieza del ruck o en el uno contra uno se nota, históricamente los tres cuartos anglosajones o neozelandeses son mucho más grandes físicamente que los argentinos.

Allub deja el rugby como escribe en su carta, habiendo atesorado cada segundo, sin importar si el rival era Inglaterra en Twickenham, o San Martín de Villa María en su cancha anexa. Advierte que por ahora no va a ser técnico, y disfrutará de su familia, su profesión como médico, y sus amigos.

Alejandro se ve como esos tipos que se retiran en paz consigo mismo, luego de haber dejado todo.  Algún tiempo atrás firmó por escribano que se hacía cargo de lo que pudiese pasarle en la cancha por su condición cardíaca. Ahora le toca al rugby argentino firmar por escribano, que no se va a olvidar nunca de ese gringo, que apoyó el try de la victoria ante Samoa en 1999, cambiando la historia de Los Pumas para siempre.

Colaboración:

 

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