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El milenio

10 años conectando Sierras Chicas

Paula Oyarzabal: “Me gusta mucho trabajar y hablar acerca del arte, no de los artistas”

En una charla con la poetisa Paula Oyarzabal repasamos sus orígenes en la Literatura, su relación con otras ramas del arte y su vínculo con Salsipuedes. Afirma sin dudarlo: “Siempre tengo el corazón partido entre Buenos Aires y Salsipuedes, voy y vuelvo y los dos lugares me dan amor y en ambos doy amor. Para la escritura, las dos cosas son propicias”.

Por Mirco Sartore | mircosartore@elmilenio.info

Máximo Farías y Tomás Murgio. 4°A IENM.

Victoria Reale y Valentina Castro. 4°A IMVA.

Fotografía: Gentileza de Walter Cabanillas

El Milenio: ¿Cómo surge su relación con la escritura?

Paula Oyarzabal: En mi casa no había muchos libros, pero había colecciones, y había cuentos, en particular uno que se llamaba Mi Planta de Naranja Lima. Ese libro me gustó mucho y de allí en más empecé a leer sin importar los autores. Leo poesías todo el tiempo. Luego encontré anotaciones en libros y me copié de eso, les pierdo a los libros el respeto en el sentido de que anoto en ellos, los toco, los corrijo, los subrayo con lápiz, lapicera, fibrón, no importa…creo que los libros son para tocarlos, para usarlos como un objeto de aprendizaje, incluso a veces les arranco hojas. Tal vez no sea el mejor consejo, pero es lo que a mí me sirve.

EM: ¿Cuál es su formación profesional?

PO: Terminé el secundario en Córdoba Capital, de allí empecé mi primer año en Comunicación y me fui a Buenos Aires. En esa ciudad atendía un bar en donde se juntaban muchas personas a leer. Fue entonces cuando vi algo posible: porque hasta entonces leer y escribir era un secreto, lo hacía en casa: hacía la lista del súper y al lado un poema. Este grupo se llamaba en ese momento Extraviado Letal y lo manejaba una chica llamada Luisa Fernanda Lindo, que era peruana y estudiaba en la Universidad de Buenos Aires. A partir de ese grupo, del que aún conservo algunos amigos, empecé a mostrar lo que escribía.

Luego hice taller con Arturo Carrera, que es un poeta argentino de Pringles muy importante para mí. También hice un taller con Liliana Heker, cuentista y novelista, una de nuestras grandes escritoras. Después tuve una formación bastante intensa en teatro. Dispuse de la biblioteca del poeta Walter Cassara por unos años, y de ahí sacaba libros y leía. Eso fue hasta que conocí a otra poeta llamada Virginia Janza, que publicó un libro que se llama Madre Selva, que tuve la oportunidad de comentar en La Voz del Interior hace un tiempo. Ella me empujó a trabajar seriamente.

Luego de mi estancia en Buenos Aires, volví a Córdoba y empecé a dar talleres en la Biblioteca Córdoba. El primer libro que publiqué se llama Escritos en la cama, de la editorial Acción Editora; el segundo libro fue La Mujer Sentada, y hay otro libro dando vueltas por Uruguay que se llama La Virgen Loca que es de narrativa. Además, hay  otro libro publicado por  Llanto del Mudo, llamado Cuando Todos Duermen que es de hace dos años, antes de la muerte de Diego Cortés, que era el editor y creador de Llanto… Los últimos títulos que tengo publicados son Ensayos Naturales y Presente Continuo.

Cuando llegué a la ciudad, empecé a trabajar en un teatro de Córdoba muy lindo y muy contemporáneo, y ahí me vinculé con poetas de acá, como Silvia Mattoni o Cecilia Pacellam. Esta última trabaja con poetas y las dos dan clases en la facultad. Cuando volví, también hice un año de Letras y anteriormente estudié Fotografía.

Fotografía: Gentileza de Walter Cabanillas

EM: ¿Se vinculó con otras ramas del arte?

PO: Sí. Estudié comunicación, fotografía, con la cual trabajo todavía. Siempre trabajo desde la imagen y la poesía, hago muchas fotos para luego proyectar en distintos eventos.

Hace un tiempo tuve un proyecto muy importante para mí: se llamó Buscador de Escritores. Tenía que ver con la búsqueda de otros escritores- a veces se hizo por convocatoria abierta, a veces fue a dedo- por la editorial Llanto del Mudo. A través de esta búsqueda, se publicaron libros de diez o doce poetas. Alguno de ellos todavía imparten talleres en Córdoba.

EM: ¿Cuándo fue su llegada Sierras Chicas?

PO: Cuando falleció uno de mis hermanos, me vine para estos lares. Por entonces mi papá, que ya era grande, residía en Salsipuedes. Ahora reparto mi tiempo entre Buenos Aires, Córdoba y Salsipuedes. Trabajo con la poesía y me dedico sólo a eso porque es lo que en general me devuelve un poco la alegría.

Tuve la suerte de coordinar un taller de cultura en Salsipuedes, pero  no fue por mucho tiempo, porque se perdieron las elecciones y se disolvió el taller en sí mismo.

Siempre tengo el corazón partido entre Buenos Aires y Salsipuedes, voy y vuelvo y los dos lugares me dan amor y en ambos doy amor. Para la escritura, las dos cosas son propicias.

Fotografía: Gentileza de Walter Cabanillas

EM: ¿Fue difícil tomar la decisión de dedicarse a esto con el conocimiento de los obstáculos que presenta el arte en general como sustento económico?

PO: Sí, en realidad el sustento económico viene siempre por otro lado: son otros trabajos los que uno realiza para sustentarse, a veces hay dinero en algunas invitaciones a festivales, pero ningún escritor, ni siquiera los que están en la cresta de la ola viven, o creo yo, enteramente de su profesión. Creo que todos trabajamos de otras cosas, ya sea la coordinación de cultura en un municipio como el de Salsipuedes o con los talleres literarios.

Yo soy partícipe de dar talleres cortos, para no estirar demasiado la poesía. Generalmente, los que asisten a los talleres van, luego de sus trabajos, luego de su escuela, o luego de alguna que otra tarea.

Siempre hay ayudas económicas por el lado de la poesía, pero jamás llega a ser el sustento para pagar la luz, el gas, y el teléfono…

EM: ¿Desde qué instancia se considera artista?

PO: Creo que en Buenos Aires ocurrió algo más relacionado a la música, en donde los demás veían algo en mí y los demás me involucraban. Los otros son artistas que me dieron el paso, que me dieron el lugar, que tuvieron una  generosidad extraordinaria que,  lamento decirlo, en Córdoba no ocurre tan a menudo. Cuando yo tenía 20 años, esas personas me ayudaron concretamente. Me empujaron, me vieron, ellos,  y de alguna manera dijeron “che, vos sos una artista”.

Fotografía: Gentileza de Walter Cabanillas

Me cuesta mucho decir que soy poeta, generalmente digo que soy escritora, por una cuestión de vergüenza. Creo que soy una escritora de oficio, me vínculo con el arte, me vinculo con la música, escribo canciones para algunos músicos que me lo piden, y para algunos que no me lo piden también. Con ellos me siento una más.

Cuando estoy en el mundo real, por llamarlo de alguna manera, no me siento artista. Salgo a laburar, barro, limpio, hago eventos: he sido camarera por muchos años, he tenido bares, he puesto el cuerpo en mis trabajos…

 

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