Cuando parecía apagarse la llama de Roger Federer vuelve a arder más brillante que nunca. El Milenio recorre en esta nota el rejuvenecer de un campeón eterno.

6-3, 6-3 dibujaba el marcador en Key Biscayne, año 2004, cuando Rafael Nadal con apenas 17 años derrotaba a un Roger Federer que con 23, recién llegaba a la cima del ranking mundial, y se mostraba invencible, sin cambiar su marcha, como un reloj suizo.

Pero aquel adolescente manacorí hacía sonar una primer alarma de la tortura que sería para Federer encontrarse con un rival que con el correr de los años se convertiría en su némesis deportiva. La lucha prosiguió y Federer continúo liderando el ranking mundial, sin ceder el primer puesto durante cuatro largos años.

Sin embargo las constantes derrotas ante el español fueron minando la confianza del suizo, quien se quebraría definitivamente en Wimbledon. Nadal dio el golpe de gracia en ese entonces venciendo a Federer en su casa, en el único recinto en el cual se mantenía intocable ante el zurdo de Mallorca.

El mejor partido de todos los tiempos marcaría un quiebre definitivo en una rivalidad sin igual en la historia del tenis. “Rafa” se adueñó del número uno, y los embates de Federer no eran suficiente como para desplazarlo.

Una nueva oportunidad, esta vez inmejorable llegaba para el helvético. Federer enfrentaba a Nadal en la final del Australian Open, luego de que el español batallase por 5 horas ante Fernando Verdasco, sin contar siquiera con un día de descanso. 7-5, 3-6, 7-6(3), 3-6, 6-2 fue el marcador, otra vez, a favor de Nadal.

En otra muestra de carácter y superioridad mental, el español completaba el Grand Slam con apenas 22 años. Federer sucumbía ante un rival que aun diezmado se mostraba más entero físicamente, más fresco. Nadal encerraba al suizo sobre su revés con su derecha plagada de top spin.

Rafa era más sólido desde el fondo de la cancha, su drive iba justo al punto más débil de Federer, que no lograba desbordar al manacorí, y quedaba desairado una y otra vez en la red ante los terribles passings del español. Sin embargo la clave de sus enfrentamientos no era tenística, ni siquiera física, era mental.

Aquel Federer que casi no expresaba emociones se volvía un jugador enojado, frustrado, sin poder demostrar su grandeza ante un rival más joven, que venía a arrebatarle lo que era suyo. En la entrega de premios de aquel Abierto de Australia Federer rompió en llanto, mientras Nadal lo abrazaba. Por entonces el duelo personal estaba 13 a 6 a favor del zurdo de Mallorca, y la impotencia abordaba a un Federer sin respuestas.

8 años más tarde bajo el sol de Miami, donde se enfrentaron por primera vez, el helvético volvió a verse las caras con su rival más letal. Camino a sus 36 años el suizo se encuentra escribiendo la página más maravillosa de su enorme leyenda deportiva.

Festeja a puño cerrado como nunca, grita cuando gana, y saca lo mejor de sí cuando las cosas van mal. Arriesga tenísticamente de manera desmedida, como un chico talentoso que recién llega a la elite del tenis. Disfruta luego de 8 meses sin competencia, que muchos calificaron como el adiós definitivo de este fenómeno.

Roger Federer se reinventó tenísticamente de una manera nunca antes vista, y ahora su juego escapa a todos los manuales. Tira desde cualquier lugar de la cancha, pelotas imposibles, pega de sobrepique y sorprende a sus rivales con subidas en la red que poco tienen que ver con la ortodoxia del tenis.

Su juego se volvió incorrecto, ya no es un relojito suizo sino en cambio un hombre que ganó todo y decidió seguir aprendiendo, como si fuera la primera vez que agarrase una raqueta. Cambió su gesto adusto por la mirada de un jugador que disfruta de todo, su cuerpo le responde luego de 20 años de profesionalismo y ni se le ocurre pensar en el retiro.

Lo mágico de esta nueva versión de Roger es que puede lidiar con sus fantasmas. La página más negra de su carrera era no poder superar en sus enfrentamientos personales a Nadal, y sin embargo a sus 35 años lo ha derrotado 4 veces consecutivas. El Federer de 23 años nunca podría haberlo hecho.

Ganó un Grand Slam a 5 sets, luego de jugar otros dos partidos eternos ante Stanislas Wawrinka y Kei Nishikori.  En la final del último domingo venció a Rafael Nadal 6-3, 6-4, sin atenuantes. El revés del suizo está mejor que nunca, y sus pasos de ajuste antes de pegar se juntan con su increíble técnica para no dar tregua a sus oponentes.

Roger Federer cambió, y de la mano de su tenis rejuvenece cada día, como en aquella fantástica historia de Benjamin Button. La clave pasa por nunca dejar de aprender, aun estando en la cúspide de la historia.

Así el astro del tenis mundial sigue sorprendiendo, y sorprendiéndose a sí mismo. Así ya no sabemos si estamos viendo un partido de tenis, u otro cuento de un jugador imposible, que a cada momento se vuelve más joven.