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La alegría del pueblo

Entre puñados de harina, albahaca y espuma loca, la segunda noche del Festival de la Solidaridad dejó al público totalmente "chayado". El cantante riojano Sergio Galleguillo trajo el popular festejo de su provincia a Villa Allende y fue coreado incansablemente por la gente. Tras su explosiva presentación, "el Gallo" charló con El Milenio y otros medios de la zona. "La chaya es unión, amistad y familia", aseguró.

Entre puñados de harina, albahaca y espuma loca, la segunda noche del Festival de la Solidaridad dejó al público totalmente «chayado». El cantante riojano Sergio Galleguillo trajo el popular festejo de su provincia a Villa Allende y fue coreado incansablemente por la gente. Tras su explosiva presentación, «el Gallo» charló con El Milenio y otros medios de la zona. «La chaya es unión, amistad y familia», aseguró.


Por Lucía Argüello

luciaarguello@elmilenio.info

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VILLA ALLENDE – Sergio Galleguillo tiene 48 años pero cualquiera que, sin saberlo, lo viera correr, saltar y cantar por todo el escenario durante más de una hora, se jugaría por una cifra mucho menor. De orígenes humildes, Galleguillo tuvo una infancia, como él mismo dice, «rodeado de cosas artísticas», desde una madre actriz hasta una hermana que integró el primer elenco de teatro de La Rioja y un padre que pasó de boxeador a trapecista de circo, junto con su esposa, para poder alimentar a sus cinco hijos.

Músico desde niño, un día «el Gallo» quiso traspasar las fronteras del público de siempre y llegar más allá con el folclore. Con ese espíritu popular nació «Los Amigos», que luego se transformó en «Sergio Galleguillo y Los Amigos», banda con la que editó seis discos. En el 2007 inició su carrera como solista y grabó tres CDs más. Pronto su estilo se impuso en las peñas y festivales folclóricos del país, convirtiéndolo en el representante indiscutido de la chaya, tradicional fiesta riojana, a nivel nacional.

dsc_0434Se trata un festejo de origen diaguita que busca agradecer a la Pachamama por las buenas cosechas. Hoy, salvando las distancias, los riojanos continúan con esta ancestral tradición, aunque hayan cambiado harina de algarroba por harina de trigo y agua por espuma loca.

«La chaya es unión, amistad y familia», resume Galleguillo en el escenario, «El harina nos hace iguales a todos».

¿Te esperabas semejante bienvenida de la ciudad de Villa Allende?

No, la verdad que me sorprendió porque es la primera vez que vengo a este festival y estoy muy feliz por el recibimiento de la gente, por la fiesta que se dio. Es muy bonito poder compartir con todos este encuentro chayero en el regreso del festival, 30 aniversario, una noche con luna increíble, todo se dio. Para mí ayudar a Villa Allende y a mi amigo el Gato Romero es una alegría.

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Hace algunos años tocabas en bares, peñas, clubes. Hoy has hecho una carrera brillante, llegaste a los mejores escenarios del país, ¿qué cambio hubo en vos para llegar hasta este presente?

El cambio es manejarse profesionalmente. Yo he sido un tipo muy respetuoso, muy responsable, coherente, jamás le falto el respeto al escenario ni a la gente. El crecimiento te trae responsabilidad. Porque uno no cambia, lo que cambia es cómo te miran los que están del otro lado. Yo sigo siendo el mismo chango de siempre.

La verdad es que vengo desde muy abajo, nunca tuve un apellido ni un padrino artístico, siempre me costó todo el doble, y hoy, estar en estos grandes escenarios, ser un pilar fundamental de cada festival, es increíble, siento que se me pasó muy rápido. Acabo de cumplir 48 años y pareciera ayer cuando tocaba en los bares. Han pasado 35 años con la música y 20 años de ser profesional. No soy un invento de nadie, no soy mediático, no vedetizo el folclore. Yo solamente vengo a cantar y a alegrar, esa es mi forma de ser.

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¿Cómo fue que adquiriste esa impronta popular y festiva que hoy es la marca de tus presentaciones?

Durante 15 años he tocado música para bares y pubs, sé lo que es tocar folclore para escuchar, siendo músico. Un día quise saltar ese charco y que me escuchara el chango de la esquina. Ese chango que terminaba de jugar al futbol y le decían algo malo de su señora, llegaba a su casa y le pegaba, a ese chango quería llegar con mi música, para cambiarlo.

La música me llevó a esos rincones y por eso soy tan popular, y ser popular significa tener el doble de responsabilidad, no le tenés que fallar jamás a esa gente. Por eso soy muy coherente con lo que digo y con lo que hago, por ejemplo, tomo muy poco alcohol, nada de cigarro, nada de droga, mucho deporte. Trato siempre de enseñar a los jóvenes que se puede vivir de esto y hacer música sin tener adicciones.

¿Cuál es el desafío para vos hoy en día?

El desafío de la vida es seguir trabajando en la música, seguir ayudando y seguir creciendo hasta donde Dios diga, si no es cantando al menos como productor.

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¿Qué mensaje querrías dejarle al pueblo de Villa Allende después de esta noche?

Que se la merecen, porque realmente la han pasado muy mal. Yo creo que esto tiene un significado muy bonito porque hacer un festival, después de tanto dolor, es como que le levantás el espíritu a la gente. Por eso chayar es bueno, porque la chaya significa eso, matar las penas de todo el año, con esto ustedes pueden matar las penas de lo que pasó esa vez. Estoy muy feliz de haber participado en un festival de semejante nivel, ojalá que Villa Allende siga creciendo y que todos los artistas que salgan de esta zona puedan contar este lugar en sus canciones.

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Horacio Guaraní te nombró el cantor del pueblo, hoy fue una locura cómo te seguía la gente…

Cierto, Horacio Guaraní un día me dijo eso: «vos sos el cantante del pueblo». Y yo le dije «bueno, ¡qué decir de vos entonces!». Éramos muy amigos con Horacio. Un día me dijo «¿sabes por qué te quiero? Por dos cosas, primero porque mi hijo Panchito escuchaba ‘Agitando pañuelos’ cuando tenía 13 años nomás y segundo, porque sos petiso como yo, gordito como yo y cantamos feo los dos, pero somos la alegría del pueblo. Esas palabras me mataron. Él hablaba de esa mística del público con el cantante popular, como acaba de pasar hoy, esa comunión que es maravillosa. Y si hubiera sido sábado, hubiera habido el triple de gente. Fue muy hermoso lo que pasó, me voy muy feliz. Villa Allende recuperó su festival, recuperó su alegría y he sido parte de eso.

Te has convertido en el embajador de la chaya para todo el país, ¿cómo te sentís con eso?

Más responsable todavía, a este paso debería conseguirme un buen sponsor de harina y de jabón para lavar la ropa. Estoy muy contento de llevar mi fiesta a todos lados porque es una fiesta muy bonita, donde uno se encuentra. Ese es el mensaje chayero: la unión, la amistad y la familia.

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