Elena Kuchimpós, directora de primario IMVA, junto a Marilina Rotger, docente, disertarán en el Congreso Internacional en Educación y Salud, que se llevará a cabo en el mes de julio en Quito, Ecuador.

Por Redacción El Milenio | periodico@elmilenio.info
Tras un proyecto presentado por las docentes Elena Kuchimpós y Marilina Rotger, el próximo mes disertarán en la ciudad de Quito, Ecuador, dentro del marco del Congreso Internacional de Neurociencias Presente y Futuro.
Asimismo, se presentarán en la ciudad de Buenos Aires en el II congreso Internacional en Educación y Salud: Urgencias Subjetivas Niños y Docentes Aburridos y Solos, de 16 al 18 de junio.
Su proyecto denominado “El aprendizaje y las emociones” hace referencia a cómo nuestras emociones entorpecen o favorecen nuestra capacidad para pensar y planificar, llevar a cabo el enfrentamiento con respecto a una meta distante, resolver problemas y conflictos; definen el límite de nuestra capacidad para utilizar nuestras habilidades mentales innatas y así determinar nuestro desempeño en la vida.
“Y en la medida en que estamos motivados por sentimientos de entusiasmo y placer con respecto a lo que hacemos – o incluso por un grado óptimo de ansiedad – esos sentimientos conducen a logros. Es en este sentido que la Inteligencia Emocional, como rectora en el manejo de la emociones, es una aptitud superior, una capacidad que afecta profundamente a todas las otras habilidades, facilitándolas o interfiriéndolas”, explica el proyecto.
«Es importante saber que toda persona nace con seis emociones básicas: ira, miedo, odio, asombro, felicidad y desagrado».
Por otra parte, el informe de las docentes expone que «es importante saber que toda persona nace con seis emociones básicas: ira, miedo, odio, asombro, felicidad y desagrado. Cuatro de estas emociones son negativas, una positiva y una neutral. Esto tiene una explicación científica, que el ser humano nazca con más emociones negativas está dado por una de las funciones principales de nuestro cerebro: la supervivencia, pero también sabemos que nuestro cerebro tiene la capacidad de plasticidad lo que hace que se molde según las situaciones que escanea del ambiente o contexto exterior».
«Esto es positivo para la educación dado que si como educadores enseñamos a nuestros alumnos a detectar aquellos factores negativos que perciben del espacio exterior y les damos herramientas para reconocerlos, sus sentimientos pueden acabar en reacciones opcionales positivas», añaden las docentes.
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