Cerrando ciclos educativos

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Por Natalia Boffelli (Lic en Psicopedagogía. MP 13- 1567) | periodico@elmilenio.info 

Llego la hora de cierres del ciclo lectivo, donde las escuelas comienzan a vaciarse de alumnos y comienzan en pocos días las autoevaluaciones de acciones pedagógicas docentes y todo su quehacer. Los directivos cierran temas administrativos y diálogos – reuniones con equipos pedagógicos de nivel. Los servicios de orientación psicopedagógico preparan sus cierres y acuerdos con padres para ciclo entrante.

Pero lo más importante son las emociones de nuestros alumnos que finalizan niveles educativos y egresan para dar nuevos pasos y crecimientos acompañados de sus docentes, directivos y padres. Las familias se hacen presentes en los festejos y actos protocolares donde las emociones se ponen a flor de piel, y se acompañan de grandes recuerdos y recorridos, con errores, aciertos, esfuerzos y acompañamiento.

Estos son los momentos donde los docentes vamos habitando las instituciones en silencio y se comienzan a extrañar las voces, corridas, diálogos, llamadas de atención y tiempos áulicos.

Se dan momentos de encuentro familiar con las instituciones donde se acompañan mutuamente para dar sorpresas y disfrutar de los logros obtenidos por los alumnos y pedagógicamente. Se abren nuevos desafíos hacia nuevos niveles educativos, nuevos espacios y mayor volumen de cuerpos docentes, ni que hablar del encuentro universitario de los alumnos de secundaria donde la decisión de profesiones comienza a dar frutos, donde se ponen a prueba todos los aprendizajes educativos y de sociabilización, convivencia y autonomía.

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Las aulas se vacían luego de los exámenes y quedamos solos preparando cierres y sintiendo las ausencias, que si por un lado son el comienzo del descanso para quienes aman a los niños y a los adolescentes es también un dejo amargo y de soledad.

El quehacer educativo lo conforman docentes, alumnos, directivos y el sostén y elección familiar de las instituciones; la frialdad de lo administrativo en el quehacer docente se sostiene por el amor a la profesión y el esperar un nuevo comienzo con los alumnos. Sin ellos las instituciones se convierten en hermosos edificios vacíos de contenido, pues la vida de cada pasillo y aulas las otorga la presencia de los alumnos al cuidado de sus docentes.

A partir del 18 de diciembre, las instituciones devuelven a padres la guarda provisoria de sus hijos, con alegría y con un dejo amargo también. Todos merecemos descanso pero cuando la elección y decisión vocacional es estar con los alumnos queda un cordón invisible que nos une a ellos hasta el nuevo ciclo lectivo.

Los cambios esperan, los nuevos proyectos comienzan a tallarse, se descansa y se idean nuevas acciones, se preparan nuevos escenarios de espera.

Decir adiós nunca es fácil, cuesta mucho, emociona pero forma parte de los logros de padres que con esfuerzo acompañan cada año a sus hijos, de docentes que se preparan día a día decisiones pedagógicas para enseñar y aprender junto a los grupos de alumnos sean del nivel al que pertenezcan.

Las patronales y en nuestro caso la Fundación Josefina Valli de Risso, sigue apostando a brindar espacios, tiempos y acciones pedagógicas para acompañar y formar alumnos que puedan acceder al mundo con estrategias y visiones de personas honestas, trabajadoras y estudiosas de sus propias elecciones.

EL MILENIO

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