Los niños necesitan ser FELICES, no “ser los mejores”

 

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Colaboración: Prof. Elena Kuchimpós (Directora Nivel Primario IMVA)

Compararlos  es un error que los padres cometemos muy a menudo y que puede afectar al desarrollo de los niños.

Todos los niños son distintos, aunque reciban la misma educación; nunca son iguales, cada uno tiene necesidades diferentes y una personalidad propia.

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Muchas veces, en nuestro afán de querer imponerles nuestros modelos o ideales, cometemos el error de compararlos. Esta comparación, puede provocar en ellos una baja estima que genere miedos e inseguridades. Estas inseguridades pueden interferir en el desarrollo de sus habilidades y las posibilidades de expresar sus aprendizajes, por el temor a no cumplir con las expectativas que los adultos tenemos y les imponemos con las comparaciones: “mirá a tu hermano qué bien se porta”, “aprende de tu amigo que bien copia toda la tarea”, “qué buena es esa nena que come toda la comida”…

Sin darnos cuenta, teñimos de juicio de valor las acciones cotidianas de nuestros niños, intentando seducirlos con modelos, a nuestro parecer, mejores a ellos.

Como padres estamos en un continuo aprendizaje, y definitivamente no es fácil saber qué es lo que estamos haciendo bien y qué estamos haciendo mal, pero seguramente coincidimos que TODAS las comparaciones son odiosas y que en los niños pueden dejar huellas negativas difíciles de superar.

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Algunos consejos que fortalecen la seguridad de nuestros niños:

ESTAR PRESENTES: dedicarles tiempo en cantidad y calidad para escucharlos con atención, mirándolos, dando cuenta que estamos interesados en su relato.

BRINDARLES ESPACIOS DE AUTONOMÍA: no sobreproteger, déjalos equivocarse y buscar nuevas soluciones, mostrar excesivamente nuestro miedo a la separación, a que intenten cosas nuevas… le puede trasmitir inseguridad.

PROMOVER SU VIDA SOCIAL: facilitar espacios y situaciones que les permitan relacionarse con otros niños.

ESTABLECER LÍMITES: los límites dan seguridad, marcan el camino y los niños los necesitan.

NO ETIQUETAR: las etiquetas (“el inteligente”, “el vergonzoso”, “el revoltoso”…) tanto en positivo como en negativo son perjudiciales. Una etiqueta en positivo puede generar ansiedad en el niño intentando cumplir siempre con tus expectativas y sintiéndose muy mal cuando no lo consigue. Una etiqueta negativa, influye en su conducta: como me ven actúo.

ENFOCARSE EN SUS CONDUCTAS: cuando tenga un mal comportamiento enfócate en las conductas. No es lo mismo decir “que malo eres”, que “está mal que empujes a ese niño” o dar espacio al diálogo que explique lo que sucedió, por qué y sus consecuencias para concientizar.

Comprarar nuestros niños con modelos positivos o negativos, condiciona su conducta, intentando cumplir con el modelo impuesto.

“Valoremos la personalidad y las cualidades de cada uno de nuestros niños, motivándolos a ser mejores cada día para su progreso personal, no para ser igual a otro, sino para ser mejor que él cada día”.

EL MILENIO

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