- Por Natalia Boffelli
- Lic en Psicopedagogía MP 13-1567.
El voto o sufragio es el medio o instrumento por el cual el pueblo manifiesta su voluntad designando a las autoridades que gobernarán, expresión que es secreta, un derecho y obligación derivado del ser ciudadano en democracia. El voto (del latín votum) es la expresión de una preferencia ante una opción que fuera definida tras una selección y elección de las propuestas obtenidas y de la adhesión personal e individual con mirada al futuro.
Debe asumirse con seriedad y responsabilidad, siendo un acto cívico de gran importancia y trascendencia. No se trata de solo asistir y cumplimentar con una obligación sino de ver la gran oportunidad que brinda y el poder de decisión que implica.
Se supone que el ciudadano debe valorarse a sí mismo y a su acto, con plena conciencia y convencimiento de que su voto es importante.
Cada voto es importante, cada propuesta debe tener su espacio de expresión y ante todo debe ser respetada por todos. Cada postura o elección puede ser leída e interpretada como forma de expresión de las necesidades o elecciones que cada ciudadano posee, generando posteriormente una sumatoria de pensares expresados que definan a nuestros gobernantes.
A su vez, es la forma de expresión popular para elegir a quienes se consideran y delegan la facultad de dirigir un país, gobernación o municipio, más otras funciones.
Los adolescentes, que estas elecciones que llevan por primera vez sus votos a las urnas y cumplimentan con su deber cívico, están preparados para ello y tienen herramientas para con ayuda educativa y de las familias. Enseñarles a valorar muy seriamente las posturas de los distintos partidos y su trayectoria, sin impactar en su decisión sino dejar que actúen y sepan que deben hacerlo con libertad absoluta de decisión.
En la actualidad, los niños desde pequeños hasta adolescentes reciben mediante un área curricular específica los conocimientos que debe ir adquiriendo en las distintas etapas, hasta ser parte de la toma de decisión y ello lo hace a través de las áreas de identidad y convivencia – ciudadanía y participación, destinadas a espacios de aprendizaje del ser ciudadano, acompañado de docentes responsables de transmitir y construir estos aprendizajes sin dejar impregnadas posturas personales que puedan entorpecer la decisión libre de los adolescentes llegado el momento.
Los adultos debemos dar ejemplo cívico a nuestros menores y adolescentes, ya posibles de emitir su voto, para que acompañen de manera responsable este acto tan importante para la democracia; ayudando a que desarrollen un sentimiento de pertenencia e identidad del lugar geográfico en el cual interactúe socialmente con responsabilidad y disponiendo de derechos y respetando las obligaciones.
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