El barrio que apuesta al futuro

Villa Sol es un barrio ecológico y modelo de Salsipuedes, el cual se encuentra emplazado sobre la E53. El objetivo es demostrar que es posible construir y habitar en armonía con la naturaleza.

El eco barrio es una nueva manera de vivir, en la cual cada habitante asumirá consigo mismo y con los demás el compromiso de cuidar el ambiente natural y social.
El eco barrio es una nueva manera de vivir, en la cual cada habitante asumirá consigo mismo y con los demás el compromiso de cuidar el ambiente natural y social.

Por Redacción El Milenio. 

La bioarquitectura está en auge en Sierras Chicas, y así lo demuestra Villa Sol o también conocido como el eco barrio San Miguel – por el nombre de la Fundación al que pertenece- , el cual está ubicado sobre la ruta E53 de la ciudad de Salsipuedes. Aquí, las casas son construidas con materiales nobles que puedan volver a la naturaleza después de su vida útil.

En este sentido, vivir en este lugar tiene sus requisitos, por ejemplo es necesaria la integración de los entornos naturales al entorno social, preservación del ambiente, reciclar el líquido cloacal, ahorrar al extremo el agua, utilizar materiales naturales, como tierra cruda, piedras del lugar, paja y caña (éstas se cortan sin talar para reemplazar a la madera).

También caracteriza a San Miguel es que quien viva en este debe generar energías no convencionales, aunque está presente la alternativa de la energía eléctrica y del agua corriente. Pero existe una casa piloto y es un ejemplo a seguir, la cual está equipada para el calentamiento de agua por muchos métodos ecológicos, pero también tiene un calefón a gas para que nadie quede sometido a una doctrina.

Una vida más natural y de ahorro.

Los terrenos dentro del predio de la Fundación son muchos más económicos de los que puedan llegar a pagarse en la ciudad de Córdoba. Además, es preciso aclarar que cualquier costo que se pague al ingresar en el barrio se amortizará en el futuro, ya que el eco barrio se perfila como un lugar que logrará autoabastecerse con los recursos que produzca. Es decir, que se convertirá completamente en una comunidad ecológica, productiva, autogestionada y auto sustentable.

Las casas cuentan con calefacción mediante un sistema de convectores solares y acumuladores de temperatura, también tienen refrigeración por aire insuflado y un vivero interior que contribuye a balancear la temperatura y la humedad de la misma.

Se puede mencionar a la lucerna central que actúa como extractor del aire caliente o como captador de calor solar, una estufa central, además de una capa de piedra por debajo del piso de la vivienda que funciona como acumulador térmico; por último, hay que mencionar una fresquera para alimentos y un secador de ropa accionados con el mismo sistema de climatización natural.

La depuración de líquidos cloacales es otro elemento a tener en cuenta en estas construcciones ecológicas, estos mismos son tratados en plantas fitodepuradoras y con técnicas ecológicas generadas en Alemania.

Por dentro.

Construidas siguiendo las reglas de la bioarquitectura, las biocasas utilizan madera y piedra y se les da una gran importancia a la orientación, a la luz, a que sea fresca en verano y a que conserve el calor en invierno, entre otros.

Es así como la mayoría de las casas del barrio son de forma octogonal, evitando así los ángulos rectos. En el medio está ubicada una estufa solar, que hace de chimenea. Aquí se concentran, bajo una claraboya que permite el paso de luz natural, los espacios comunes para la familia. La casa tiene la viga de fundación de hormigón armado porque hay que cumplir con las normas de sismorresistencia, aunque hay que aclarar que el resto de los materiales son todos naturales.

Los arquitectos Donato Capitanelli y Diego Dragotto explicaron al diario La Nación que “las grandes innovaciones de la casa fueron la utilización de un ‘techo vivo’ y la lana de oveja como aislante térmico-acústico”.

“El techo vivo surge de la necesidad de encontrar una solución a la construcción de los techos tradicionales que, al reflejar los rayos del sol, aumentan el efecto invernadero”, agregaron.

Origen.

La iniciativa del proyecto de barrio ecológico surgió de las arquitectas Marta Sosa e Isabel Donato, cuando en 1993 fundaron Pro-Eco San Miguel. Esta fundación, contó el arquitecto Pablo Capitanelli, miembro del equipo, quien está hace tiempo trabajando sobre educación ecológica en escuelas y colegios, a través de campamentos educacionales y experiencias ecológicas.

EL MILENIO

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