Por: Dasha de Loredo, Matilde Encina, Josefina Arra y Olivia Gómez 4° IENM – Benjamín González 4° IMVA
Redacción: Sofìa Ivonne Maciel
María José Hernández -o Majo como la llaman sus conocidos- siempre supo que la cocina era su pasión. Proveniente de una familia de cocineros, siguió el legado y estudió gastronomía y publicidad en Caracas, capital de su Venezuela natal.
Aunque oriunda de allá, Argentina siempre le despertó interés. La cultura, los paisajes, los platos típicos e incluso el acento local alimentaron durante años el deseo de conocer el país. Así, lo que comenzó como una estadía de apenas tres meses terminó convirtiéndose en un proyecto de vida que ya lleva más de una década en Córdoba.
Al desembarcar en La Docta, esperaba la oportunidad de desempeñarse en algún restaurante para volcar su vocación. Sin embargo, el camino no fue sencillo: varias puertas se cerraron y terminó trabajando como niñera, una tarea que ya conocía por experiencia previa.
Tras dos años alejada de su profesión, decidió reencontrarse con la cocina. Entre cursos, trekking y una alimentación más saludable, comenzó a preparar comidas para compartir. Durante una salida a la montaña, unas hamburguesas veganas elaboradas por ella misma dieron origen a los primeros pedidos.
Sin experiencia como emprendedora y utilizando las instalaciones de la casa donde cuidaba niños, dio sus primeros pasos, con una idea gestada durante el cursado de la carrera. “Nos pidieron pensar un proyecto final relacionado con un servicio y pensé en un restaurante latinoamericano. No quería enfocarme solo en Venezuela, sino mostrar la riqueza gastronómica de toda Latinoamérica”, rememoró.

En principio comercializó productos congelados saludables y, posteriormente, tras participar en un concurso de empanadas y ganar la competencia, “Mulata Gourmet empezó a tomar forma como negocio” -en sus palabras-.
“Durante la pandemia me fue muy bien y decidí independizarme. Hacía de todo: producía, repartía pedidos, compraba insumos y manejaba las redes sociales. Después apareció la oportunidad de tener un local en Villa Allende, pero permaneció cerrado un tiempo por cuestiones personales”, recapituló también.
Finalmente, el gran cambio llegó en 2024, cuando el influencer Ale Tavarone visitó el establecimiento y la cuenta de Instagram pasó de 4.000 seguidores a más de 12.000. “La gente llegaba de todos lados para probar mis comidas y ahí comenzó realmente el Mulata Gourmet que existe hoy”, valoró Majo..
El Milenio: ¿Cómo es tu oferta gastronómica y cuál es su diferencia frente a otras propuestas venezolanas en Córdoba?
Majo Hernández: Tenemos lo clásico, las arepas y las empanadas ganadoras. Después están los patacones y el pabellón venezolano. Como postre ofrecemos el quesillo, que es como un flan hecho a base de leche condensada y ron. Todas las comidas son sin TACC y, además, en el local se pueden encontrar opciones veganas.
El diferencial que tiene Mulata frente a otras propuestas es que trato de mantener el sabor casero. Busco que la gente viva la experiencia real de conocer la cultura venezolana, porque no es solamente la arepa, existen otras regiones de Venezuela con una gastronomía muy amplia y diversa. Además, yo soy la imagen del lugar. La gente viene, me ve y prueba lo que cocino. Soy yo quien está detrás de cada plato y nadie más mete mano en la cocina. Y eso es algo que cuido mucho, porque siento que la esencia soy yo, son mis manos y el amor que transmito a través de la comida.

EM: ¿Cómo recibió el público tu propuesta en particular y cuáles dirías que son hasta ahora los logros más destacados?
MH: Los argentinos han sido muy receptivos con nosotros. Siempre digo que argentinos y venezolanos son como los hermanitos de Latinoamérica. Creo que esa cercanía hizo que nuestra gastronomía creciera tanto. Me emociona cuando vienen venezolanos y lloran al probar un plato porque les recuerda a su familia o a su infancia. Incluso algunos argentinos que viajaron a Venezuela vuelven a conectarse con esos recuerdos a través de la comida. El mayor premio es el cariño de la gente. Sin los que prueban la comida, nada de esto existiría. También fui nominada por Circuito Gastronómico, pero lo más valioso es el impacto que uno genera en las personas. Trato de seguir siendo la misma Majo de siempre, más allá de la viralización o el crecimiento del negocio.
EM: ¿Cómo fusionás tus dos profesiones y de qué herramientas te valés actualmente para promocionar tu labor?
MH: Yo, además de cocinar, también manejo las redes sociales. Soy publicista y es algo que disfruto mucho. Los influencers han sido clave porque hoy en día el boca a boca y las referencias son lo que más vende. Yo quiero que la gente vea la comida del local tal como aparece en la pantalla, e incluso que, cuando venga al restaurante, la experiencia sea aún mejor. Busco fotos orgánicas, espontáneas: estar cocinando y que la foto de la arepa salga en el momento. Soy bastante exigente con lo que se muestra, por eso también participo en la producción de los videos y cuido cada detalle de la imagen del lugar.
También me he dado cuenta de la importancia de las reseñas en Google Maps, porque son una de las herramientas que más alcance generan. El año pasado me contactó una chica desde Italia y me dijo: “Tengo un amigo en Villa Allende al que quiero hacerle un regalo de comida venezolana. Busqué en Google y tu restaurante tiene cinco estrellas y muy buenas referencias”. Finalmente hizo la compra desde el exterior. Ahí entendí que la gastronomía también puede conectar personas y lugares, incluso a miles de kilómetros de distancia.
EM: ¿Qué planes y metas tenés a futuro para Mulata Gourmet?¿Qué querés que la gente recuerde cuando piense en el lugar?
MH: Me gustaría que cuando alguien piense en Mulata Gourmet recuerde haber sentido un pedacito de Venezuela en el paladar. Quiero que cuando alguien pruebe mi comida diga: “Estoy en Venezuela, me estoy comiendo un pedacito de Venezuela”. Pero no se trata solo de comer un plato, detrás de eso hay una historia, un sentimiento y mucha nostalgia. Eso se refleja cuando alguien viene, prueba la comida y se emociona. Me ha pasado que personas me dicen: “Esto me recuerda a mi tía” o a la abuela o al colegio. Por ejemplo, en Venezuela desayunamos empanadas a las siete de la mañana. entonces, cuando alguien va al local temprano y prueba una empanada, puede volver por un instante a la cantina de su escuela. En cuanto a mis proyectos, sueño con expandirme a otros países y combinar la cocina venezolana con la argentina. Me imagino a un argentino probando una empanada criolla en otro lugar del mundo y sintiendo que, por un instante, volvió a Córdoba.

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