28 julio, 2026

El Milenio

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Beach vóley: sembrar la arena

Franco Romero encontró en este formato un proyecto que va más allá de competir. A través de clases y proyectos como la Liga Cronos, apuesta a fortalecer una disciplina emergente en la región y consolidar un circuito regional que amplíe el alcance de esta modalidad.

Por: Francisco Turturro y Thomas Marshall 4° IMVA – Ciro Appendino, Lucía González y Josefina Arra 4° IENM 


El voley en Argentina es otra prueba incontrastable -una más- del poderío sin igual de la celeste y blanca en los deportes colectivos. “El deporte argentino es un milagro”, dijo hace algunos meses Daniel Castellani, gloria del voleibol y uno de los grandes protagonistas de “la generación del 82” un grupo de jugadores que logró, por primera vez, la trascendencia del vóley nacional. 

Al explicar el por qué de la frase, se detuvo en una realidad muy particular, que desde nuestro propio país se torna complejo ver. Nuestra tierra sostiene, por cultura y por tradición a una estructura de clubes, sociedades de fomento e iniciativas individuales que rápidamente se tornan grupales. Un empuje sin igual, una ofrenda constante a la pasión ¿Faltan pelotas? Hacemos una rifa ¿No hay remeras? Nos juntamos a vender panchos y alfajores.

No se trata de enamorarse ni romantizar el desfinanciamiento, se trata de pensar cómo, aún en la ausencia de programas y presupuestos, el deporte argentino no sólo sobrevive, destaca. 

Gracias a deportistas y formadores apasionados y talentosos, como Franco Romero, que entró por primera vez a una cancha de vóley a jugar cuando tenía 15 años. De esta manera, aquello que parecía una actividad más terminó convirtiéndose en un motor que hoy ocupa gran parte de su vida.

Con el tiempo no sólo se consolidó como jugador de vóley indoor, sino que también encontró en el beach vóley una disciplina que le abrió nuevas posibilidades deportivas y personales. 

Hoy combina roles para impulsar un formato todavía emergente en Sierras Chicas. Para intentar que la disciplina gane terreno, además de competir, entrena y organiza torneos. «El beach llegó de a poco. Primero fue curiosidad, después empezamos a conocer gente que ya jugaba, hicimos contactos y nos fuimos metiendo cada vez más», recuerda.

Ese recorrido se transformó en un proyecto colectivo que agrupa a referentes para organizar competencias abiertas, entrenar jugadores y promover espacios para que cualquier persona pueda acercarse a la arena, incluso sin experiencia previa.

Hora de pisar más fuerte

A simple vista, el beach vóley parece una adaptación del vóley tradicional. La red tiene prácticamente la misma altura, las reglas son similares y el objetivo continúa siendo que la pelota toque el suelo rival. Sin embargo, para quienes lo practican, las diferencias son profundas.

Este obliga a sus intérpretes a ser mucho más completos que sus pares del estilo tradicional. Con apenas dos jugadores de cada lado, no alcanza con especialistas ofensivos o defensivos permanentes. Esta disciplina obliga a sacar, recibir, armar y bloquear con la misma eficacia, y eso claramente dispone otro nivel de complejidad.

La intensidad física que propone hace que los jugadores combinen una gran polifuncionalidad con un estilo frenético que premia el atleticismo. «La arena te obliga a estar en movimiento todo el tiempo. Si te quedás quieto, la pelota cae lejos y no llegás. Es mucho más físico y también mucho más técnico», explica Romero.

Ese nivel de exigencia también modifica la preparación. Más allá de los entrenamientos específicos, Franco insiste en la importancia del trabajo físico fuera de la cancha.

No obstante, Romero destaca que también hay distancias vinculadas al entorno y a otro modo de transitar el deporte. En esta línea, resume: «El beach tiene algo de playa. Siempre hay música, la gente comparte mucho más y el clima es distinto. Podés entrenar fuerte y competir, pero al mismo tiempo disfrutar muchísimo».

Ese espíritu fue uno de los motores para crear, junto a colegas, la Liga Cronos, un circuito que reúne jugadores de distintos niveles y que busca ofrecer más oportunidades de competencia.

Actualmente participan deportistas de Río Ceballos, Unquillo, Agua de Oro, Salsipuedes y la ciudad de Córdoba. También comenzaron a vincularse con torneos de mayor nivel, como el Beach Pro Tour y algunas fechas del circuito nacional.

Un referente natural 

Aunque continúa compitiendo, Franco reconoce que con los años su lugar empezó a desplazarse lentamente hacia la enseñanza. Quien supo ser su entrenador vio en él un jugador con la capacidad necesaria para convertirse en una figura y le propuso hacerse cargo de un grupo de inferiores. La primera experiencia no salió como esperaba, pero unos años después volvió a intentarlo con adolescentes y allí encontró su lugar.

«Se fue dando solo y de manera natural», cuenta el voleibolista. Hoy, dirige grupos de entrenamiento y acompaña a decenas de jugadores, convencido de que el rol del entrenador va mucho más allá de corregir gestos técnicos.

Para Romero lo más importante es transmitir entusiasmo y espíritu de equipo. En ese sentido destaca: «La energía del profe es fundamental. Si el entrenador tiene menos ganas que el alumno, es muy difícil que el entrenamiento funcione.”

Desde su lugar, no piensa en objetivos individuales, y en cambio empuja para  fortalecer la infraestructura a nivel local, conseguir sponsors, sumar materiales y, sobre todo, acompañar a los atletas que muestran condiciones para seguir creciendo.

En ese camino, Rosario aparece como una referencia inevitable. En el margen occidental del Paraná no solo florecen actividades acuáticas como el remo o el kitesurf sino que también se abre paso con fuerza el “beach”.  Allí entrenan las selecciones nacionales y funcionan programas de desarrollo para jugadores juveniles.

«Hay varios chicos de acá que tienen posibilidades. Mi sueño sería poder ayudarlos a llegar hasta allá», cuenta. Mientras tanto, sigue organizando torneos, entrenando sobre la arena y soñando con que esta variante gane el lugar que, cree, todavía le falta.


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