4 abril, 2026

El Milenio

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La Fragua: El folclore que nace del paisaje unquillense y la defensa del territorio

Autores de todo su repertorio, el conjunto musical compone desde el territorio que habita: el paisaje, el agua y la vida comunitaria. Con una identidad marcada por lo ambiental y por su lugar de pertenencia, el grupo sostiene un folclore propio, directo y trabajado de manera colectiva.

Por: Tomás Varea, Francisco Jordán y Violeta Palladino 4° IENM; Agostina López y Antonio Armando 4° IMVA.

Redacción: Bárbara Muñoz.


  • Origen coral: La banda surgió hace casi una década a partir del encuentro de sus integrantes en el Coro Polifónico Municipal de Unquillo.
  • Composición colectiva: Fieles a su nombre, «forjan» sus canciones de manera grupal; cada integrante aporta letras o melodías hasta lograr el resultado final.
  • Compromiso ambiental: El grupo utiliza su música como herramienta de conciencia. El tema «Somos semillas» se convirtió en un símbolo tras sufrir un episodio de censura en un festival por su contenido crítico.
  • Hito discográfico: Tras un largo proceso de autogestión, presentaron su disco «Abrazo del alma», compuesto por doce canciones que resumen su sentir comunitario.
  • Desafíos de la independencia: Gestionan sus propias fechas y grabaciones, enfrentando la incertidumbre del circuito musical actual y adaptándose a plataformas digitales como Spotify para llegar a nuevos públicos.

La Fragua nació hace casi una década a partir de las guitarreadas entre Pablo Caracach y Mauricio Barrera Pereira, ambos integrantes del Coro Polifónico Municipal de Unquillo. De esta manera, lo que comenzó como una reunión entre amigos devino en un grupo musical cuando las canciones empezaron a repetirse. 

Para su primera presentación, en una peña de La Minerita, se sumó Gabriela Capdevila en percusión, y poco después se incorporó Constanza Estevan, cuya voz y experiencia en los coros locales completaron la formación definitiva. Para el nombre eligieron “La Fragua” como metáfora del proceso creativo: un espacio donde el metal se calienta, se trabaja y toma forma. 

Así funcionan también sus canciones, todas de autoría colectiva. Cada integrante aporta y entre todos moldean el resultado final. Hoy, mientras atraviesan la etapa de presentación y difusión de su disco “Abrazo del alma”, reconocen que ese concepto resume su identidad. 

“Grabamos lo que nos gusta y lo que sentimos que nos representa, y hay un hilo conductor muy claro: el abrazo a nuestra comunidad”, sostienen desde la banda. Ese gesto íntimo, sensible y comunitario funciona como núcleo de las doce canciones del álbum. “Somos muy unquillenses”, agrega el grupo. 

No es casual que muchas de sus canciones aludan a Unquillo, el territorio que los aunó. Ese arraigo, sumado a la raíz folclórica de sus composiciones y a la fuerza del trabajo colectivo, constituye el corazón de la propuesta.

La Fragua integra el paisaje y la vida comunitaria de Unquillo en cada una de sus composiciones, defendiendo un folclore de raíz propia. Foto gentileza.

El Milenio: ¿Cómo hacen para distinguirse y tener un estilo propio?

Pablo Caracach: La base de nuestro estilo son la chacarera y la samba, ritmos que disfrutamos tocar y que también invitan a la gente a levantarse y a bailar. Para nosotros, la marca propia está muy ligada al baile, siempre buscamos generar esa conexión entre música y danza. El folclore es lo que pasa entre quien toca y quien baila. Y creemos que esa energía, ese ida y vuelta con el público, es una de nuestras características principales. Con el tiempo también fuimos volcándonos por completo a las composiciones propias. Eso nos da un sello personal muy fuerte, porque cada canción nace de nuestras experiencias, de nuestros paisajes y la manera en que trabajamos colectivamente. Creo que ahí está nuestra distinción: en hacer un folclore que respeta la tradición, pero desde nuestra mirada y nuestro territorio.

EM: ¿Cómo es el proceso de composición y qué temáticas buscan abordar? ¿Con qué criterio seleccionan su repertorio?

Gabriela Capdevila: Nuestro proceso de creación es muy lindo y, la verdad, bastante terapéutico. Cada uno escribe desde lo que siente y después lo trabajamos entre todos: alguien trae una letra, otro una melodía, y ahí empieza la “fragua”, donde cada integrante aporta lo suyo hasta que la canción toma forma. 

Somos muy paisajistas y nos inspira muchísimo lo que vemos: el verde, las sierras, los animales, el silencio. También compartimos un compromiso ambiental muy fuerte, muchas veces desde la preocupación, pero también desde la esperanza. En cuanto al repertorio, hoy es casi exclusivamente propio. Elegimos lo que más nos representa, lo que mejor suena en conjunto y lo que sentimos que conecta con el público.

Con el lanzamiento de «Abrazo del alma», el grupo celebra diez años de trayectoria independiente y presentaciones en escenarios como Cosquín y Buenos Aires. Foto gentileza.

EM: ¿Qué papel cumple la conciencia ambiental en el proyecto? 

GC: Es un tema central. Nos atraviesa como personas y como grupo. Es algo que sentimos muy fuerte porque vivimos en un lugar hermoso, pero también frágil, donde los impactos ambientales se ven todos los días. Nuestras canciones hablan de eso, de la conciencia que necesitamos como sociedad y del vínculo que tenemos con la naturaleza que nos rodea. 

Y lamentablemente, nos tocó vivir una situación de censura por expresar esa postura en un festival mientras cantábamos “Somos semillas”, una chacarera nuestra, contestataria en algunos pasajes, sobre todo en los recitados entre estrofas, donde decimos las cosas tal cual las sentimos. Y parece que eso no cayó bien, porque nos bajaron del escenario a los 15 minutos de empezar. Lo positivo es que después de esto la canción empezó a circular y mucha gente quiso escucharla justamente por lo que había pasado. Fue un poco como renacer.

EM: ¿Qué cambios se dieron a lo largo de estos años en La Fragua? ¿Cómo se fueron adecuando al paso del tiempo y a los nuevos hábitos de consumo musical?

PC: A lo largo de estos años La Fragua fue cambiando mucho, sobre todo en cómo nos relacionamos con la música y con la manera de difundir lo que hacemos. Cuando empezamos, todavía estaba muy presente el CD físico. Hoy eso cambió completamente, y quienes más nos empujaron a adaptarnos fueron Constanza y Mauricio, que son más jóvenes y están metidos en el mundo digital. Muchas veces yo digo “¿y el CD?” y ellos me responden “ya está en Spotify”. Si bien seguimos fieles a nuestra esencia, entendimos que teníamos que estar presentes en plataformas y llegando a la gente desde otros lugares. Todo eso hizo que el grupo se fuera transformando, sin perder lo que somos, pero adaptándonos a los tiempos que corren.

«Somos semillas»: La chacarera que se volvió un emblema de resistencia para la banda tras enfrentar la censura por su mensaje ambiental. Foto gentileza.

EM: ¿Cuáles son los desafíos de ser músicos independientes hoy? ¿Qué consideran logros y qué metas tienen por delante?

GC: Ser músicos independientes implica que todo lo gestionamos nosotros: desde conseguir fechas hasta organizar cada detalle técnico y de difusión. Uno de los desafíos más grandes es esperar oportunidades para tocar; vivimos en esa incertidumbre constante. Y sabemos que hoy es prácticamente imposible vivir de la música, así que lo que hacemos es una pasión más que un oficio sostenible. 

Además, grabar es costoso y todo lo afrontamos nosotros. Por eso haber sacado nuestro disco “Abrazo del alma” fue un logro enorme. Nos llevó mucha previa, mucho trabajo, varias etapas y bastante tiempo hasta poder concretarlo. Lo grabamos en el estudio de Israel Sax y lo terminamos de editar y masterizar en Aural Sounds con Matías Romero Acuña. No hay una ganancia económica detrás; la retribución es emocional.

Asimismo, haber salido de la provincia también lo valoramos mucho: tocar en Buenos Aires o presentarnos en peñas de Cosquín, son experiencias que nos marcaron, sobre todo porque siempre vamos con nuestras propias canciones. Eso implica hacer un trabajo previo para “ablandar” al público, para que escuche algo que no conoce.

En cuanto a los pendientes, queremos grabar “Somos semillas”, porque se volvió un tema muy pedido y hoy solo está registrado en una grabación que hicimos para la radio. 


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