4 abril, 2026

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Inteligencias artificiales: ¿Aliados o enemigos del aprendizaje?

La IA se consolida en las aulas a través de herramientas como ChatGPT, Grok y Gemini, reabriendo el debate sobre su rol en la educación. Mientras algunos piden su erradicación, otros abogan por una adaptación con reglas claras. Para entender cómo esta tecnología afecta el proceso de aprendizaje y las habilidades cognitivas de los estudiantes, El Milenio consultó al psicólogo y docente universitario Diego Tachella.

SOCIEDAD

Por: Morena Torres, Martina Reinaldi y Geraldine Canovas 6° IENM; Mateo Pensa y Lorenzo Ibarra 6° IMVA.


A finales de 2024, la UNESCO emitió un comunicado que subraya la rápida integración de las herramientas de inteligencia artificial (IA) en los sistemas educativos de todo el mundo. Hoy, aunque este avance tecnológico es visto con optimismo, aún persisten preguntas cruciales sobre su correcta implementación en las aulas y su impacto en el proceso de aprendizaje.

Interrogantes como la fiabilidad de la información generada por una plataforma, la posible pérdida de la capacidad de interpretar y crear, y el debatido uso de celulares en las aulas son cuestiones que ya forman parte del día a día de miles de estudiantes y docentes. Y si bien las respuestas definitivas llegarán con los años, es fundamental poner el tema sobre la mesa y analizar sus implicancias.

Para abordar esta nueva realidad, El Milenio dialogó con el docente universitario y psicólogo Diego Tachella, con el objetivo de profundizar en los alcances de la tecnología en el ámbito educativo y comprender de qué forma su uso puede afectar. 

El Milenio: ¿Cómo influye la inteligencia artificial en el desarrollo de nuestras capacidades cognitivas?

Diego Tachella: La inteligencia artificial nos ofrece muchas facilidades en el procesamiento de información, pero también puede delegar ciertas partes de este proceso. Mientras que los seres humanos procesamos la información a través de los sentidos, filtrándola con nuestra memoria, prejuicios y sesgos, la IA nos presenta la información de manera ordenada. Esto puede llevar a que dejemos de usar algunas de nuestras propias capacidades y habilidades, delegándolas en la IA.

En ese sentido, más que “perder” habilidades, es un “dejarlas de usarlas”. Un ejemplo es el uso del GPS: si bien nos guía, no aprendemos el camino, lo que va empobreciendo nuestra capacidad de orientación a la larga. Por eso es importante “entrenar” nuestro pensamiento crítico y cuestionar la información y las sugerencias que nos brinda la IA, en lugar de aceptarlas pasivamente. El «sedentarismo cognitivo» es un problema potencial si no ejercitamos nuestras capacidades mentales a diario con pequeñas tareas.

EM: ¿Qué riesgos conlleva el uso excesivo y no crítico de la tecnología?

DT: El uso excesivo y no crítico de la tecnología, en particular los celulares, conlleva riesgos como la distracción constante, la procrastinación y la atrofia de capacidades cognitivas si se delegan tareas simples que deberíamos realizar nosotros mismos.

Los dispositivos están diseñados para retener nuestra atención, explotando vulnerabilidades como la necesidad de aprobación (ej. el «me gusta» en redes sociales) y generando dopamina que puede llevar a comportamientos adictivos.

La facilidad para crear y difundir «fake news» y «deep fakes» también es un riesgo considerable, ya que aumenta la desinformación y hace más difícil el control de datos. Además, la falta de autonomía y autorregulación en el uso de estas herramientas puede llevarnos a depender de ellas incluso cuando no es necesario, es como usar muletas sin una pierna rota, lo que puede atrofiar nuestras propias habilidades por el simple hecho de ser más cómodo.

EM: ¿Cuál es el grupo más vulnerable al uso problemático?

DT: Si bien es difícil generalizar sobre un «grupo» específico, los niños menores de 10-12 años son considerados los más vulnerables. Esto se debe a que, a diferencia de los «migrantes digitales» (adultos que no nacieron en la era digital y aprendieron tanto lenguaje el analógico como el digital), los «nativos digitales» a menudo carecen de la comprensión instrumental de la tecnología.

Aunque manejan bien videos, audios y streaming, no necesariamente saben usar herramientas digitales complejas como Word con todas sus funciones. Introducir la IA como un reemplazo en esta etapa formativa puede ser perjudicial. Además, existe una generación intermedia (entre 35 y 55 años) que es más consciente de los riesgos y peligros de la dependencia tecnológica, mientras que las generaciones más jóvenes que crecieron con ella pueden no percibirlos como tal. Por otro lado, los mayores de 60 años pueden subestimar su impacto.

EM: ¿Debería haber una legislación sobre el uso de celulares y la inteligencia artificial en el ámbito educativo?

DT: Sí, creo que es necesaria una legislación muy específica, trabajada y discutida sobre el uso de celulares y la inteligencia artificial en el ámbito educativo. Aunque es imposible frenar el avance de la tecnología, es crucial establecer directrices claras sobre cómo y para qué se deben usar estas herramientas. 

Por ejemplo, el celular en el aula es visto como una distracción importante para docentes y estudiantes, por lo que no hay nada de malo en guardarlos en una caja al entrar y usarlos solo en el recreo. Esto ayudaría a los estudiantes a tolerar la frustración y a desarrollar un pensamiento crítico. 

De hecho, una legislación brindaría un respaldo a las instituciones educativas y a los docentes para implementar estas normas, evitando conflictos con padres y alumnos que perciben el acceso al celular como un «derecho adquirido». Además, es fundamental que la educación digital integral, incluyendo la responsabilidad y la autonomía en el uso de la tecnología, forme parte de la currícula escolar.

EM: ¿Podemos usar la IA creativamente?

DT: Absolutamente. Si bien hasta el momento, las IAs generativas no son inherentemente creativas en el sentido humano porque operan mediante modelos estadísticos, generando contenido basado en lo que es más probable que aparezca según los datos previos que han procesado; sí podemos utilizarlas así.

La IA puede servir como un disparador para nuestro propio proceso creativo, ayudándonos a superar obstáculos, como generar bocetos o ideas iniciales o explorar diferentes enfoques. Por ejemplo, puede inspirarnos a idear soluciones innovadoras (como crear un bot que simule ser un paciente). La clave está en usar la IA como una herramienta de apoyo, no como un reemplazo, y siempre con una intención de uso y una comprensión clara de lo que queremos lograr.


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