2 abril, 2026

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Fernando Bladys: La leyenda viva del cuarteto dorado

Voz icónica del género en los años 80, Fernando Bladys fusionó el rock con la música popular cordobesa y dejó una huella que aún inspira a nuevas generaciones. De su paso por Chébere a su carrera solista, repasó el impacto del estilo que definió una época y anunció un nuevo disco.

CULTURA

  • Por: Federico Terzian, Santino Soler, Pedro Canavosio, Lucio Servetti y Tomás Argüello 4° IENM; Ciro Frontoni, Sofía Bono, Lucas Guzmán y María del Mar Manrique 4° IMVA.

La voz de Fernando Bladys es un emblema indiscutible del cuarteto de los 80, época dorada del género. Hoy, con 68 años, aunque continúa presentándose en los escenarios, su ritmo de vida es otro, tras décadas con la música como protagonista de su vida.

Su recorrido se remonta a los tres años, cuando empezó a cantar. A los cuatro, con una guitarra que apenas entendía, ya experimentaba acordes propios. “No existían, yo hacía ruidos”, recordó entre risas. Fue un tío quien le regaló un libro llamado Tarquino, donde encontró por primera vez los diagramas reales de acordes. Más tarde, inició con la interpretación de temas melódicos. Al respecto, rememoró: “Fue medio a escondidas, cuando mi papá se iba a trabajar, porque a él le gustaba el folklore, no se podía consensuar”.

Luego, fue momento de componer y la creatividad aparecía incluso mientras dormía: “Soñaba las letras, soñaba las canciones -contó-. Me despertaba rápido, buscaba una lapicera y escribía lo que me acordaba”

Sin embargo, su camino hacia el éxito no fue lineal. Durante mucho tiempo vivió en situación de calle, tanto en Córdoba como en Buenos Aires. “Dormía con un ojo, porque te robaban”, relató. Fue en esa etapa cuando un colega lo encontró y lo llevó “casi a la fuerza”en sus palabras– a una pensión. Allí, después de mucho tiempo, volvió a tener un techo.

Posteriormente, con una guitarra Yamaha de 12 cuerdas, que había comprado con el dinero de un único show, Bladys se abrió paso en diversos bares, tocando rock. Fue en ese circuito donde su nombre —en ese entonces, Fernando Gallit— comenzó a sonar, hasta que llegó a los oídos de Chébere, icónica banda de tunga tunga.

“Estaban buscando un cantante, se había ido Pelusa y la banda se venía abajo”, recordó. Y añadió que “el salto al cuarteto no fue sencillo”. “Los rockeros cuando me veían caminando por la misma vereda, se bajaban a la calle. Era como una traición total. Igualmente necesitaba el trabajo y asumí el riesgo”, contó.

Hasta el momento, Bladys cuenta con 27 discos, de los cuales ha compuesto gran parte de las canciones.

El Milenio: ¿Cómo construiste tu identidad musical y qué elementos considerás que te distinguen en el género? 

Fernando Bladys: Cuando entré a Chébere me probaron con canciones que eran de cuarteto y me pidieron que cantara algo de lo que yo hacía. Se dieron cuenta automáticamente que lo mío era el rock nacional. Entonces, ellos comenzaron a hacer un cuarteto que tuviera algo de rock. Hoy, si van a escuchar un show mío, es una banda de rock haciendo cuarteto, donde se pasa por el pop, el techno y la música clásica. Hay muchos arreglos de música clásica de mi hijo, que tiene 37 años y hace 15 años hace mi música.

EM: ¿Qué papel jugó el público en tu trayectoria y a qué le atribuís la permanencia en el mundo del cuarteto?

FB: Obviamente que el público tuvo mucho que ver. Me quedé en Chébere porque la gente me comenzó a hacer ganar desde el primer día, sin siquiera saber quién era. No me hubiese quedado más de 10 días si la gente no me hubiese ovacionado, porque obviamente hubiese pensado que mi música y mi modo de cantar no les gustaba. Aparte yo soy difónico, nunca sé cómo va a estar mi voz hasta que subo al escenario y comienzo a cantar el primer tema. Nunca consideré que mi voz fuera buena ni apta para cantar y hace 45 años que lo hago. Cada tanto, voy al médico por chequeos y me dice: «¿Cómo hacés para cantar? porque tus cuerdas vocales no están en condiciones».


EM:¿Cuál considerás que fue el momento más importante de tu carrera? 

FB: Me llamaron para cantar con la Sinfónica, para que yo pudiera presentar mis canciones. No lo dimensiono todavía, tener 50 músicos detrás no es lo mismo que tener siete. Eso me lo pidieron el año pasado, en abril,  para cerrar el año 2024. Yo me quedé pensando, porque como que no pega el cuarteto con la sinfónica. La música sinfónica es el mejor género, el más alto de la música. Se trata de algo celestial, no se puede comparar con nada, y me tocó. Llegó octubre y empezamos a trabajar sobre los temas. El mismo día que hicimos el primer show, tuvimos que decidir hacer otro enseguida, porque quedó gente afuera. 


EM: ¿De qué manera creés que tu estilo influyó en nuevas generaciones de cantantes de cuarteto? 

FB: Todas las bandas que aparecieron después de Fernando Bladys y Chèbere, trataron de emularnos. Por ejemplo, La Barra, una banda excelente, también Sabroso. Muchísimas bandas trataron de crearse de esa manera ¿Y cuál era el motivo? La potencia que yo tenía, los agudos, una onda muy rock, eso es lo que querían ellos que en esa época funcionaba bien.

EM: ¿Estás pensando en retirarte de la música hoy en día?

FB: Sí, yo nunca he disfrutado de la música y la música es tan linda. He sido tan importante como la Mona Jiménez, en mi época con Chébere, pero no logré disfrutar después, sobre todo porque nunca sé cómo voy a estar al momento de un baile.
Ahora, estoy terminando un disco que tiene 21 canciones, que produjo mi hijo, Axel Gatica. Él escogió las 21 canciones más importantes de la historia de la música, en inglés y castellano, para cantarlas a mi manera. 


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